Rufián y el jefe de Sánchez

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13/10/2026 - 10:04 h
Jefe de redacción

PalmaEspaña lleva más de una década sin conseguir completar una legislatura. El fin del bipartidismo y la fragmentación del Parlamento nos han llevado a las urnas seis veces, incluidas las del 29-N. Dos fueron repeticiones electorales ante la imposibilidad de formar gobierno, un absurdo porque el mandato ciudadano que recibíamos era: volved a votar porque los políticos no somos capaces de hacer cuadrar los números. Ahora, Pedro Sánchez, viendo la ventana de oportunidad que se le abre tras el fracaso de los decretos de vivienda y del final de su pacto con Junts, vuelve a lanzar el desafío: siempre hacia adelante, aunque parezca un suicidio político.

Las primeras encuestas tras el lío de los decretos y con Maricarmen, la anciana desahuciada que encendió la ola de protesta ciudadana, convertida ya en activo político, constatan un efecto ínfimo de la apuesta de Sánchez. El odio que la derecha ha capitalizado contra el presidente, a quien hace responsable de todos los males, es muy superior a la movilización de la izquierda con el mismo mensaje que en 2023: vota o gobernarán quienes recortan derechos.

El PSOE fía la campaña a la vivienda, pero su crédito no es muy alto cuando ha tenido años para actuar y ha permitido que los fondos buitre y el alquiler vacacional campasen a sus anchas. Es cierto que las competencias en vivienda están transferidas a las comunidades autónomas, mayoritariamente en manos de la derecha, pero esto no puede servir de excusa ante la dejadez en aquello que el Estado sí que puede imponer.

Los socialistas necesitan que los partidos a su izquierda se organicen en un Frente Amplio y que lo lidere Gabriel Rufián. El hándicap de un perfil de ámbito estatal es su defensa de la independencia de Cataluña. La derecha ya tiene la campaña hecha, con su brazo mediático a pleno rendimiento y con Iker Jiménez hablando de fenómenos paranormales –ahora políticos– en pleno prime time.

Durante estos años hemos aprendido a no dar nunca a Sánchez por muerto, pero nadie debería menospreciar la capacidad de Feijóo de beneficiar a la izquierda gracias a su torpeza más que constatada. Solo hace falta dejarle hablar. Y esperar. Vox es ahora mismo el Podemos de 2015. Sus votantes tienen hambre de sentenciar, de condenar a Sánchez. La derecha no propone ni hará nada bueno por la vivienda; solo reclama la cabeza de Sánchez, el derrocamiento del “hijo de puta”, para tomar aquello que siempre ha creído que le pertenece.

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