Es más fácil llegar a Palma desde Alemania que desde la Part Forana

En el Aeropuerto de Palma sólo veo impotencia, desazón, heredad. Todo parece estar inmerso en un instante previo a la transformación, esa fracción de tiempo que dura tan poco y que es tan repentina que nunca ves venir. "Por favor, que esto no nos lleve más gente", nada interiormente.

El aeropuerto me hace sentir tan sometida como a los personajes de La Terminal.
01/03/2026
3 min

PalmaEl autobús da un giro abierto de casi 180 grados y, como si me lo estuviera mostrando, me ofrece la visión panorámica de una explanada enorme llena de montones de tierra, chatarra y maquinaria. Todo este despliegue se me cuela, por sorpresa, en la mirada perdida en la ventana. ¿Esto son las obras del aeropuerto?, me pido, huidiza. Preferiría no haberme hecho esta pregunta. No quiero conocer su respuesta. Un pinchazo de angustia se me clava en la boca del estómago. Intento mirar hacia otro lado, pero el vehículo sigue dando vueltas, entre incorporaciones y rotondas, y no hay horizonte donde refugiarse. Mire donde mire, sólo veo impotencia, inquietud, heredad: una terminal que –permítanmelo– no termina nunca; aviones comerciales, aviones privados, aviones cada minuto; un ejército de taxis bien alineados; trolleys, maletas North Face, gente muy alta.

Al fin, llegamos a nuestro destino, aeropuerto - salidas. El escenario sigue describiéndose con un único campo semántico: construcción. Hay puertas inoperativas, espacios cerrados provisionalmente, palés envueltos, materiales indistintos, mucho polvo. Todo indica cambio, reforma. Todo parece estar inmerso en un instante previo a la transformación, esa fracción de tiempo que dura tan poco y que es tan repentina que nunca ves venir. Como cuando, de repente, un día te dicen que "tenemos que charlar" y "esto ha terminado", y te gustaría saber en qué preciso momento las cosas empezaron a cambiar, y te maldices por no haberlo visto venir. Y esto es lo que siente que tengo delante. El momento antes de la destrucción. Ahora entiendo por qué la mayor parte de las veces no somos capaces de verlo. Es que duele demasiado, y –realmente– si tuviéramos la oportunidad, creo nos amaríamos más ahorrárnoslo. Porque el mal ya está hecho y la peor tortura es asistir al final, en primera fila y de principio a fin, sin poder hacer nada por evitarlo.

Atraviese aquellas puertas de cristal que me conducen al infierno, y sólo se me ocurre rezar y cruzar los dedos mientras caminan por encima de aquel suelo, infinito y brillante: "Por favor, que esto no nos lleve más gente". Me aferro a la negación, como si de tanto pensarlo pudiera hacerlo realidad, intentando salvar la poca paz mental que me queda. Cuántas veces no he deseado creer, por conveniencia, que algo debía ser una leyenda urbana, fake news, por no hacer frente a la realidad. Pero ahora no funciona. Este truco sólo sirve cuando no tienes las pruebas empíricas en frente. "Aena prevé 36 millones de pasajeros para 2031, dos millones más que el año pasado", leo a una noticia. "Pero resulta que para 2026 se previeron 30 millones y en 2025 ya hemos llegado a los 34", continúa.

174 conexiones diarias con Alemania y yo tengo que coger dos buses para llegar a Palma

Maleesco este despropósito de obras porque no consigo en modo alguno encontrar el ascensor para ir allá donde realmente quiero ir –que es a llegadas– porque la línea A51, que conecta Llucmajor con el aeropuerto, sólo tiene un paro. La realidad es que no estamos allí para salir, no debo coger ningún avión. Tengo que tomar otro autobús, el de la EMT para llegar hasta Palma, que es mi destino final. He tenido que hacer todo este periplo porque la línea 501, que conecta Llucmajor con Palma, reduce su frecuencia a un autobús cada hora los domingos -en lugar de un autobús cada media hora- cuando es temporada baja (todas sabemos que el calendario que realmente nos rige es el turístico, y no el gregoriano). Y cuando he tenido que coger el de las 16.45 resulta que venía tan lleno que más de diez personas hemos quedado en el suelo. Como si esto no fuera lo esperable, dado que el vehículo arrastra a gente desde Manacor, Felanitx y Campos, localidades que suman una población de unas 82.000 personas. Pero yo qué sé, #PutaTib, ¿no?

Para no esperar una hora entera el siguiente bus (arriesgándome a no poder cogerlo tampoco), me decido a esto: tomar la línea del aeropuerto para hacer un transbordo improvisado y empalmar con el A1. Como siempre, en mi cabeza todo sonaba mucho mejor. O eso es lo que me digo cuando en la marquesina de la EMT veo que el siguiente autobús debe pasar dentro de 30 minutos. No puedo creer que esta travesía se me haya complicado tanto. Miro a los turistas cómo llegan, relajados y pacientes, desde la pasarela que conecta con llegadas y que ahora me parece una alfombra roja. Colones y colonizados. ¿Hacia dónde vamos, en un territorio donde tenemos mejores infraestructuras para conectarnos con el exterior que entre nosotros mismos?

Según los datos disponibles, actualmente Palma tiene 23 conexiones directas con aeropuertos alemanes, es decir, que en Mallorca se puede llegar desde 23 puntos distintos de Alemania sin hacer ninguna escala. Bremen, Karlsruhe, Leipzig: you name it. Esto equivale a una media de unos 1.200 vuelos por semana (entre idas y vueltas), es decir, unos 174 al día. Vamos, que es más fácil llegar a Palma desde Alemania que desde prácticamente cualquier punto de la Part Forana.

stats