No-madres
Es urgente contar que muchas mujeres pasan un infierno de años y frustración para intentar alcanzar un deseo que acaso no es del todo suyo
PalmaRecientemente, la curiosidad y una serie de casualidades me llevaron hasta el proyecto 'No Madres: Identidades más allá de la maternidad', impulsado por Llucia Bauçà. Diez mujeres de edades y vidas diversas tienen en común la no maternidad. El proyecto cuestiona que ser madres sea un factum insoslayable para las 'mujeres'. Este cuestionamiento, que da voz a experiencias diversas y las legitima, es una apuesta por la libertad y la transgresión. Porque transgredir es ir más allá de los mandatos que cada época inscribe en nuestros cuerpos.
Es una impertinencia que cada mujer se vea implícita o explícitamente obligada a visitar la pregunta sobre la maternidad. No pueden ser la expectativa, la presión social, los imaginarios congénitos, los relatos sobre instintos y relojes biológicos los que se impongan por encima de la curiosidad propia, del deseo construido desde la singularidad de cada una. No podemos aceptar la marginalidad que opera sobre nuestros cuerpos cuando contestamos que no queremos ser madres, no deberíamos permitir las dudas o sospechas que se generan cuando la respuesta es negativa. Mi cuerpo nunca ha tenido el deseo de engendrar una vida, el parto me parece un thriller alejadísimo de mi horizonte vital, pero al cumplir los cuarenta parece que te regalan las últimas entradas en el festival del orden, el patriarcado nos invita a hacer inventario de arrepentimientos y rarezas, porque hay una edad en la que no está bien visto que seguimos jugando en la calle, tenemos el almuerzo en la mesa y se enfría.
Sara Torres defiende que la cultura nos prepara para asociar nuestros cuerpos con la experiencia del embarazo y de la maternidad. Nunca me he sentido reclamada por esta experiencia y, sin embargo, tengo un excedente de amor y de ternura que derrama sobre los niños, sobre los gatos, sobre mis amantes o mis amistades, y el relato dominante de la maternidad me ha empujado a enfrentarme a la pregunta con inquietud, con prisas. El relato patriarcal nos cuenta que la potencia vital y amorosa de las mujeres debe dirigirse hacia la reproducción. Sin esa experiencia el vacío amenaza como un augurio, nos sobrevuela y nos recuerda que nunca lo tendremos todo.
Es urgente crear un relato más creativo, más amable, desde donde contar todas las cosas que podemos hacer con el amor, con la ternura, con el compañerismo, cosas que no tengan que pasar forzosamente por la maternidad. Necesitamos referentes, voces, historias que nos permitan crear un imaginario poderoso para la no maternidad.
Es urgente contar que muchas mujeres pasan un infierno de años y frustración por intentar alcanzar un deseo que acaso no es del todo suyo, necesitamos historias que nos cuenten el parto, el posparto, la crianza, sin el romanticismo de la abnegación, de la incondicionalidad, de la plenitud. Necesitamos más testigos de mujeres como Rodoreda. Debemos acercarnos a crianzas alternativas como la que pone en juego Bel Olid, para desgajar la heteronorma y el binarismo de género. Deberíamos impedir que la familia monógama y heterosexual monopolice la manera válida de esparcir el amor. Necesitamos ensanchar el imaginario, para que muchas personas dejen de vivir la diferencia legítima con angustia.
Deseo que la pregunta "¿quieres ser madre?" no sea un peaje obligatorio. Que podamos atar el cuerpo y la vida al presente, asumiendo que una vida finita como la nuestra no nos permite desarrollar todas las posibilidades de las que seríamos capaces. Debemos vivir las potencias, que llamaba Aristóteles, no como imperativos existenciales, sino como caminos de libertad.
La Bien Querida tiene una canción que me gusta mucho, se titula Podría haber sido. Podría ser un buen antídoto contra la presión del patriarcado imaginar todo lo que habríamos podido ser si hubiéramos seguido sus deseos desequilibrados, y reír fuerte al ver que ahora estamos en otro sitio, igual de incierto pero más propio.