Un año de galeras eléctricas en Alcúdia: ¿una alternativa real para Palma?
La ciudad inicia el camino hacia el cambio mientras la experiencia de Alcúdia, pionera en el Estado, apunta a un modelo viable, pero con retos
PalmaEl debate sobre la sustitución de las galeras con caballos por modelos eléctricos vuelve a ganar bastante una vez Palma ha decidido acabar con el modelo de galeras estiradas por animales. Mientras la capital balear estudia el futuro de este servicio turístico, existe un precedente claro en las Islas: Alcúdia, que hace aproximadamente un año completó la transición y se convirtió en el primer municipio del Estado en abandonar definitivamente los carruajes con animales.
Un año después, el balance está claro. "No cabe duda de que el cambio es un acierto en todos los aspectos", asegura Eduardo Salazar, presidente de la asociación de galeristas de Alcúdia. Sin embargo, la decisión no fue fácil. El sector dio el paso con incertidumbre, sobre todo porque el caballo era, hasta entonces, uno de los principales reclamos para los turistas.
Con el tiempo, esta percepción ha cambiado. Las nuevas galeras eléctricas han aportado mayor comodidad para los clientes y mejoras evidentes en términos ambientales y de limpieza. Pero, sobre todo, han resuelto uno de los principales puntos de conflicto: el uso de animales y el sufrimiento que comporta estirar un carruaje a según qué horas en verano y tener que soportar altísimas temperaturas. "Antes había mucha crispación. Ahora sólo recibimos apoyo y buenas palabras", explica Salazar.
¿Es realmente rentable por los trabajadores?
El cambio no fue inmediato para todos. El coste inicial -de unos 30.000 euros por vehículo, a los que hay que sumar otros 10.000 en baterías para garantizar la autonomía- dificultó la transición para algunos profesionales que no lograron financiación. Es uno de los factores que, según el sector, Palma tendrá que tener en cuenta si decide dar el paso.
En el ámbito económico, sin embargo, el equilibrio se ha mantenido. Los ingresos son similares a los de antes, pero se han eliminado importantes gastos. Mantener a los caballos implicaba costes constantes de alimentación, unos 250 euros mensuales por animal, u otros, como el veterinario y los riesgos asociados a enfermedades, además de la necesidad de tener varios para cumplir los descansos obligatorios. "Una cosa compensa la otra", resume Salazar. También existen factores operativos. Durante las olas de calor, los carruajes con caballos a menudo no podían salir, lo que se traducía en pérdidas. Con el modelo eléctrico, esa limitación desaparece.
Baterías y mantenimiento
Una de las dudas iniciales era la durabilidad de las baterías. Según el sector, la vida útil mínima es de unos diez años con posibilidad de alargarla con mantenimiento. Las revisiones se realizan con empresas especializadas que ya trabajan con este tipo de vehículos.
El cambio ha tenido también consecuencias en el destino de los animales. Los caballos fueron trasladados mayoritariamente a la Península, especialmente a zonas como Extremadura, donde son demandados por romerías y actividades tradicionales. En muchos casos, han pasado a manos de particulares dejando de ser animales de trabajo intensivo.
Más allá del ámbito local, el modelo de Alcúdia ha despertado interés fuera de las Islas. Galeristas de otros puntos de España e incluso de Italia han contactado a la asociación para conocer su proceso. En Palma, este interés también se ha hecho notar: profesionales del sector han pedido información después de ver sus resultados.
Sin embargo, la transición no es sólo una cuestión tecnológica o económica. También refleja un cambio de sensibilidad social. Lo que hace años era un elemento habitual del paisaje turístico, hoy es objeto de debate. Y, en este escenario, Alcúdia se ha convertido en un ejemplo real de lo que podría ocurrir en Palma.