16/06/2026
Profesor de la UIB
4 min

Cierto es que el papa León XIV no ha visitado las Islas Baleares, pero no es menos cierto que el Archipiélago ha estado presente desde el primer día de su periplo por tierras hispánicas, gracias a la referencia de la presidenta del Congreso al sabio Ramón Llull: “La justicia procura la paz y la injusticia, la guerra” es una de las sentencias memorables de uno de los personajes más importantes de nuestra historia y de tremendísima vigencia. Bien traída.

También podríamos discutir si es legítimo o no que un líder religioso tenga que dar un discurso en la máxima institución de la soberanía popular del país, en un estado presuntamente laico, donde esta sería en todo caso la enésima contradicción constitucional. Yo personalmente pienso que sí se justifica, tanto por el hecho de que León XIV es también un jefe de estado, como porque no hay que ser creyente para entender la importante influencia que la religión sigue ejerciendo en la sociedad, aunque en menor medida que en otros tiempos. Igual que estaría bien que comparecieran también otros mandatarios internacionales y, por qué no, gente no tan conocida pero que defiende causas necesarias, como el derecho a la vivienda. Y ya sería el colmo que no faltase nadie, y que todo el mundo escuchase como lo han hecho con el papa, en lugar de ausentarse como vemos en muchos de los debates parlamentarios con el hemiciclo vacío.

Porque, en realidad, todos los políticos estaban al acecho a ver qué podrían usar del discurso papal, en Madrid, Barcelona o las Islas Canarias, en contra del adversario o a favor de la propia opción, incluso los que no estaban. Obviamente, ya en el primero de los discursos, en el Congreso, León XIV dejó claro que es un hombre celoso de la doctrina, y que no piensa cuestionar dogmas clásicos de la Iglesia católica, como la oposición al aborto, ni entrar a fondo en cuestiones polémicas que puedan debilitar aún más la institución que preside, como el tema de los casos de curas pederastas.

Sin embargo, León XIV no es ningún fundamentalista, ni un hombre solo de doctrina. Los pastores de la iglesia de Roma no suelen elegir su nombre arbitrariamente, y él ha elegido el de su antecesor León XIII, el iniciador de la llamada ‘doctrina social de la Iglesia’. Para que nos situemos, la encíclica Rerum Novarum es de finales del siglo XIX, en plena eclosión del movimiento obrero, tanto en Europa como en los Estados Unidos. En aquellos momentos, el sindicato norteamericano clandestino de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor) era la principal organización del movimiento obrero en el país, con más de un millón de afiliados, sin hacer distinción de sexo, etnia o creencias. 

Fue después de las huelgas de 1886 y la dura represión de los líderes sindicales –que dio lugar a la celebración del Primero de Mayo–, en un clima de criminalización de la protesta obrera por parte de los medios de comunicación y los poderes fácticos, que León XIII se alineó con los trabajadores –dado que muchos de los miembros de los Caballeros del Trabajo eran inmigrantes polacos, irlandeses e italianos, en su mayoría católicos–, y escribió, en 1891, la Rerum Novarum. Una encíclica de una institución tan rancia, pero que ya por aquel tiempo decía cosas tan radicales –y tan actuales– como que “un número muy reducido de ricos y opulentes han impuesto un yugo casi de esclavitud a una multitud infinita de proletarios”, o que la propiedad privada no podía ir en contra del bien común. Cada uno que haga la lectura que considere.

Sin embargo, y a pesar de la escenificación incluso postiza y excesivamente preparada de la mayoría de los actos protagonizados por el papa estos días (¿como los actos de campaña de los partidos, o no?), lo más relevante y trascendente es el alineamiento con la defensa de las personas migrantes y sus derechos, y la denuncia de las políticas y los discursos racistas y de odio que impregnan la política tanto en Europa como en los Estados Unidos estos días.

Unas políticas y unos discursos muy presentes en las Islas Baleares, y no siempre liderados por el partido de la “prioridad nacional” (¡del todo asimilable a la retórica del Mein Kampf!), sino por otros que presumen de ser gente de orden y “buenos cristianos”, pero a quienes no les importa deshumanizar a las personas migrantes y labrar el odio que los otros siembran, con la irresponsabilidad que esto representa en el territorio más multicultural del Estado que somos las Islas Baleares.

Prevost ha ido a Canarias, pero es en el mar balear donde han dejado la vida más de 500 personas solo entre enero y mayo de este año, intentando llegar a nuestro archipiélago. No creo que la noticia haya pasado desapercibida para el pontífice, como tampoco deberían resultar yermas sus reflexiones y plegarias, para todos aquellos que tanto defienden los ‘valores cristianos’ (y occidentales), sea desde el cargo institucional o la barra de bar.

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