En enero de 1968, el semanario inglés Melody Maker publicaba una noticia que causó mucha expectación: la posible organización de un festival llamado First World Festival Of Jazz and Popular Music, que coloquialmente se conocería como festival Música 68. Iba a tener lugar del 22 al 27 de julio en la Plaza de Toros de Palma, con un aforo para 17.500 personas. El historiador Tomeu Canyelles ofrece los detalles en la tesis doctoral Nous estils musicals i canvis socials a Mallorca: 1960-1975. “Detrás de la organización había una promotora inglesa llamada Music Festival Productions que, asociada a los músicos Ronnie Scott y Peter King, puso en marcha la idea de hacer en la isla un espectáculo musical de grandes dimensiones”.Última Hora fue el primer diario local que se hizo eco de aquel rumor. Especulaba que al festival participarían “estrellas británicas, francesas, españolas, alemanas y norteamericanas”. Más adelante, con información procedente de Londres, ya publicaba algunos nombres del cartel: Donovan, Scott Mckenzie, Jimmi Hendrix, Peret, Rita Pavone, Tom Jones, Ray Charles, Ella Fitzgerald y los grupos Los Bravos, The Animals y The Byrds. El montaje escénico incluía un set de filmación para vender después las cintas a diversas televisiones mundiales.A mediados de junio, un mes antes del evento, Última Hora informaba que los organizadores habían desaparecido del mapa. “En un clima de absoluto silencio –afirma el historiador–, la promotora Music Festival Productions dio marcha atrás y ninguno de los periodistas o cronistas de la época recuerdan la razón exacta por la que no se llevó a cabo este gran festival. Existe la posibilidad de que el presupuesto se les hubiera ido de las manos o, simplemente, que se intuyera que no sería rentable”.A pesar del fracaso de aquella iniciativa, la Mallorca del boom turístico no dejaría de utilizar la música como herramienta de promoción. En 1972 Mallorca y Eivissa acogieron la grabación del famoso videoclip Un beso y una flor del cantante valenciano Nino Bravo. En 1978 la diva italiana Raffaela Carrà se dividió entre Mallorca y Menorca para filmar su hit Hay que venir al sur. Ese mismo año Menorca también sirvió de plató para el rodaje de dos canciones del momento: Summer Love, de Phil Trim, de Trinidad y Tobago, y Paquito Eche, del francés Georgie Dann.La música clásica sería igualmente un reclamo turístico importante. En 1962 se puso en marcha el Festival de Pollença, promovido por el violinista inglés Philip Newman, un huésped incondicional del pueblo. En 1964 otro artista enamorado de la sierra de Tramuntana, el pintor catalán Josep Coll Bardolet, impulsó el concierto en el torrente de Pareis. El 3 de septiembre de 1969 el empresario de Inca de los zapatos Marc Ferragut Fluxà inauguraba en Palma el Auditòrium. Para la ocasión, la Orquesta Filarmónica de Berlín tocó bajo la batuta del prestigioso director austriaco Herbert Von Karajan. En 1979 los músicos ingleses Patrick Meadows y Stephanie Shepard dieron el pistoletazo de salida al Festival Internacional de Deià. Y en 1981 se reactivó el Festival Chopin de Valldemossa, que en 1930 había promovido el compositor palmesano Joan Maria Thomàs.
De ‘Me lo dijo Pérez’ a ‘El Puente’: las canciones turísticas que proyectaron Mallorca al mundo
Impulsado por el Fomento de Turismo en 1964, el Festival Internacional de Canción de Mallorca convirtió la música en un gran escaparate publicitario de la isla y popularizó temas como ‘Paradise of Love’, ‘Vuelo 502’ y ‘El turista 1.999.999’.
PalmaEn Mallorca, uno de los grandes aliados del boom del turismo fueron las llamadas canciones turísticas. Las letras elogiaban las maravillas paisajísticas de la isla. La semilla ya fue sembrada en los años 40 del siglo XX por el músico palmesano Pere Bonet Mir (1917-2002), más conocido como Bonet de Sant Pere y profesionalmente Bonet de San Pedro. En plena posguerra, en la canción Bajo el cielo de Palma, clamaba a los cuatro vientos “paisajes lindos tiene Mallorca”. La misma temática trataría en Un viejo hogar en la isla, Juntito al mar, Cala d’Or y Canto a Mallorca. Estas composiciones totalmente ingenuas contrastaban con el famoso tema Raska-yú, que en 1943 el artista isleño escribió como parodia de la muerte en tiempos de mucha miseria (el franquismo llegó a censurarla, porque sospechaba que contenía una crítica implícita a la dictadura).
Las canciones turísticas de Bonet de Sant Pere fueron las que en 1950 dieron la bienvenida a cientos de novios, peninsulares y extranjeros, que llegaron a la isla gracias a la campaña ‘Luna de miel en Mallorca’. La iniciativa había nacido del Fomento de Turismo de Mallorca para relanzar la industria de sol y playa después del traspié de la Segunda Guerra Mundial. A principios de los 60 aparecerían nuevas letras dedicadas a la isla. En 1961 la cantante granadina Gelu recordaba un amor de verano en En Palma de Mallorca. Y en 1963, después de actuar en Santa Margalida, el hispanoargentino Luis Aguilé compuso la exitosa canción Santa Margarita. “España tiene a Mallorca –decía–, Mallorca tiene una santa que se llama Margarita. ¿Quién no ha pasado una noche bonita en Santa Margarita, en Santa Margarita? ¿Y quién no ha visto una chica bonita en Santa Margarita, en Santa Margarita?”.
El boom turístico también propiciaría el nacimiento de bandas de música mallorquinas que tocaban en los hoteles –algunos darían el salto a la Península y al extranjero. Destacaron, entre otras, Los Javaloyas, Los Bravos, Los Beta, Los 5 del Este, Z-66 y Els Valldemossa, de los hermanos Estaràs. Mezclaban canciones propias con hits internacionales del momento como Yesterday y Yellow Submarine de los Beatles y Satisfaction de los Rolling Stones. Fuera de los hoteles, Palma se llenaría de discotecas concebidas para atraer al turismo joven de Europa. Los reyes de la noche fueron Tagomago (1964), Sgt. Peppers (1968) y Barbarela (1969).
“Cada día es fiesta en Mallorca”
En 1964, consciente de la importancia de la música como herramienta de promoción, el Fomento de Turismo impulsó el Festival Internacional de Canción de Mallorca. Venía precedido por el éxito de la organización el año anterior del Festival Mundial de la Elegancia y la Belleza para la elección de Miss Naciones Unidas. Aquel certamen musical estaba en sintonía con otros de referencia mundial como el de San Remo en Italia (1951), el de Eurovisión (1956), el de Benidorm (1959) y el de la Canción Mediterránea de Barcelona (1959). El de Mallorca, sin embargo, se diferenció de los otros por una cláusula especial: cualquier composición participante debía “difundir y popularizar el nombre de la isla, evocar Mallorca a través de una canción”.
Entre el 7 y el 11 de julio de 1964 el hotel Cristina de Palma acogió la primera edición del Festival Internacional de Canción de Mallorca. Los presentadores eran José Luis Uribarri e Irene Mir. Les acompañaba el músico norteamericano Andy Russell, que fue el encargado de dirigirse en inglés a las televisiones extranjeras. Se presentaron un total de 496 canciones, de las cuales se seleccionaron 20, representativas de países tan diversos como Argentina, Irlanda, Francia y Grecia. El tema ganador fue Quand Palma chantait, de la pareja francesa formada por Frida Boccara y Luis Recatero. Hasta el momento de la actuación ninguno de los dos había visitado la isla. En el libro Paradise of Love o la isla imaginada (Edicions Documenta Balear, 2012), el musicólogo Francesc Vicens recuerda las palabras que dijeron al recoger el premio: “Todo el mundo conoce Palma y no todo el mundo ha estado aquí. La conocemos por lo que habíamos visto en fotos y leído en libros y por lo que nos habían contado muchísimos amigos”.
A pesar de no recibir ningún galardón, la canción más recordada de aquella primera edición de 1964 fue Paradise of Love. Escrita por Bernat Pomar, fue interpretada en castellano e inglés por Los Javaloyas. “Cada día –decía la tonada– es fiesta en Mallorca”. Fue una tónica habithttps://www.youtube.com/watch?v=InFZ6Ad4C1Q&list=RDInFZ6Ad4C1Q&start_radio=1ual que las composiciones con más repercusión del festival no fueran las ganadoras. En 1965 el público se entusiasmó con Me lo dijo Pérez, de Karina. A pesar del éxito, la letra fue muy criticada por ser frívola y superficial. Se decían cosas como: “Me lo dijo Pérez, que estuvo en Mallorca, que allí la alegría, de noche y de día, nunca tiene fin. Si vieras, me dijo, que lindas muchachas que aman en la playa jugando en el mar”.
‘El turista 1.999.999’
En 1966 Vuelo 502, del grupo Los 4 de la Torre, se llevó gran parte de los aplausos. “Poco nos falta ya –proclamaba–, para poder divisar la tierra que puso Dios”. En 1967 la pieza más aclamada fue El turista 1.999.999, de Los Stop. Hablaba de la pena que sentía el turista que había quedado a las puertas de ser el visitante número 2.000.000. En 1968 la ovación fue para El Puente, en que Los Mismos aseguraban que “si construyeran un puente desde Valencia hasta Mallorca, será maravilloso viajar hasta Mallorca sin necesidad de tomar el barco o el avión, solo caminando, en bicicleta o autostop”. En aquella edición, en segundo lugar quedó una canción en catalán y que excepcionalmente no hablaba de las bondades de Mallorca. Fue M’és ben igual, del manacorí Antoni Perera Fons.
En 1970 tuvo lugar la sexta y última edición del Festival Internacional de Canción de Mallorca. La historiadora Margalida Pujals Mas explica los motivos en el libro Oci als anys seixanta. Música, cançó i sales de festa (Edicions Cort, 2002): “El público pronto se dio cuenta de que los resultados estaban pactados, de que las canciones no tenían la calidad mínima para participar en un festival y de que, en definitiva, aquello era más un espectáculo mediático que un acontecimiento musical. Se cayó en una monotonía que aburrió incluso a los organizadores. Año tras año se repetían los mismos presentadores, los guiones de las galas eran casi repetidos y no se respetaba la opinión del público, que en algunos casos acogió con silbidos la decisión del jurado”. En 1975 se quiso resucitar el antiguo certamen con un nombre nuevo, Musical Mallorca. La iniciativa, con epicentro en el Auditòrium de Palma, debía servir para recuperar la isla como destino turístico después de la crisis internacional del petróleo de 1973. Financiada por RTVE y presentada también por José Luis Uribarri, solo duraría tres convocatorias. En la última participó la diva italiana Raffaela Carrà con su mítica canción Hay que venir al sur.
‘Disco-recuerdo’
El Festival Internacional de Canción de Mallorca marcaría la vida de uno de los participantes de la primera edición, el músico leonés Miguel Aller, que quedó eliminado en la primera ronda. El historiador Tomeu Canyelles habla de ello en la tesis doctoral que presentó en 2013 en la UIB con el título Nous estils musicals i canvis socials a Mallorca: 1960-1975. “Aller salió con dos lecciones aprendidas: la primera, el importante negocio que existía alrededor de los diferentes sellos discográficos que, aprovechando la gran difusión de aquel concurso, consiguieron un considerable margen de beneficios editando las canciones que participaban. La segunda, la carencia de unos estudios de grabación en la isla en un momento en que aparecía una importantísima cantidad de grupos musicales destinados a amenizar las noches de incontables night-clubs, salas de fiestas, discotecas o cualquier infraestructura turística”.
En 1965, Aller, a 39 años, ya abría en la calle de Sant Jaume de Palma la sede de la primera discográfica de las Baleares, Fonal. El nuevo sello permitió a los grupos isleños no tener que desplazarse a la Península para grabar sus discos. Aller entendía la música como un negocio basado en un 50% en la calidad y un otro 50% en la comercialidad. Su producto estrella fue el ‘disco-souvenir’. Contenía ‘canciones toponímicas’ que evocaban la felicidad del verano mallorquín en un rincón concreto y que los turistas compraban en el mismo hotel. Así surgieron discos como Can Picafort, Son Vida, El Arenal, Cala Millor, Magalluf y Cala Mayor.
La música en catalán fue testimonial en Fonal. Se priorizaron temas castellanos de pasodobles, fandangos y flamenco y éxitos del momento como Un rayo de sol, Limón limonero, Guantanamera, Prorrompomero, Cuando salí de Cuba, Vivo cantando y La bamba. Igualmente habría recopilatorios en forma de LP bajo el título Vacaciones en Mallorca y Vacaciones en España. “Las vistosas portadas –apunta Canyelles– eran todo un cúmulo de clichés de aquella Mallorca dorada: hoteles en primera línea de playa, atractivas bañistas en bikini a la orilla del mar, imágenes nocturnas de la Seu...”. Fonal tuvo un éxito abrumador. Despachaba tiradas de copias de discos de 50.000 en 50.000. En 1973 se transformaría en Maller. Como herramienta de promoción turística, hoy la música ha quedado totalmente desbancada por Instagram.