Matrimonios y croquetas

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13/10/2026 - 07:31 h
Escritora

Siempre he pensado que los matrimonios son como las croquetas: más o menos todo el mundo las hace igual, pero en cada casa tienen un sabor diferente. Hay una base más o menos común, y después cada uno le pone un toque que las hace diferentes.

Otra cosa que hace que sean parecidos es que todo el mundo tiene algo que decir al respecto. Por ejemplo, hace mucha gracia que en las bodas por la iglesia los sacerdotes, que nunca se han casado, insistan en la necesidad de estar unidos en la adversidad. Estoy convencida de que si los curas se casaran, no insistirían tanto en este aspecto, o al menos añadirían otro que también es muy peligroso: mi experiencia es que lo que es realmente difícil no son los momentos duros, sino tener todavía ilusión por la misma persona que a lo largo de los años te encuentras a primera hora de la mañana, con cara de sueño y antes de la ducha. Por eso pienso que los votos de matrimonio deberían hablar, además de la adversidad y la salud y la enfermedad, que no digo que no hablen de ello, de la actitud ante el aburrimiento: conozco más parejas rotas por el tedio mortal del día a día que por grandes adversidades.

Se me ocurrió este artículo cuando vi que se publicaría el día de mi aniversario de bodas, y pensaba que no hay recetas mágicas para recorrer este camino. Cada pareja es un mundo y la felicidad viene a ser un caleidoscopio de piezas pequeñas que encajan con más o menos fortuna, y donde cuenta sobre todo el arte de la pareja, pero también variables que no podemos controlar absolutamente, como la suerte, la salud, la economía y otras.

Teniendo en cuenta esto, me atrevo a proponer una pequeña receta de matrimonio:

– Poner sobre la base de amistad, que habremos dejado fermentar hasta llegar al enamoramiento, un buen puñado de ilusión y cuatro onzas bien buenas de pasión.

– No olvidemos suavizarlo con ternura, complicidad, creatividad y momentos de sexo desenfrenado y divertido.

– Los proyectos de futuro, todo lo que queremos que pase, junto con todo el camino que nos ha llevado a donde estamos ahora, se deben mezclar enérgicamente y con mucha creatividad, esto dará consistencia al resultado y hará la receta más esponjosa.

– Hay gente que piensa que el compromiso puede hacer que la receta quede rancia, es un ingrediente delicado, ciertamente, y diría que solo funciona cuando se revisa constantemente mientras la receta se cuece. Y es que en todos los caminos largos se tiene que ir controlando la ruta: a menudo las cosas a las que dábamos importancia de jóvenes ahora son relativas, y viceversa.

– Es bueno que vaya haciendo chup-chup durante un tiempo. Estas comidas que se cuecen lentamente a la larga son muy sabrosas, más que las que dan un fogonazo que socarra la superficie pero deja el interior crudo.

A partir de esta receta base cada pareja va añadiendo más o menos especias: viajes, tardes de sábado, hijos, bromas que solo ellos entienden, recuerdos, alguna tristeza compartida, implicación en los proyectos del otro, respeto por la intimidad de cada uno, no dar por sentada la felicidad de quien tenemos al lado.

Esta receta, hecha con estimación y ternura, con pasión, con mil pequeños momentos y algunos grandes, con discusiones feroces y explosivas reconciliaciones, se debe servir vigilando mucho la presentación, es decir, los pequeños detalles: Como la hojita de perejil, la nota tierna colgada en la nevera, un te quiero en cualquier ocasión, un beso apasionado cuando el otro no se lo espera.

No es una receta para dejar haciéndose: se debe vigilar constantemente. Nunca se sabe cuándo faltará algún ingrediente, y esto es importante porque a veces tendremos que renovar los principales, y es peligroso darnos cuenta cuando ya sea demasiado tarde.

Así, debemos vigilar los fogones, y saber adaptar lo que tenemos a aquello que necesitamos en cada momento.

Eh, esto es solo una propuesta, hay otras. Seguro que olvido alguna cosa, pero lo que no debemos consentir que se pierda nunca es el amor, el respeto y las ganas de empezar un nuevo día.

Hoy hace veintiocho años que nos casamos y me apetecía hablaros de ello.

Y agradecer el camino hecho y encarar el que vendrá.

Con ilusión.

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