Memoria

Los informes que reconstruyen la sociedad que el franquismo destruyó en las Baleares

El coordinador de los trabajos, Jaume Claret, reivindica una colección que va más allá de las exhumaciones y documenta la represión, las víctimas, los refugios, el tejido asociativo y las conexiones de las Islas con la Guerra Civil y el fascismo europeo

Como siempre a final del mes de mayo, este año también se celebra un acto conmemorativo de la inauguración del monumento.
11/07/2026
5 min

PalmaCuando se adjudicó el contrato del IV Plan de fosas a las empresas de arqueología Atics y Aranzadi, fueron sus representantes, Cesc Busquets y Almudena García, respectivamente, quienes propusieron al historiador Jaume Claret que coordinara la veintena de informes que el Gobierno había encargado sobre la memoria democrática que destruyó el franquismo. Así, Claret asumió un reto gigantesco y comenzó a seleccionar a los investigadores más idóneos para cada estudio, “algunos ya venían dados, porque eran las personas que ya habían estado trabajando y en otros casos sí que era mi trabajo pensar quién podía hacerlo mejor”, apunta. “Comencé a coordinar su elaboración y a velar porque todos los trabajos mantuvieran unos mismos criterios científicos y formales”, añade.

La premisa era sencilla: que cada tema fuera desarrollado por quien mejor lo conocía. Por eso se combinaron historiadores con una larga trayectoria investigadora con especialistas que ya hacían investigación muy concreta sobre determinados ámbitos. Entre los nombres había David Ginard, Manuel Aguilera, Margalida Roig, Antoni Janer y Guillem Mir. También se incorporó la psicóloga Anna Miñarro, quien ya trabajaba en esta cuestión, para elaborar el informe sobre el trauma y la memoria en Mallorca.

Claret explica que su trabajo consistía en distribuir los encargos, controlar los plazos y garantizar una cierta homogeneidad. La mayoría de los informes los elaboraban una o dos personas —nunca más de tres— y todos debían tener formato de informe científico, para que pudieran ser validados posteriormente por la Comisión Técnica de Fosas. Además, algunos de estos trabajos no debían quedar solo como publicaciones académicas. También debían servir de base para que los equipos de museografía pudieran transformarlos en futuras exposiciones divulgativas.

Un año parados

Por eso considera especialmente positiva la publicación de los estudios después de que hayan estado más de un año retenidos. Explica que el retraso no se debía tanto al contenido de los informes como a la voluntad de que todos se publicaran conjuntamente. El censo de víctimas, uno de los trabajos más complejos, retrasó el calendario y considera que el Gobierno optó por esperar a que toda la colección estuviera acabada.

A pesar de todo, el historiador reconoce que parece mucha casualidad que el Ejecutivo haya hecho públicos los estudios horas después de que el Constitucional haya anulado la derogación de la Ley de memoria democrática y que no lo hiciera, por ejemplo, en el marco del acto de conmemoración de la aprobación de la Ley de fosas que se llevó a cabo en el Parlament hace unas semanas. “Habría sido un buen momento”, apunta. Aun así, prefiere pensar que la cronología ha sido fruto de las circunstancias y no de una decisión política deliberada: “No le veo el motivo, el trabajo se ha hecho y cuando tocaba”, comenta.

En este sentido, defiende que la Ley de fosas continúa funcionando con independencia de los debates políticos sobre la memoria democrática. Recuerda que fue una norma ampliamente consensuada y que, de hecho, quien la negoció con la impulsora de la Ley, Margalida Capellà; fue la actual presidenta del Govern, Marga Prohens, cuando era diputada del Partido Popular. "Quizás esto también le hace tener cierto respeto", apunta. Igualmente destaca que las facturas pendientes de los trabajos se han acabado abonando y que las intervenciones arqueológicas han continuado con normalidad y con la visita de cargos del Govern, como la última excavación hecha en Son Servera, donde se buscaban los restos de dos milicianos. "Nunca hemos tenido ningún obstáculo", dice y considera que quien realmente tiene una obsesión con esta cuestión es Vox. "Creo que el PP de aquí tiene bastante claro que se trata de un tema de dignidad humana, más allá de cuestiones políticas", apunta.

Batalla de niños durante la Guerra Civil en Mallorca

Más allá de las fosas

Para el coordinador, uno de los grandes valores de la colección es que supera la mirada estrictamente centrada en las fosas comunes. De los 20 informes, 15 abordan aspectos muy diversos de la historia contemporánea de las Islas.

Entre los trabajos que considera más relevantes se encuentra el censo de víctimas de la Guerra Civil y la represión franquista. Destaca que, por primera vez, se dispone de una aproximación mucho más completa al número de víctimas que hubo en las Islas. "Contar las víctimas con nombres y apellidos es un paso imprescindible para dignificarlos y entender la magnitud de la represión”, apunta.

También valora el estudio sobre los lugares de memoria y de represión que identifica espacios de ejecución, prisiones y otros lugares vinculados a la violencia franquista. Considera que ofrece una visión global que hasta ahora no existía y que puede servir tanto para la investigación como para futuras políticas de memoria.

Otro de los trabajos que destaca es el censo del tejido asociativo anterior al golpe de estado de 1936, elaborado por Bartomeu Garí y Jaume Sansó. Según explica, la investigación evidencia hasta qué punto el franquismo desmanteló la vida asociativa de los pueblos mallorquines y desmonta la idea de Mallorca como la “Isla de la calma”. En municipios muy pequeños había diversos ateneos, casales, sociedades obreras y entidades culturales que desaparecieron después de la represión. “Había mucha actividad en este sentido, algunas más políticas y otras no tanto”, apunta. “El hecho de tener el Estado lejos también hacía que hubiera más iniciativas ciudadanas para tener espacios como bibliotecas”, comenta. A través de documentación dispersa —desde archivos hasta herramientas como Google Maps para localizar edificios antiguos— los investigadores han podido reconstruir este mapa.

Mapa del tejido asociativo que había en Mallorca antes de 1936.

Igualmente remarca los informes dedicados a los refugios antiaéreos de Palma y de otros municipios, donde ha participado, entre otros, Bartomeu Fiol, experto en la materia. Recuerda que prácticamente todos los pueblos disponían de refugios y que algunos eran infraestructuras sorprendentemente completas, con lavabos y depósitos de agua. Más allá del valor arquitectónico, considera que explican muy bien el impacto que tuvieron los bombardeos sobre la población civil y el miedo que se instaló en la isla, hecho que fue determinante en cuanto al posicionamiento de Mallorca hacia el bando fascista.

Una historia conectada con Europa

Los informes también muestran que la Guerra Civil y sus consecuencias en las Islas no se pueden explicar de manera aislada. Los hay que analizan la presencia de alemanes e italianos vinculados a los regímenes fascistas establecidos en Mallorca después de la Segunda Guerra Mundial, una investigación que, según avanza, incluso dará lugar a una exposición.

Otros estudios documentan los baleares enterrados en el Valle de los Caídos y las conexiones con el desembarco de Bayo, donde había catalanes y valencianos luchando, hecho que pone de manifiesto que la Guerra Civil balear estaba profundamente relacionada con el conjunto del conflicto en todo el Estado. Recuerda que los combates no solo se vivieron durante los 15 días del desembarco en el Levante de Mallorca, entre otros, sino también, porque muchos mallorquines combatieron en la Península.

Para Claret, esta es precisamente la principal aportación del proyecto: demostrar que la memoria democrática va mucho más allá de la localización de personas en fosas. “Es reconstruir una sociedad, entender cómo cambió después de la guerra y recuperar historias que ayudan a entender la complejidad de los hechos y a reconstruir todo lo que la Guerra y el franquismo destruyeron”.

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