Cobran mucho más y compran pisos aquí: la clase media europea gana terreno a los isleños
Alemanes y nórdicos de clase media cobran dos y hasta tres veces más que los residentes de las Baleares y adquieren una de cada tres propiedades inmobiliarias
PalmaEn Frankfurt se cobra más del doble que en Palma, pero comprar un metro cuadrado en el centro solo cuesta un 24% más. En Ámsterdam, los salarios son un 128% superiores a los de la capital balear, mientras que la vivienda es un 61% más cara. Y en Bruselas la diferencia todavía es más llamativa: los salarios superan a los de Palma en un 59% aunque el metro cuadrado en el centro es un 27% más barato.
La comparación, basada en datos de la base internacional colaborativa Numbeo, ayuda a entender que los isleños compiten por comprar su vivienda con rentas generadas en las economías más ricas de Europa. Y no es una competencia marginal. En el segundo trimestre de este año, el 32,27% de las compraventas de vivienda de las Islas tuvieron un comprador extranjero, la proporción más elevada de todo el Estado. El 2024 ya había sido del 29,86%.
En definitiva, los pisos tienen precios europeos, pero las nóminas continúan siendo baleares. El INE sitúa el salario medio de las Islas en 29.075 euros brutos anuales. Aumentó un 5,6% en un año, más que la media estatal. El problema no es que los salarios no avancen, sino que tienen que competir con un mercado inmobiliario que hace tiempo que dejó de responder a la capacidad adquisitiva de los residentes.
No hace falta ser rico
Durante décadas, el comprador extranjero de una casa en Mallorca o Ibiza se identificó con una gran fortuna que podía pagar precios fuera del alcance de los residentes. Pero la diferencia salarial ensancha enormemente el perfil del comprador que se está apoderando de pisos en zonas como Santa Catalina y el casco antiguo de Palma: ya no hace falta ser rico en el norte de Europa para llegar a las Baleares con una capacidad adquisitiva muy superior a la local.
GráficoAB
Una familia de clase media de Frankfurt puede no considerarse especialmente rica en Alemania. Pero los datos de Numbeo sitúan el salario neto medio de la ciudad un 105% por encima del de Palma, mientras que el metro cuadrado en el centro solo es un 24% más caro. En Ámsterdam, la diferencia salarial es del 128% y la inmobiliaria, del 61%. En Bruselas la situación es todavía más peculiar: se cobra un 59% más y comprar en el centro cuesta un 27% menos que en Palma.
Esto no significa que “cualquier trabajador alemán, belga o neerlandés pueda comprar una vivienda en Mallorca”, explica el asesor inmobiliario independiente Chris George. “Pero no es ningún secreto que hay millones de personas del norte mejor situadas ante unos precios tan elevados”, explica.
Numbeo recoge datos de manera colaborativa y permite comparar con una misma metodología salarios y precios entre diferentes ciudades. Mientras tanto, el metro cuadrado continúa escalando. Los registradores sitúan a las Baleares en 4.311 euros por metro cuadrado de media durante el segundo trimestre, la segunda comunidad más cara, solo por detrás de Madrid. Palma llega a los 4.291 euros.
El mercado de la vivienda balear se ha europeizado. Los salarios, no. Juan Monserrat tiene 36 años, un hijo y trabajo. Cobra 1.800 euros en 14 pagas. Tras separarse, ha tenido que volver a vivir a casa de sus padres. Su exmujer continúa en el piso que habían comprado juntos y ambos siguen pagando la hipoteca. Ahora intentan llegar a un acuerdo para venderlo y repartirse lo que quede después de pagar la hipoteca pendiente. “Con lo que saquemos, podremos tener un rincón. Pero, claro, tenemos una hipoteca de 260.000 euros”, explica.
No sabe qué podrá comprar con la parte que finalmente le quede. “Ahora mismo lo veo todo negro. Y ambos trabajamos”.
Los sindicatos hace tiempo que alertan de esta distancia entre los buenos datos laborales y la capacidad real de construir un proyecto de vida. José Luis García, secretario general de CCOO de las Islas Baleares, advertía hace unas semanas que la buena situación del empleo convive con una escalada de los precios, sobre todo de la vivienda, que “impide que las subidas salariales se traduzcan en una mejora equivalente para los trabajadores”.
CCOO ha intentado cuantificar esta diferencia. Un estudio encargado por el sindicato a la Fundació Intercoopera sitúa en 2.260,47 euros brutos mensuales en 14 pagas el salario de referencia necesario para cubrir las necesidades cotidianas en Baleares. La cifra se eleva hasta los 2.996 euros en Ibiza. De nuevo, unas cifras muy por encima de la realidad.
Los sueldos suben
Existe una realidad que obliga a matizar el diagnóstico: los salarios baleares sí que suben. Y algunos de los incrementos más importantes se han producido precisamente en el principal sector de las Islas. El convenio de hostelería prevé un aumento salarial acumulado del 13,5% en tres años: un 6% entre abril de 2025 y marzo de 2026, un 4% durante el segundo año y un 3,5% durante el tercero. El salario más bajo del sector superó los 1.946 euros brutos mensuales durante el primer ejercicio.
José García Relucio, secretario general de la Federación de Servicios de UGT, calificó el acuerdo de “histórico”. El convenio afecta a más de 180.000 trabajadores y constituye una de las subidas salariales más significativas conseguidas en los últimos años en las Islas. CCOO no lo firmó. El sindicato considera insuficiente el 13,5% ante el elevado coste de vida de las Baleares y critica que el acuerdo no incorpora una cláusula de garantía salarial y conlleva retrocesos en otros derechos.
La discrepancia entre los dos sindicatos pone en evidencia la misma realidad: la batalla salarial existe y las nóminas aumentan, pero lo hacen persiguiendo unos precios presionados por una demanda con mucha más capacidad adquisitiva.
El secretario general de UGT en las Islas, Pedro Homar, lo resumió este agosto después de un nuevo récord de ocupación: “Nunca había habido tanta gente trabajando y tan poca en el paro, pero nunca había sido tan difícil acceder a una vivienda y emanciparse”. Según el sindicato, alquilar un piso de 80 m2 equivale al 85% del salario medio neto balear.
Tres sueldos y dormir en el comedor
La historia de Ana Cristina muestra otra cara del problema, la de los trabajadores migrantes que sostienen una parte importante del sector servicios mientras afrontan también el elevado coste de la vivienda. Tiene 26 años, es de Ecuador y hace seis años que vive en Mallorca. Trabaja en un restaurante de la zona de Illetes y comparte un piso pequeño con su hermana, un primo y los dos hijos de la hermana. “Somos cinco en un piso pequeño. Yo duermo en el comedor”, explica.
En la casa hay tres sueldos. No bastan, sin embargo, para plantearse otra manera de vivir. “A casa entran tres sueldos y no sobra ni un euro a final de mes. Nos ayudamos mucho entre nosotros”. Para Ana Cristina, las consecuencias van más allá de no poder ahorrar. “Tengo 26 años y la verdad es que suena mal, pero no puedo ni tener intimidad en casa. Es lo que hay”.
Cuando llegó a la isla, la situación que imaginaba era otra. “Hace seis años que estoy en Mallorca y es cierto que me esperaba otra cosa. Pero en mi país ahora mismo no tenemos oportunidades”. No es una realidad anecdótica. Carmen Carmona, responsable de Acción Sindical de la Federación de Servicios de CCOO en Baleares, advertía hace solo unos días que hay empresas que llegan a utilizar el alojamiento para atraer a trabajadores de temporada. El sindicato ha detectado casos de cuatro trabajadores compartiendo habitación o alojamientos sin ventanas, mientras las dificultades para encontrar casa se entrelazan con las condiciones laborales. Baleares necesita trabajadores para sostener una actividad económica récord, pero cada vez tienen más dificultades para que estos mismos trabajadores puedan vivir allí.
La Comisión Europea presenta posibles medidas para restringir la compra de viviendas a no residentes
Aunque muy verde, estudia un marco europeo específico para que se puedan limitar los alquileres turísticos y, sobre todo, restringir la compra o el uso de viviendas que no se destinen a residencia principal
La Comisión Europea presentará este miércoles la Affordable Housing Act, una propuesta de reglamento que puede cambiar de manera importante el margen que tienen las administraciones para intervenir en los mercados inmobiliarios más tensionados. El borrador al que ha tenido acceso el ARA Balears crea por primera vez un marco europeo específico para que gobiernos, regiones y ayuntamientos puedan limitar los alquileres turísticos y, sobre todo, restringir la compra o el uso de viviendas que no se destinen a residencia principal, siempre que acrediten una situación de estrés habitacional. La Comisión tiene convocada este miércoles la reunión semanal del Colegio de Comisarios.
La agencia italiana ANSA, que también ha tenido acceso a las últimas versiones del texto, ha avanzado este martes que Bruselas mantiene como criterio central una ratio entre el precio de la vivienda y la renta disponible de 8. En términos sencillos, una zona entra en el primer nivel de alerta cuando el precio medio de una vivienda equivale al menos a ocho anualidades de renta disponible de la población local. Además, la ratio debe haber aumentado durante los diez años anteriores y se debe prever que la presión no disminuirá en los tres siguientes, teniendo en cuenta población, oferta y demanda. La última versión conocida incorpora una novedad: si la ratio llega a 10, ya no sería necesario demostrar que ha empeorado durante la última década, según ANSA.
Este criterio tiene una especial trascendencia para Baleares, donde la distancia entre los precios inmobiliarios y los ingresos es una de las más elevadas del Estado. Un cálculo orientativo con los 4.311 euros por metro cuadrado registrados en las Islas sitúa una vivienda de 90 metros en cerca de 388.000 euros, muy por encima de ocho veces el salario medio balear. No se puede afirmar todavía que Baleares cumplan oficialmente la ratio europea, porque Bruselas utilizará renta disponible y no salario bruto, pero las magnitudes apuntan que las Islas podrían quedar claramente dentro de los territorios susceptibles de ser considerados bajo estrés habitacional. El borrador permite, además, delimitar estas zonas por municipios, distritos u otros ámbitos territoriales, y no necesariamente por comunidades autónomas enteras.
Superar estos criterios, sin embargo, no comportaría automáticamente ninguna prohibición. El reglamento no obliga a las administraciones a actuar: les da cobertura jurídica para que lo puedan hacer. Si una autoridad quisiera restringir compras destinadas a segunda residencia u otros usos no habituales, tendría que demostrar que estas adquisiciones han perjudicado la accesibilidad o la disponibilidad de la vivienda durante al menos tres años y justificar que la medida es necesaria, proporcionada y territorialmente limitada. Tampoco se podría discriminar por nacionalidad: la restricción tendría que depender del uso de la vivienda, no de si quien compra es alemán, francés, español o mallorquín.
Esto deja la decisión final en el terreno político. Baleares ya tiene un precedente con la Ley estatal de vivienda: varios municipios cumplen los requisitos para que sean declarados zonas tensionadas, pero el Gobierno autonómico ha decidido no activar este instrumento. Con la futura norma europea podría pasar lo mismo. Bruselas no obligaría al Gobierno balear a limitar las segundas residencias aunque las Islas cumplieran los criterios; le daría, sin embargo, un marco europeo específico para hacerlo con más seguridad jurídica. La cuestión dejaría de ser solo si Europa permite intervenir y pasaría a ser si el Gobierno quiere hacerlo.
La propuesta llega, precisamente, en un momento en que la Comisión reconoce que las ciudades, las islas y los destinos turísticos sufren una presión especial porque la demanda supera de manera persistente la oferta y los usos no principales de la vivienda pueden agravar el encarecimiento. ANSA resume la filosofía del nuevo reglamento en los mismos términos: no impondrá desde Bruselas límites a las segundas residencias o a los alquileres turísticos, pero definirá cuándo las administraciones podrán aplicarlos sin topar con las libertades del mercado interior europeo. Mañana, con el texto oficial, se sabrá hasta dónde llega finalmente esta nueva puerta que Bruselas abre a los territorios con la vivienda más tensionada.