Sorprendentemente o no, la fiesta del Orgullo, también conocida como el Día mundial de la liberación LGBTI+, no ha sido la celebración más discutida en los últimos años en Palma ni en las Islas en general. Parece que la conmemoración de los disturbios de Stonewall (la revuelta iniciada por un conjunto de mujeres trans racializadas contra los abusos policiales y las redadas en el bar homónimo) y la lucha por la liberación sexual y de género que se desprende es una fecha bastante asumida en nuestra sociedad, o que como mínimo no molesta. ¿O sí?Palma, por ejemplo, había tenido durante décadas un Orgullo más o menos capital, consensuado con las entidades de este ámbito, y la globalizada Ibiza también ha acogido numerosos eventos semejantes. Los últimos años, además, se han añadido el Orgullosament Inca, con la implicación del artista todoterreno Pep Noguera, y el Orgull de Felanitx, capitaneado por la incansable Sor Estiércol (nombre artístico del multidisciplinar Albert Iglesias), y este será el segundo año que Menorca tiene su propia celebración del Orgullo: será en Migjorn Gran, gracias al empuje del actor Lluís Febrer.Con todo, sin embargo, parece que al actual equipo de gobierno de Cort, compuesto por regidores del PP y de Vox, esto de dejar que una fiesta surgida del pueblo sea participada por el pueblo no les acaba de ir bien. Así, si hace unas semanas se hacía público que la mítica fiesta de verano del bar Flexas en el Parc de la Mar, prólogo oficioso del Orgullo, no se celebraría por las condiciones “inviables” que les imponía el Ayuntamiento, más tarde se ha sabido que el Consistorio tampoco estaba dispuesto a consensuar con Ben Amics, la entidad de referencia en la defensa de los derechos de las personas LGBTI+, la organización de los actos del Orgullo, y ha acabado ofreciendo una versión absolutamente inocua y marcada por la mercantilización.Esto, por sí mismo, ya debería ser una noticia gravísima, teniendo en cuenta el auge de agresiones LGBTI-fóbicas que sufrimos (la paliza a un matrimonio en Maioris, en junio de 2025, el ataque homófobo a un docente del IES Baltasar Porcel de Andratx, en marzo pasado, las agresiones a un paradista del mercado de Pere Garau en abril…), pero ahora se añaden problemas que podrían tener que ver con la ley: Ben Amics ya ha anunciado que denunciará al Ayuntamiento de Palma por un “posible tráfico de influencias” en la organización del evento turístico del Orgullo de este año, ya que han encontrado “posibles irregularidades” en el proceso de contratación, como “conflicto de intereses” e “intervención en la contratación administrativa”.Dando la espalda a una parte nada despreciable de su población, el Ayuntamiento de Palma valida los discursos de odio que ya hace demasiado tiempo que esparce Vox. El Orgullo es una fiesta cívica, reivindicativa, sobre el amor y todo aquello que traspasa el amor: identidad, salud, placer, autodeterminación… Con esta manera de hacer y estos compañeros de viaje, cualquiera diría que el alcalde Martínez hace más trabajo por el Empeguecimiento que por nada más.