Filosofía

Ser radical

Hoy ser radical en política quiere decir tener una posición profundamente inconformista y crítica en relación con la realidad social

Ser radical
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PalmaEtimológicamente, ‘radical’ viene del latín ‘radicalis’ que significa ‘relativo a la raíz’. Es un término vinculado a la biología vegetal, y más concretamente, a las plantas. En principio no tiene un carácter simbólico. Se refiere directamente a la parte inferior de una planta, generalmente subterránea, que la fija al suelo y absorbe el agua y los nutrientes. Inicialmente, por tanto, ‘radical’ tiene un significado neutral, apolítico y alejado de cualquier ideología.

Dentro del ámbito de la filosofía, la raíz es un concepto que tiene una larga tradición que comienza con los primeros filósofos, los presocráticos. Los filósofos anteriores a Sócrates usaban la palabra ‘raíz’ para referirse a los primeros principios de la realidad, a las causas que constituyen la naturaleza y los fundamentos últimos de las cosas existentes, es decir, a aquello que las cosas son realmente y a aquello que explica, además, su existencia. Los escépticos, como Pirrón, aplican con radicalismo la duda, hasta el punto de quedarse tan estancados en su desconfianza que tienen que suspender el juicio y quedar en silencio. Por su parte, Descartes, el padre de la filosofía moderna, es radical en un sentido metódico, es decir, aplica sistemáticamente la duda de manera radical a todo el conocimiento heredado. De esta manera desconfía de todo, y no deja nada sin cuestionar (ni los sentidos, ni la razón, ni la existencia del mundo). Pero no se queda paralizado en la duda, porque precisamente la duda extrema es el camino que sigue el filósofo racionalista para encontrar con la máxima certeza y seguridad el principio radical e indudable de su existencia, el yo que piensa, el cogito.

Más adelante, Kant introduce el concepto ‘radical’ en su ética, y habla del ‘mal radical’. Se refiere al mal extremo que tiene que ver con la decisión de actuar mal con conocimiento de causa, con mala intención, por interés egoísta, sabiendo que aquello que uno ha pensado hacer será perjudicial para los demás. El filósofo español Ortega y Gasset vincula estrechamente la filosofía con el sentido literal de radical cuando dice que “el filósofo es un especialista en raíces”, porque va a las raíces de las cosas, y no se conforma con una mirada superficial, porque tiene la voluntad de ir a lo que está oculto y buscar aquello que sostiene todo lo que es visible.

Identidad

“Radical” a menudo ha estado vinculado con una actitud, una manera de ser característica de la filosofía, pero también con una identidad dentro del ámbito de la política y del feminismo.

Se dice (y con razón) que la filosofía es radical. ¿En qué sentido lo es? Ser radical en filosofía quiere decir tener el coraje de ir a la raíz de los problemas y de los conceptos. No contentarse con las respuestas iniciales e inmediatas, con soluciones parciales e improvisadas, ni aceptar nada como evidente que no se haya examinado con detalle, desde todos los ángulos. Ser radical en filosofía quiere decir llevar la investigación hasta las últimas consecuencias, pensar a fondo las cosas. Quiere decir también ir a los fundamentos, a aquello que las cosas son, en realidad. Ser radical en filosofía se opone a ser superficial y a contentarse con las apariencias. De hecho, la filosofía se define a sí misma por ser radical. Este es su auténtico sentido y su principal razón de ser. La filosofía no sería filosofía si no fuera a las raíces de los problemas. Ser radical es una exigencia permanente que se ha de aplicar continuamente a cualquier investigación que se quiera llamar filosófica.

Pero con el tiempo, “radical” ha adquirido un significado político. El giro político de la palabra “radical” se da en la Revolución francesa. Entonces ser radical pasa a caracterizar a los revolucionarios, a las personas que quieren hacer cambios profundos e inmediatos. Se puede entender así “radical” como contrapuesto a conservador. Esta concepción revolucionaria del radicalismo se consolida filosóficamente con Marx, con una filosofía orientada a la acción y dedicada a promover la transformación de la realidad. Con Marx, ser radical supone estar comprometido políticamente con la liberación de la clase oprimida de las cadenas que le impiden salir de la opresión y estar a favor de la emancipación humana.

Hoy ser radical en política quiere decir tener una posición profundamente inconformista y crítica en relación con la realidad social. Es estar descontento y actuar para transformar la sociedad, aunque “radical” ha dejado de ser un patrimonio de la izquierda y se puede ser ultra y radical (ultraradical) e incluso radicalmente liberal y centrista. Ha habido un desplazamiento significativo, una desactivación del peso transformador del concepto.

El radicalismo tiene mala prensa y peor opinión pública. Ser radical ha acabado por ser un insulto, una descalificación que se asocia a una ideología minoritaria de grupos y colectivos extremistas que son peligrosos y actúan de manera violenta. Se confunde así radical con violento, con la imposición de ideas por la fuerza. El ejemplo del fútbol es claro. Los radicales de un equipo son sus seguidores más violentos y agresivos.

Hoy se habla de ideologías radicales para referirse a las ideas dogmáticas e intransigentes, inflexibles, irreflexivas, demasiado rígidas y cerradas, inmunes a cualquier crítica, que rechazan el diálogo y los cambios, como también los cuestionamientos y las innovaciones.

Se dice que alguien se ha radicalizado cuando se sitúa en una posición extrema, poco equilibrada, y muy poco compartida. Aristóteles diría que sería una posición viciosa, alejada de la virtud, que es el término medio entre dos extremos. Aristóteles no es nada radical, apuesta por la moderación, porque cree que es el camino más seguro hacia la felicidad.

Hay un feminismo que es radical que aparece en los años 60 y 70 del siglo XX, durante la segunda ola feminista, como respuesta al feminismo liberal por considerarlo demasiado moderado, que no va a la raíz de la desigualdad, y se conforma con la igualdad formal. El feminismo radical identifica la existencia de una desigualdad permanente y estructural, que no desaparece así como así, ni por buena voluntad ni por arte de magia. Es el feminismo que identifica en el patriarcado el sistema que oprime a las mujeres y mantiene la desigualdad estructural con los hombres, que atraviesa todos los ámbitos de la vida personal y social, y está presente en la cultura, la economía, el lenguaje, la familia, las convenciones, las costumbres, la sexualidad, el cuerpo, la mirada… El feminismo radical encabezado históricamente por Kate Millett y Shulamith Firestone tenía en su agenda de lucha contra el patriarcado la abolición de la prostitución y de la familia tradicional, y el impulso de la crianza colectiva, entre otras reivindicaciones.

Motor de la historia

Sea como sea, debemos reconocer que todos somos un poco radicales cuando defendemos con convicción y vehemencia nuestras propias ideas, porque justamente, las ideas radicales son el motor de la historia. También debemos confesar que demasiado a menudo guardamos silencio cuando deberíamos alzar la voz contra actitudes y conductas intolerantes y absolutamente inaceptables, solo por evitar el conflicto. Sinceramente, creo que deberíamos ser más intolerantes con los intolerantes, y atrevernos a ser más radicales en la defensa de las causas justas, de comprometernos radicalmente con la paz y la democracia y de estar radicalmente en contra de la corrupción, del militarismo que crea continuamente nuevos enemigos, y de los neofascismos que señalan al extranjero como culpable de todos los males presentes y futuros.

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