Paula Maria Amengual deja la vara de Montuïri el martes: "Como alcaldesa tienes que entender que nada es personal"

La alcaldesa de Montuïri hace balance de su mandato: habla de liberarse del cargo, asumir decisiones complicadas y reivindica la necesidad de descanso y autocuidado en la política local

La Alcaldesa Paula Maria Amengual.
J.M Sastre
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14 min

MontuïriPaula Maria Amengual Nicolau (MÁS por Montuïri) dejará de ser alcaldesa de su pueblo el próximo martes. El jueves cederá la vara de mando a su socio de gobierno, Antoni Miralles Niell, del PSIB, a partir del pacto de gobierno de ambas formaciones. Hacemos balance en esta entrevista con quien en junio de 2023 se convirtió en la primera alcaldesa de la historia de Montuïri.

– ¿Cómo afronta el paso de la vara de mando a su socio de gobierno?

– La verdad es que estoy muy contenta. Siempre he sido optimista y muy positiva. Lo vivo con mucha normalidad. Es algo que teníamos pactado y éramos muy conscientes de que un día llegaría y que deberíamos hacer el cambio, y el día ha llegado. Y, por tanto, no pongo en duda que debemos cumplir los acuerdos a los que habíamos llegado. De hecho, lo vivo con la vista puesta en que es un cambio, pero que supone una continuidad de la gestión que hemos hecho hasta ahora.

– ¿Pero tiene algún significado personal este paso que hará el martes?

– Sí, desde un punto de vista simbólico sí tiene un significado, y lo vivo con emoción. Por ejemplo, el otro día, cuando preparé el documento de renuncia que he registrado en el Ayuntamiento, lo redacté con total normalidad y tranquilidad: pensando en qué pondría, si añadiría un agradecimiento, etc. Pero en el momento de firmarlo se me cayó encima todo el peso de la realidad. Fue entonces cuando fui plenamente consciente de que eso significaba cerrar un ciclo personal.

Dejar de ser alcaldesa es algo muy importante; visto así, es un cambio trascendente. Y en ese momento sentí esa emoción de trascendencia, esa sensación de decir: "Estoy cerrando una etapa que no es banal; esto no ocurre cada día". Convive una cierta contradicción: por un lado, la tranquilidad de un paso que forma parte de un pacto y que ya teníamos asumido; y, por otro, tomar conciencia de la relevancia de lo que ha sido y de lo que supone este cambio.

– ¿En estos dos años y medio qué momentos ha tenido más complicados de gestionar?

– Bien, si tengo que pensar en un momento especialmente complejo, me viene a la cabeza el San Bartolomé marcado por la amenaza de emergencia por la DANA. Hasta el último minuto estábamos pendientes de si anulábamos definitivamente la fiesta o si la adaptábamos. Para mí fue muy difícil, porque había muchísima gente pendiente de la decisión: todo el pueblo a la expectativa, la plaza llena, y todo el mundo pidiendo "¿habrá o no habrá Cossiers y demonio?".

La decisión fue muy polémica y después recibimos muchas críticas. Sin embargo, nos asesoramos lo mejor que supimos, y yo me rodeé de la mejor gente posible para tomarla. Cuando le di el visto bueno lo hice con tranquilidad, pero sabiendo perfectamente que generaría controversia.

Al final, todo acompañó: no pasó nada, fue un éxito, y creo que fue la opción acertada. Pero sí, lo pasé muy mal. Aquellas horas nunca las olvidaré: tenía el jefe de Protección Civil, el jefe de la Policía Local, los representantes de las fiestas, concejales, los responsables del plan de emergencia… incluso un meteorólogo que seguía el satélite y la evolución de los niveles para valorar si teníamos margen o no. No podíamos permitirnos ningún riesgo.

Con todas las valoraciones conjuntas, vimos que disponíamos de unas horas de margen y que podíamos celebrar la fiesta, pero en formato reducido. Y sin recortar ninguna medida de prevención: ambulancias, puntos de apoyo, todo igual. Simplemente, la fiesta se realizó en la mínima expresión. Y al final fue un acierto.

– ¿Y con respecto a la gestión municipal?

– Hemos tenido que afrontar cuestiones importantes, como todo el tema del agua. He dedicado mucho trabajo para garantizar el suministro a la población. Hemos tenido reuniones muy tensas y discusiones muy complejas para intentar desatascar la situación.

Todavía no está del todo solucionado, pero creo que está muy bien encaminado, sobre todo gracias al trabajo conjunto con la Mancomunidad. Y, de hecho, es uno de cuyos ámbitos me siento especialmente orgullosa por el trabajo que hemos hecho.

– ¿Ha habido algún tema que no haya podido solucionar y que os haya frustrado?

– El tema del agua en sí no me ha llevado frustración porque está en vías de solución, pero sí que me ha hecho sentir la frustración general que tengo ante muchas cosas, sobre todo la lentitud de la administración. También hay frustración cuando te comparas. Estos dos años y medio he tenido muy presente que allá donde iba representaba a Montuïri y defendía los intereses de la gente del pueblo. Esto hace que te vaya el miedo a pedir, reclamar o exigir, porque no lo haces por ti: lo haces por el municipio. En ese momento dejas de ser tú para ser quien representa al pueblo.

Y, cuando te comparas, es cuando todo pesa más. Tú estás allí representando a Montuïri, pero a tu lado hay quien representa municipios mucho mayores, con muchos más recursos y posibilidades. Y te das cuenta de que, en muchas cosas, no jugamos de igual a igual. Eso sí frustra.

Pondré el ejemplo del agua: el Plan no tiene cuesta, no tiene hoteles, no dispone de los recursos económicos que tienen los grandes municipios turísticos. A nosotros nos cuesta muchísimo garantizar agua a los vecindarios, mientras en muchos municipios ni se lo plantean porque tienen redes que les aseguran el suministro. Estamos hablando de recursos básicos —agua para beber o ducharse—, no de caprichos. Y cuando tienes que aplicar restricciones o decir que a según qué horas no se podrán duchar, mientras en la costa ningún turista pasa pena, las piscinas están llenas y todo es abundante… eso sí frustra.

– ¿Qué os ha sorprendido que no se esperaba desde que tomó posesión?

– No diría que me hayan sorprendido cosas muy grandes, pero sí que hay situaciones que no me esperaba. Una de ellas es algo que mucha gente repite y que a mí también me ocurrió. Yo somos una persona discreta; no me gusta hacer demasiado ruido cuando voy a los sitios y, a veces, me cuesta sacar pecho según en qué situaciones. Al principio del mandato, cuando iba a los actos oa las reuniones, no tenía demasiado interiorizado lo de entrar y presentarme diciendo: "Buenos días, somos la alcaldesa de Montuïri". Yo pensaba: "He venido a esta reunión, me sentaré, escucharé, aportaré si toca y ya está." Pero más de una vez, cuando entraba, me pedían: "¿De dónde vienes?" y yo contestaba "de Montuïri". Y la pregunta siguiente era: "¿Y cuándo venderá el alcalde?" Entonces tenía que decir: "No, perdona, somos yo: somos la alcaldesa." Daban por sentado que habría un alcalde y que yo sería la secretaria o alguien de apoyo. Me ocurrió un par de veces. Cuando lo contaba, veías que les sabía mal.

Al final, para evitar estas situaciones, entendí que debía entrar en los lugares y decir claramente quién era. Y no lo digo con ninguna victimización; por el contrario, lo digo de buen rollo. Ha sido todo un aprendizaje: saber estar donde te toca y presentarte como toca.

– ¿Y de cariz personal?

– Otra cosa a la que le da mucha importancia es que somos madre y, además, separada. Gestionar a los hijos y combinarlo con la alcaldía es complicado. Esto me hizo pensar y reflexionar sobre cómo quería llevarlo todo.

Poco a poco asumí que no podía hacerlo todo bien. Es imposible. No podía ser buena alcaldesa, buena madre, buena hija, buena hermana, buena pareja… porque simplemente no llegas a todo. Somos muy exigente con yo misma y al principio me frustraba pensar: "No estamos todo el día, en el Ayuntamiento."

Hasta que entendí que no debo estar todo el día. Por encima de todo, tengo dos hijos y son mi prioridad, esto lo tengo clarísimo. Pero no te das cuenta hasta que un día piensas: "Hoy no iré tan pronto; llegaráis vosotros más tarde; ¿os harás la cena…?"

Con el tiempo llegué a la conclusión de que debía estar presente en lo realmente importante y aprender a combinarlo. Y también es cierto que los niños son mayores, se acostumbran a ciertas cosas, y yo misma me he relajado un poco. Ahora sé que no siempre es imprescindible estar ahí.

– ¿Y cómo se gestiona todo esto?

La verdad es que he sabido rodearme de gente muy buena, y les estoy profundamente agradecida. Todo mi equipo es extraordinario; no tengo palabras para describir su implicación. Además, me han hecho muy fácil poder delegar, y creo que he sabido hacerlo. Cuando delego una tarea, confíe completamente.

Cada semana tenemos reuniones donde ponemos en común todo lo que se ha hecho, y todo el mundo está al corriente de todo. Pero si alguien asume un tema, ese tema es suyo: "Tú te encargas." Y cuando digo esto, es que yo prácticamente no estoy al detalle —excepto en lo que necesiten de mí. Pero como siempre lo han hecho, nunca han dejado nada a medias, y son personas superresponsables y muy implicadas, eso también te ligera mucho el trabajo.

– ¿Y esta parte? ¿Qué piensa de este debate que el alcalde o la alcaldesa siempre deben ser por todas partes? Esto pasa mucho, y acaso aún más en los pueblos pequeños, porque como todos nos conocemos..

– Sí. Yo he tenido que cambiar y lo he hecho conscientemente; no ha sido un error de cálculo ni dejadez. Cuando no he ido a algún sitio es porque no he podido ir y he tenido que priorizar, y en el 99% de los casos la familia ha sido el motivo. Por eso muchas veces no he podido asistir a ciertos actos. Poco a poco debemos aprender que los tiempos cambian: no es lo mismo ser alcalde o alcaldesa hace veinte años. Ni nosotros somos las mismas personas ni las responsabilidades son iguales.

Tampoco puedo compararme con ninguna mujer que hubiera sido alcaldesa antes en Montuïri, porque no había habido ninguna. Pero hablando con otras mujeres que sí lo son, he visto que curiosamente hay muy pocas que sean madres o madres con hijos adolescentes. Muy pocas. Son alcaldesas en un momento de la vida en el que la maternidad ya no influye tanto. No es habitual, y cada uno, cuando se encuentra, gestiona como puede.

– ¿Qué cree que se puede hacer para mejorarlo?

– La visión de cómo priorizo ​​y entiendo este trabajo ha cambiado con el tiempo, y creo que hay muchas cosas que mejorar. En pueblos como Montuïri sólo existe una dedicación exclusiva, pero podría haber dos o tres perfectamente porque hay trabajo para tres personas. Los pueblos pequeños no pueden asumir este coste con recursos propios y debemos ajustarnos a lo que marca el gobierno. Pero una dedicación exclusiva no refleja la realidad del volumen de trabajo, y creo que esto debería revisarse.

También es imprescindible cuidar la salud mental y saber poner pausas. Yo he intentado encontrar momentos para mí, como a Paula Maria Amengual Nicolau, más allá de ser alcaldesa. Si no estás bien tú, no estás bien en ninguna parte. El cargo es muy exigente: gestiones infraestructuras, calles, agua, residuos… pero a menudo haces también de psicóloga. Hay personas que vienen y te cuentan problemas que van más allá de lo que tiene que ver con el Ayuntamiento; a veces alguien ha llorado aquí porque se le ha removido algo. Empatiz y lo hago, pero también me afecta, y debes entender que no es personal sino fruto de la confianza que da el cargo. Es positivo, pero es necesario saber poner distancia.

– Será difícil esto…

– La gente está acostumbrada a sentir que el alcalde o la alcaldesa deben ser por todo, pero creo que no es así. Entiendo de dónde viene esta idea, pero la clave es que la ciudadanía sepa que tiene apoyo. La presencia física ayuda, pero no siempre es imprescindible; lo que importa es que haya alguno del Ayuntamiento, y eso siempre está ahí. Un alcalde debe poder tener vida personal, porque somos como cualquier otro vecino y tenemos nuestras cosas. Y por lo general, no me he encontrado ningún problema con todo ello.

– Uno de los momentos complicados, me imagino, fue –a nivel personal e institucional– la muerte de Pere Sampol. ¿Cómo la vivisteis y qué supuso?

– La viví sobre todo a nivel personal. De hecho, para mí hubo como dos fases en esa vivencia. Por circunstancias personales, siempre hemos estado muy cercanos: nuestras familias han estado muy unidas. Yo siempre he dicho "la tía Juana y el tío Pedro"; eran, de algún modo, la familia que elijas. Las Nochebuenas las hemos hecho juntos, y este año tampoco será una excepción.

Además, yo lo vivía muy de cerca porque mi madre seguía mucho la evolución de la enfermedad de Pedro a través de la tía Juana. Las últimas semanas fueron especialmente duras. Lo fuimos a ver el día antes al hospital. Por tanto, toda la vivencia fue personal.

– ¿No pensábais más allá?

– En ese momento, no. Evidentemente, después pensé en la relevancia política de la muerte de Pedro, por lo que había sido y por lo que había significado. Era consciente de ello. Pero la parte de Pedro que yo conocía no era la política. Cuando quedábamos, no hablábamos nunca. De pequeños no éramos conscientes de lo que representaba; lo veíamos en televisión de vez en cuando, pero no lo asimilábamos. Y él tampoco hablaba nunca de lo que hacía o deshacía políticamente.

Después, es cierto que se activó toda la maquinaria institucional, el reconocimiento y el impacto mediático. Era normal porque era una persona con un recorrido muy importante. Pero yo seguía viviéndolo desde la vertiente personal.

– ¿Y como alcaldesa?

– Lo hice porque me tocaba institucionalmente, y porque sabía que debía hacerlo. La verdad es que me costó mucho. Al mismo tiempo, estoy muy orgullosa de haber podido participar. Pero fue muy duro, porque cuando se trata de una persona que te ha marcado tanto, es muy difícil poner distancia.

Cuando hablaba, parecía que hiciera un reconocimiento político —y era así—, pero al cabo de un momento pensaba: "Estoy charlando de alguien que considero como de la familia." Y si pensaba demasiado, me arrastraban las emociones. Fue complicado. Tuve que encontrar un equilibrio. Lo practiqué mucho, porque estaba convencida de que no podría decir dos palabras seguidas. Al final me costó, pero lo logré.

– Aparte de la gestión del agua que ha mencionado, estos dos años y medio, qué otros proyectos o iniciativas destacaríais?

– Yo creo que es importante destacarlos todos, porque no creo, ni creo que tampoco sea la forma, tener un gran proyecto que sea la bandera. Por lo general, yo estoy orgullosa de todos, por pequeño que sea, de todos los que hemos hecho y todos los que se están haciendo y que acabarán en los próximos años, porque todos solucionan algo. Al final, todos tienen importancia por un segmento de la población. Por ejemplo alguien dará más importancia a haber cambiado el césped, pero yo como ciudadana, por ponerte un ejemplo, yo no lo pisaré casi nunca. Por yo no ha cambiado nada… Pero entiendo que la gente que lo emplea sí lo aprecia. De la misma manera que el parque del Dau es una mejora por familias, por niños, y el tema de la avenida es imprescindible cambiar el alumbrado. Es decir, todas las cosas que hemos hecho yo creo que son necesarias, y las priorizamos en su momento a la hora de pedir financiación, porque entendimos que eran importantes para el pueblo.

– Hablando de financiación uno de los problemas que ha tenido es la situación económica que arrastra el Ayuntamiento…

– Sí, a ver, tenemos un problema de financiación. Pero bueno, de eso no nos quejamos porque tenemos asumido que es la realidad que tenemos y debemos trabajar con lo que tenemos. Lo que tenemos que hacer es mirar si podemos cambiar ciertas cosas para tratar de aligerar un poquito económicamente al Ayuntamiento, pero de momento lo que hacemos es contar sobre todo con las ayudas que recibimos tanto del Govern y sobre todo a través del Plan de Obras y Servicios del Consell de Mallorca y ayudas de Europa. Esto nos lleva a otro tema que destapa otra problemática de los pequeños ayuntamientos y es la falta de personal para poder optar a todas las subvenciones que salen. Optamos a casi todas, pero no llegamos a todas y eso ocurre en todos los ayuntamientos a los que carecen de manos para tramitar subvenciones. La tramitación es muy farragosa ya veces los plazos son cortos y alguna vez debemos renunciar a ciertas subvenciones porque no damos abasto.

Volviendo al cariz financiero quiero decir que llevamos un control muy exhaustivo de los presupuestos. Tenemos la concejala de Hacienda y Presupuestos (Maria Portell Amengual) que controla duro y también contamos con los funcionarios. Lo cierto es que hemos puesto también mucho orden, porque también hemos tenido un cambio de secretario, que esto también es muy importante.

– La falta de estos altos funcionarios es un problema en muchos municipios del Plan…

– Sí, aquí pasó que la persona que se jubiló era dijéramos de la vieja escuela y ahora ha entrado una persona muy joven que lo que nos hace es actualizar la manera de hacer las cosas, modernizar un poquito. Y esto también nos hace ser más exhaustivos y nos ha ido muy bien para regularizar muchas situaciones que no es que se hicieran mal, pero los procedimientos han cambiado y todo debe adaptarse.

En cuanto al personal yo, en este sentido, también quiero destacar que hemos vivido un cambio de personal, el cambio generacional que ha habido y que hay en este ayuntamiento, es una de las cosas que me ha tocado vivir. No suele ocurrir, en una legislatura, tener tantas jubilaciones como las que he tenido yo, y sólo he estado dos años y medio. Hemos cambiado de secretario, se han jubilado dos funcionarias que llevaban toda la vida aquí, una persona del punto verde, cambios en la Policía Local, otra de personal de limpieza… y esto ha obligado a centrar muchos esfuerzos para crear bolsines, buscar formas de encontrar sustituciones, o sacar plazas a concurso, porque es la única manera. Poca gente que somos, si no podemos garantizar que las plazas estén ocupadas con gente trabajando es un problema añadido.

– ¿Ahora cómo queda profesionalmente? ¿Qué harás?

– Tengo una incompatibilidad. Es una de esas cosas que creo que es un error muy grande del sistema, de cómo funciona la administración o el sistema electoral, no lo sé. Yo somos personal laboral del Ayuntamiento. Y no puedes ser funcionario o personal laboral del Ayuntamiento del que eres concejala. Tienes que dejar el trabajo o debes dejar el acta de concejala si quieres reincorporarte. No puedes volver a tu trabajo y ya está: debes tener una alternativa. Entiendo que en ciertos casos pueda tener sentido, si maneja información delicada, pero en otros muchos no. Mi plaza es de técnica arqueóloga, vinculada al Museo Arqueológico de Son Fornés. Es decir, estoy en un edificio diferente y podría pasar dos meses sin pisar el Ayuntamiento, pero no podré reincorporarme hasta el día que deje de ser concejala.

– ¿Qué áreas llevará ahora?

- Juventud, Patrimonio, Mundo Rural y Turismo. También llevaré la parte de Comunicación que hasta ahora la llevaba Toni Miralles.

– ¿Cómo cambiará la vida? ¿Qué podrá hacer que hasta ahora no podía?

– De entrada tengo que decir que yo he disfrutado mucho mi trabajo en estos dos años y medio. Me lo he pasado muy bien. Pese a los momentos complicados —que ha habido, y anoche me ha costado dormir— el balance es muy positivo. He aprendido mucho, he conocido a gente admirable y me siento muy satisfecha. Algo esencial cuando ocupas un cargo así es entender desde el minuto cero que nada es personal: si no interiorizas esto, podría costarte dormir, comer o simplemente vivir. Tienes que aceptar las críticas —ya menudo la gente opina de todo— sin dejar que todo te afecte.

– Pero esto debe costar, será difícil

– No demasiado. Yo no somos de esas personas que les cueste reconocer cuando se ha equivocado. Ha habido momentos en que alguien ha venido a reñirme — vino un señor un pico muy enfadado, gritando e incluso perdiendo las formas, y recuerdo que pensaba, "y ahora qué le digo". Lo dejé charlar, y cuando acabó le dije claro: "Si me charlais bien, os escucharé; si gritas, no sé ni qué me habéis dicho". Aquella persona se calmó, me pidió perdón y finalmente le expliqué que aquello no dependía del Ayuntamiento, le di el número correspondiente, y se fue con un papelito. Si me hubiera tomado todo esto como una ofensa personal, ese día habría estallado. Por eso digo: debes entender que no es personal. Y si no, un sitio como éste te come.

– Se supone que tendrá más tiempo…

– Sí – espero que la responsabilidad baje un poco y que esto me dé más margen. Tengo ganas de dedicar más tiempo a los hijos, a mí misma, a las amigas… poder hacer alguna escapada sin tener que ir revisando la agenda constantemente. No espero grandes cambios: si puedo ganar algo más de tiempo por la gente de cerca ya me sentiré feliz.

– Y mirando más lejos, ¿os volveréis a presentar?

– Sí, ahora mismo mi intención es volver a presentarme si el partido lo cree oportuno, yo tengo ganas. Siempre he entendido que ese cargo debería ser temporal: no sé qué puede pasar en unos años. Ahora mismo me siento motivada, con ganas de seguir trabajando por el pueblo. Sin embargo, creo que también es importante que, más pronto o más tarde, entren personas nuevas.

– ¿Hay relieve dentro de su agrupación?

Por el momento, no. Esto ocurre a menudo: cuesta encontrar relieves. Hasta ahora nadie ha mostrado ganas de ponerse en cabeza. Me gustaría mucho que alguien con empuje tuviera ese impulso —yo le apoyaría sin problema— pero ahora mismo no hay nadie. Como yo todavía estoy "atareada", aprendiendo y con ganas de trabajar por el pueblo, mi idea es continuar mientras haga falta.

– ¿Y cómo ha sido, en el fondo, toda esa experiencia?

– Lo he vivido de forma muy intensa, y cuando firmé la renuncia sentí como si todo me hubiera caído encima. Profesionalmente, tengo la costumbre de poner las cosas en contexto: valorar lo que ha representado más allá de la persona, pensando en la colectividad y el momento histórico. Cuando reflexioné "he sido la primera alcaldesa…" fui consciente de la magnitud -y eso me ha marcado. He vivido esta etapa con pasión, la valor profundamente y me siento orgullosa de lo que hemos hecho.

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