04/09/2026 - 21:21 h.
Dirección del semanario
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PalmaEl PP haría bien en vigilar con según qué éxitos que cree tener. Hay batallas que, aunque las ganes, pueden acabar dejándote ante un adversario mucho más fuerte (y mucho más peligroso) que aquel que pretendías derrotar. Eso es lo que le puede estar pasando con la extrema derecha. En su batalla contra Pedro Sánchez, el PP ha ido asumiendo parte de los postulados, del lenguaje y, sobre todo, de la manera de explotar los miedos de Vox. Y le está multiplicando el electorado.

El mismo día y casi a la misma hora que en el cementerio de Llubí despedíamos a Celestí Alomar, en Palma –y en muchos pueblos– los líderes populares convocaban una concentración “en solidaridad con el pueblo de Ceuta”. Aunque la supuesta solidaridad perdió protagonismo ante tantos “Pedro Sánchez, hijo de puta” que se oyeron, los gritos, símbolos y consignas hicieron ver hasta qué punto la extrema derecha está ganando la calle.

Hace temblar. Pero el PP también debería preocuparse. El partido de Marga Prohens, en su intento de contribuir a la derrota de Sánchez, cada vez recurre más al terreno de juego de la extrema derecha: el miedo, la inseguridad, el enemigo, la sospecha, la simplificación. Pero cuando normalizas una idea porque te resulta útil contra tu adversario, no puedes decidir después quién se quedará los beneficios. Igualmente, la comparecencia extraordinaria de Prohens para acusar a Sánchez de ocultar información en Baleares es un ejemplo. Atizar el miedo ante una amenaza a la seguridad de las Islas que se presenta incierta es demagogia. Y la demagogia es una de las herramientas con las que la extrema derecha consigue crecer. Si un gobernante la incorpora a su repertorio, le hace el trabajo. El PP puede pensar que, si habla de seguridad, inmigración o inseguridad en los mismos términos que Vox, recuperará a los votantes que Vox le ha quitado. Pero aquí está el riesgo de las próximas elecciones autonómicas. Es evidente que la principal amenaza del PP no le llegará por la izquierda, sino por la derecha. Habrá contribuido a hacer más fuerte al adversario que acabará disputándole el poder. Puede ser que el PP se esté pegando un tiro en el pie.

En cualquier caso, hay una cuestión más importante que el futuro electoral de los populares. Cuando los gobernantes convierten el miedo en una herramienta política y recurren a la simplificación solo para movilizar al electorado, la democracia se va debilitando.

Cuesta no pensar en Celestí Alomar estos días. En su defensa de la democracia y de la justicia social, pero también en aquella manera suya de entender la política tan alejada de la demagogia. Despedirlo mientras asistimos a esta degradación del debate público hace todavía mayor la preocupación por lo que pueda venir. Quizás muchos de nosotros ya temblamos ante el avance de la extrema derecha. Pero, en otro sentido, me parece que el PP también tiene motivos para estar preocupado. No solo porque pueda crecer Vox, sino porque cuando para combatir a la izquierda abona el terreno de la extrema derecha, él mismo habrá alimentado al monstruo con el cual tendrá que gobernar.

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