Judicial

Ágatha Ruiz de la Prada: "Destruiremos la piscina. Espero que los independentistas queden contentos"

La diseñadora lamenta la degradación del espacio del cual se enamoró de pequeña. El Gobierno balear ha ordenado hace unos días derribar la piscina y dar cumplimiento a la orden judicial

La piscina de la casa de la Costa dels Pins.
ARA Balears
09/04/2026
4 min

Palma"Finalmente destruiremos la piscina. Espero que queden contentos". Con esta frase contundente dirigida a los independentistas, Ágatha Ruiz de la Prada resume el desenlace de uno de los conflictos urbanísticos más largos y mediáticos de Mallorca. Según su relato, la piscina, construida en dominio público marítimo-terrestre, era "perfectamente legal" porque se había construido antes de la Ley de Costas y disponía de todos los permisos; la realidad es que el caso derivó en una batalla política y judicial que se ha extendido durante más de dos décadas.

Ruiz de la Prada, propietaria de la casa desde 2016, cuando se divorció de Pedro J. Ramírez, atribuye el conflicto a la presión de activistas y a la apertura de múltiples procesos que, dice, han acabado degradando el espacio hasta convertirlo en "un lugar para hacer compost". En declaraciones a la serie L'agence de Netflix recogidas por VilaWeb, la diseñadora lamenta la transformación de un espacio que fue "la mejor casa del mundo" con "una piscina bellísima", pero que con los años "se ha convertido en una pesadilla". En las imágenes, se ve la piscina vacía, llena de ramas y otros desechos.

Por otro lado, en una entrevista al programa Benvinguts a ca nostra de IB3, la diseñadora profundiza en esta visión y recuerda con nostalgia los veranos en Mallorca y la felicidad vivida en la casa. Pero también describe la escalada del conflicto: ocupaciones, protestas, presencia policial y un litigio que, según afirma, llegó a implicar altas instancias del Estado. "De repente, todo aquello romántico se convirtió en algo tan político", explica. La diseñadora explica que junto con las novedades de los lugares calientes del país, a Joan Mesquida, director general de la Policía y la Guardia Civil, también le pasaban las novedades de la casa de la Costa dels Pins. "Hubo épocas que (con la casa vacía) había cuatro guardias civiles 24 horas al día", comenta.

"Me podía comer 10 ensaimadas en un día"

De la Prada repasa su vínculo personal con Mallorca y el trasfondo del conflicto. La diseñadora recuerda que empezó a veranear allí de pequeña con la familia y años más tarde compró la casa porque añoraba los veranos de su infancia en Mallorca. "El olor a pino por la tarde y que, en aquella época, y eso que estaba delgada, me podía comer 10 ensaimadas en un día... me pareció que el verano era eso", dice.

Agatha Ruiz, en una imagen de archivo

También evoca los inicios de la urbanización. "Aquí venían los pijos de Madrid, encabezados por Torcuato Luca de Tena (el propietario de el ABC), que se compró la primera casa de la Costa de los Pinos. Se llamaba la Pionera, y tenía puerto, roca y playa. Lo tenía todo", resume.

Ruiz de la Prada explica que la casa que acabaría comprando había sido propiedad de la reconocida cocinera Giuliana Arioli, viuda del escritor Joaquín Calvo Sotelo. "Allí fui inmensamente feliz", asegura, recordando que de pequeña ya iba a verla. Este vínculo emocional contrasta con el conflicto posterior por la piscina, que, según defiende, hacía décadas que existía y no fue construida por ellos. "De repente comenzó una gran campaña diciendo que era ilegal y que cortaba el paso. Era mentira", afirma.

En el mismo relato también hace referencia a su relación con Pedro J. Ramírez –a quien evita nombrar directamente, se refiere a él como 'el innombrable– y asegura que, aunque él no era aficionado al mar, el conflicto le acabó interesando por su alcance político e institucional. Tal como explica, "no le gustaba el agua, el mar, le daba miedo. El día que hacía dos minutos dentro del agua era mucho". A pesar de ello explica que al innombrable, que "era poco de vacaciones", el asunto le entretenía porque "hablaba con un ministro, con el delegado del gobierno, con el presidente de las Baleares...".

La autorización para derribar la piscina

A pesar de defender la legalidad de la piscina y negar que impidiera el paso, Ruiz de la Prada asume el desenlace judicial que ha ordenado su derribo después de más de dos décadas de polémica. "Finalmente, destruiremos la piscina", resume. Hace pocos días, de hecho, el consejero balear del Mar y del Ciclo del Agua, Juan Manuel Lafuente, firmó la autorización definitiva para derribar la piscina, el embarcadero y la terraza del chalet, que ocupan el dominio público sin la correspondiente autorización en vigor. Una información que avanzó en primicia ARA Balears.

De esta manera, se da un paso más para llegar al punto final de una historia que comenzó hace 25 años y que ha supuesto un litigio maratoniano entre Ramírez, De la Prada y un grupo de entidades y ciudadanos liderados por el activista e independentista mallorquín Jaume Sastre.

El origen del caso se remonta al 23 de enero del 2001, cuando el Ministerio de Medio Ambiente otorgó a Giuliana Arioli una concesión para ocupar unos 350 metros cuadrados de dominio público marítimo-terrestre (la franja litoral que no se puede ocupar para usos privados) y poder acceder al mar directamente, además de disfrutar de una piscina privada. Aquella decisión se tomó en tiempos de Jaume Matas como ministro e incluía un elemento clave: las instalaciones, especialmente la piscina, solo se aceptaban bajo la premisa de que tendrían un uso público, general y gratuito. En el año 2013, el Estado autorizó la transmisión de la concesión a Pedro J. Ramírez, que había adquirido la propiedad unos años atrás.

La Ley de costas establece que solo se puede ocupar el dominio público marítimo-terrestre para actividades que, por su naturaleza, no pueden tener otra ubicación.

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