Historia

Codeba: 50 años desde el encuentro que marcó la política balear

El 9 de marzo de 1976, hace 50 años, se constituyó Concurrencia Democrática Balear, Codeba, que sería el núcleo de la UCD en las Islas

Fundadores de Codeba: Miquel Alenyà, Raimundo Clar, Miquel Àngel Llauger, Antoni Roig, José María Sevilla, Antonio Papell, Josep Zaforteza y Bartomeu Sitjar.
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PalmaHacía sólo tres meses que había fallecido el dictador cuando quince personas, de lo más destacado de la sociedad, la economía y las profesiones liberales de Baleares, se reunieron, con la adhesión de otras tres, para constituir Concurrencia Democrática Balear (Codeba). Fue hace exactamente medio siglo, el 9 de marzo de 1976, y eso que nacía como una asociación que debía ser, apenas unos meses más tarde, el núcleo en las Islas de Unión de Centro Democrático (UCD), la coalición que ganaría en junio de 1977 las primeras elecciones democráticas en 41 años.

Codeba se generó en unos encuentros previos, si no clandestinos como mínimo discretos, a los que debía ir bien alerta de no superar el número máximo de personas autorizadas: veinte, para que aquello no se convirtiera en una concentración subversiva. "Nos encontrábamos a escondidas", recordaba Antoni Roig, fundador de la Universidad de las Islas Baleares, o, mejor dicho, "lo que se pueden esconder estas cosas", en el despacho del notario Raimundo Clar. Una de estas reuniones, una cena, la hicieron el mismo día que moría Franco: Claro se enteró al regresar a su casa.

Otro de los fundadores de Codeba, el miser Bartomeu Sitjar, ya se había afiliado al Partido Liberal creado por Joaquín Garrigues Walker, cuando Franco todavía estaba vivo. En las reuniones que los suyos hacían en Madrid dejaban un imaginario orden del día sobre la mesa, por si acaso comparecía la fuerza pública. En los viajes llevaba consigo un pijama, "por si debía dormir en Carabanchel".

Al formarse Codeba, se había iniciado la Transición, de forma tímida y vacilante, con el gobierno continuista encabezado por Carlos Arias Navarro. En Baleares, campaba a sus anchas el búnker, el sector inmovilista del franquismo, bajo la sombra del todopoderoso gobernador civil Carlos de Meer. Por supuesto que, incluso en Mallorca, se movía la oposición clandestina. Pero la maquinaria del régimen seguía firme y bien firme.

Día 9 de marzo de aquel 1976 se reunieron los quince fundadores de Concurrencia Democrática Balear. Eran todos ellos profesionales bien destacados, entre ellos, además de los ya citados, el economista Miquel Alenyà; el notario Rafael Gil Mendoza; los ingenieros Carlos Forteza, Miquel Àngel Llauger (padre) y Antonio Papell, éste mucho más conocido, después, como periodista; el médico José María Sevilla y los miseros Enric Ramón Fajarnés y Josep Zaforteza.

Se adhirieron, sin estar presentes, Rafael Alcover; Rafael Timoner, desde Menorca, y Abel Matutes, desde Eivissa. Hoy lo habrían hecho por videoconferencia, pero ese avance técnico entonces era desconocido. Total: diecisiete hombres y sólo una mujer, Francisca Gual, profesora de enseñanza media. Entonces, esa descompensación era habitual, también a la izquierda.

Una lanza por la autonomía

No eran un grupo de rojos peligrosos. Rafael Timoner había sido, hasta 1974, alcalde de Maó, miembro de la Diputación provincial y procurador en unas Cortes, obviamente franquistas. Enric Ramon y Abel Matutes habían sido alcaldes de Vila. Carlos Forteza era concejal, en ese momento, del Ayuntamiento franquista, y Miquel Àngel Llauger había ejercido ese mismo cargo.

Entonces, ¿qué era Codeba? Su denominación no podía ser casual, con notarios y miseros, personas bien conocedoras del lenguaje, en su núcleo fundacional. Concurrencia recordaba sospechosamente a Convergència, el partido que Jordi Pujol había fundado, ilegal –por supuesto–, en 1974; y al mismo tiempo daba la idea de confluencia, de casa común. Democrática, por mucho que el franquismo pretendía ser una 'democracia orgánica', fuera lo que fuera, era un adjetivo inequívoco, ya en ese momento. Y balear, porque no sólo era un grupo de mallorquines, sino también de dos ibicencos y un menorquín.

Ahora bien, en una primera etapa, Codeba no se presentó como un partido político. Nunca podía serlo, ya que entonces no se permitían; sólo asociaciones, un pretendido mecanismo pluralista, pero dentro del régimen. Jurídicamente se constituía, por tanto, como asociación, bajo el paraguas de una norma legal de 1964. El acta fundacional establecía un presupuesto inicial para el primer año de un millón de pesetas, unos seis mil euros, una fortuna para la época.

José Maria Sevilla, primero por la izquierda.

Por supuesto, eso era una especie de camuflaje. Claro que querían crear un partido político: "Esa era la idea", reconocía, años más tarde, Miquel Àngel Llauger. ¿Cuál era su ideología? Los matices varían, según quien la defina. "Moderada de centro", para Sitjar. "Centroderecha", a decir de Gil Mendoza. "De tipo liberal", en palabras de Antoni Roig. "Demócrata cristiana", señala Antoni Nadal. Si añadimos la socialdemocracia, nos encontramos el espectro completo de lo que más tarde sería la UCD.

Codeba emitió su primer comunicado público en abril siguiente. En un entorno de "enorme confusionismo social, económico y político", decían –y ciertamente era así, porque continuaba la grave crisis del 73 y la reforma Arias no parecía ir a ninguna parte–, se ofrecían como alternativa para aportar "soluciones prácticas y concretas para resolver los graves problemas que tenemos planteados como ciudadanos de las Islas".

No se presentaban como partido, sino como entidad que pretendía "reunir a todas aquellas personas", afiliadas o no a formaciones políticas, que "aspiren a conseguir y consolidar una auténtica democracia", "huyendo de extremismos" y "dentro de una autonomía sin duda necesaria". Codeba salía por primera vez a la luz pública y hablaba ya de autogobierno. Ese mismo 1976, apoyó un primer borrador de estatuto que había redactado el Colegio de Miseros.

Publicidad proamnistía en los periódicos

'Libertad, amnistía y estatuto de autonomía' sería el grito de movilización democrática de ese momento, sobre todo en Catalunya. Y, efectivamente, Codeba apostó no sólo por la autonomía y por la democracia, sino también por que fueran liberados los presos políticos de la dictadura. Puso en marcha una campaña en favor de la amnistía, utilizando anuncios publicados en los periódicos. Que no eran económicos: 2.600 pesetas, algo más de quince euros de ahora, si bien hay que tener en cuenta cómo ha subido el coste de la vida en este medio siglo.

Rotura democrática, es decir, establecer un punto y aparte con la dictadura, era la expresión que había hecho fortuna, como objetivo de la oposición democrática. Codeba prefiere hablar de la apertura de un período constituyente. "Oiga, pero eso es ruptura", objetaba el periodista Planas Sanmartí: "Con sifón, pero ruptura". Sí, pero quizás sonaba más técnico, no tan radical.

Algo sorprendente, viniendo como venía de la siempre olvidada periferia, es que Codeba sirvió de ejemplo de iniciativas parecidas al resto del Estado. En una visita a Palma de Miguel Herrero de Miñón, que pronto sería uno de los 'padres' de la Constitución del 78, Sitjar y Clar le explicaron cómo funcionaban, y le sugirieron utilizar el modelo en otros territorios, como instrumento de construcción de la democracia. Herrero transmitió la idea a Pío Cabanillas, destacado reformista procedente del régimen: lo que sería el origen del futuro Partido Popular; no el actual, sino lo que sería el núcleo de la UCD.

La nueva etapa de la Transición con Adolfo Suárez a la cabeza, desde julio de 1976, dibujó unas futuras elecciones en el horizonte. Así que debía ponerse las pilas. Raimundo Clar convocó a las fuerzas situadas en el centro oa la derecha moderada, de cara a una coalición.

Aquel octubre, el exministro de Franco Manuel Fraga creó Alianza Popular, origen del actual Partido Popular, al que se integró Matutes, uno de los fundadores de Codeba. La Concurrencia centrista optó entonces por el Partido Popular de entonces –ya me disculparéis, este baile de siglas–, el que crearon los reformistas del régimen Areilza y Cabanillas, a los que se integraron en noviembre.

La vida de Codeba fue corta, poco más de medio año. Pero "abrió la puerta", decía Bartomeu Sitjar, al que después serían las formaciones, de centro o centroderecha, que han desempeñado un papel protagonista en la vida pública del último medio siglo. "Jugó un papel muy importante en la Transición", aseguraba Antoni Roig. "Creo", señalaba Miquel Àngel Llauger, "que contribuimos de algún modo a la Transición en estas Islas y cumplimos una misión".

Los 'Papos', el otro Partido Popular

Tampoco la vida de aquel Partido Popular de los setenta en el que se integró Codeba fue demasiado larga. En Baleares constituyó el núcleo de Unión de Centro Democrático (UCD), coalición de fuerzas centristas: democristianos, liberales y socialdemócratas, a cuyo frente desembarcó, desde la presidencia del gobierno en Madrid, Adolfo Suárez. El 15 de junio de 1977 serían la fuerza más votada, tanto en las Islas Baleares como en el conjunto del Estado. En 1978, UCD se convirtió en partido, así que dejaban de existir quienes la habían constituido.

A pesar de esa breve existencia, los 'Papos', como les decía el liberal Miquel Duran, llegaron a presentar una propuesta de futuro estatuto de autonomía –hubo unas cuantas, en ese momento. Aquel borrador constituía Baleares en "región autónoma", a la que sería cooficial el catalán, "en sus variantes insulares". En el futuro Parlament habría el mismo número de diputados por Mallorca que por el resto de las Islas juntas.

Según Duran, en cuyas reuniones acabaría saliendo la coalición UCD, ese Partido Popular heredero de Codeba se comportaba con cierta "prepotencia", como si fueran conscientes de su peso específico: "Eran avasalladores y no había forma de hablar con ellos". La confección de las listas electorales –como siempre– fue conflictiva, pero los 'Papos' se llevaron un buen trecho del pastel centrista: lo eran tres de los siete candidatos al Congreso, de los que dos salieron elegidos, Francesc Garí y el propio Raimundo Clar.

Aquellos que habían creado Codeba no duraron mucho tiempo en la vida pública. La práctica totalidad se reintegró a su actividad profesional. Habían entrado en política, decía Sitjar, para "contribuir a mejorar la sociedad, nadie para ganar duros". Cuando UCD desapareció, "el 90% de la gente volvió a su casa". Ésta fue una actitud bastante extendida en aquellos que hicieron la Transición. Eran otros tiempos.

Información elaborada a partir de textos de Miguel Payeras, Miguel Duran, Antoni Nadal Soler, Llorenç Carrió Crespí, Antoni Marimon Riutort y Tomeu Sitjar con la colaboración de Javier Mato, el volumen colectivo Memoria viva y los periódicos Última Hora, Diario de Mallorca, Baleares, El Día de Baleares, La Vanguardia y El País.

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