Cómo era Antoni Vidal Ferrando, según su hija: "Si juega el Barça, para él todo queda en un segundo plano"

Antònia Vidal, hija del escritor, nos explica sus secretos mejor guardados

El escritor Antoni Vidal Ferrando de joven.
28/06/2026
3 min

PalmaEs sabido que fue amigo de los escritores Blai Bonet, Bernat Vidal i Tomàs y Jaume Pomar; también del matrimonio que formaban Maria Antònia Oliver y Jaume Fuster – este último, por cierto, le enseñó las primeras nociones de informática. Nació en el año 1945 en Santanyí, tierra de escritores. Y el protagonista de estas líneas no es una excepción: Antoni Vidal Ferrando, poeta, narrador e historiador. Cuenta su historia la hija mayor del escritor, Antònia. Tiene otro hijo, Andreu.

Su madre era bordadora y su padre, marinero. Era hijo único y, como su padre pasaba largas temporadas embarcado, se crió rodeado de mujeres: su madre, las tías y el resto de la familia. Quizás es el hecho de haberse criado con tantas mujeres, dice la hija, que le ha “otorgado una sensibilidad muy especial, muy marcada también por las emociones que se vivían en casa”. Y dice que el poeta, todavía ahora, recuerda especialmente “la añoranza que sentía la abuela cuando el abuelo marinero estaba fuera”.

De los primeros recuerdos que tiene Antonia de su padre, y de los más vivos, era cuando le contaba historias con una pequeña cesta: Esclaramunda. De mayor, su imagen es otra: la de un hombre que “siempre estudiaba o leía, encerrado en el despacho”. También el aspecto: con bigote, gafas de pasta y un tupé –aunque, cuando Antonia nació, “¡ya empezaba a clarear!”. Vidal Ferrando ha sido maestro: “Estudió Magisterio y, cuando yo ya había nacido –en el año 1973–, todavía cursó Historia. Siempre ha tenido una pasión enorme por aprender”. El poeta sentía, según la hija, “auténtica vocación por su trabajo de maestro”. De hecho, los dos hijos fueron alumnos suyos. “Como maestro era muy parecido a lo que ha sido siempre como padre: una persona recta, con principios muy claros, con sentido moral, empatía y afecto. No era nada autoritario, pero sí exigente”.

Más allá de aprender y enseñar, y evidentemente el oficio de escribir, Antoni Vidal Ferrando ha tenido durante toda la vida otras aficiones, como la pesca, el baile de salón, el fútbol y la radio. “Siempre le ha gustado mucho pescar. En familia, pasamos algunos veranos en la Colònia de Sant Jordi y tenía allí un bote. Pasaba muchas horas. El resto de la familia nos mareábamos todos encima de la barca. Pero hacíamos alguna cena en el bote las noches de luna y era muy bonito”.

Otra gran afición del poeta es el baile de salón, que aprendió con una tía suya, Marina. “Lo sacó mucho a pasear cuando era pequeño. Todavía hoy, si en el local social hay baile, no se lo pierde”. Y tampoco se pierde ningún partido del Barça: “Es muy futbolero. De joven iba a ver jugar al Ses Salines y al Santanyí, pero si juega el Barça, todo pasa a un segundo plano”, cuenta Antonia.

Un recuerdo bien nítido que tiene Antonia es que en casa del escritor siempre tenía encendida la radio: “Iba a todas partes con un transistor: se lo llevaba al despacho, al baño cuando se duchaba e incluso a la cama. De hecho, tardamos bastante en tener un televisor en color”, dice. Aparte de las noticias, escuchaba emisoras que ponían música, y dice que le gustan especialmente “los boleros y la salsa, aunque también escucha música clásica y tiene una colección importante”.

Como hecho impactante, recuerda que el día del golpe de estado del 23-F, en el año 1982, Vidal Ferrando no soltó el transistor: “Nosotros estábamos con mi madre en casa de los abuelos y nos llamó para que volviéramos inmediatamente a casa. No sabía bien qué pasaba, pero intuía que era una situación muy grave y se asustó mucho”, narra la hija.

El amor es el gran motor vital del escritor. Nunca deja escapar la oportunidad de alabar a Rosa, la mujer de quien se enamoró cuando la vio paseando por Santanyí, donde el padre de ella, que era guardia civil, se retiró. “Ha sido siempre un hombre muy enamorado”, dice Antònia. Desde hace unos años, sin embargo, le han robado el corazón sus nietas. “Ha disfrutado mucho, y aún ahora, de hacer de abuelo. Son su vida”.

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