08/05/2026
Doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración
3 min

En el libro Four Internets, los investigadores de la Universidad de Southampton Kieron O’Hara y Wendy Hall hacen un análisis de los diferentes modelos que podemos encontrar hoy en cuanto a la gobernanza de Internet. Uno de los aspectos más curiosos que explican es el del uso de las redes sociales en China. Lo primero que sorprende es que no hay una supervisión directa del gobierno chino en aquello que se publica, sino que los mismos usuarios se autorregulan. Para evitar problemas, los usuarios censuran aquello que ataca directamente al régimen, pero también comportamientos como la difusión de rumores o noticias falsas. En cambio, es habitual encontrar denuncias contra el mal funcionamiento de los servicios públicos o ante comportamientos corruptos de las autoridades locales.Esta crítica interna no solo se tolera, sino que supone una fuente de información vital para el régimen chino. Es bien sabido que uno de los principales problemas de cualquier estado autoritario es la falta de alicientes de las autoridades para evidenciar y corregir problemas y disfunciones. Si en un organismo local hay un dirigente corrupto, el supervisor de la zona sabe que, si lo denuncia, tendrá que dar múltiples explicaciones que pueden poner en peligro su propio puesto. Al final, siempre resulta mucho más sencillo ocultarlo y transmitir a la superioridad una imagen impoluta de lo que ocurre, aunque sea irreal. Pero esto, repetido una y otra vez, acaba siendo la peor pesadilla de cualquier gobernante: tener que tomar decisiones teniendo una imagen falsa del país. El régimen de Beijing hace tiempo que sabe que tolerar la crítica en estos aspectos cotidianos y en el ámbito local es el mejor antídoto contra esto.Esta tolerancia no equivale a reconocer un ejercicio pleno de la libertad de expresión en el país, pero nos muestra cómo las redes sociales tienen una función pública que juega tanto a favor del régimen como de la gente. En nuestro entorno, esta función no es tan común, entre otros motivos, porque las denuncias pueden ir por los canales oficiales sin demasiados problemas. Lo que sí que, desgraciadamente, es habitual en nuestras redes, además de las fotos del viaje del vecino o el vídeo de alguien que carga el móvil con una patata, son los rumores, las malas noticias y mucha agresividad. Unos contenidos que son los que más ganancias dan a las empresas propietarias porque, a diferencia de China, las redes sociales de aquí no tienen una función pública. Son sencillamente un gran negocio.Ambos modelos tienen aspectos positivos, pero su orientación es perversa: mantener el régimen autoritario, en el caso chino, y mantener una sociedad consumista e hiperacelerada en la nuestra. En la literatura sobre esta temática hace tiempo que se habla de la Unión Europea como tercer modelo que busca priorizar el interés general por encima del empresarial, como ha hecho, por ejemplo, con la protección de los datos personales, lo cual lleva a constantes enfrentamientos con las grandes tecnológicas norteamericanas. A pesar de las resistencias, poco a poco el modelo protector europeo se va consolidando, es imitado por otros países, y sería bueno que se reforzara en otras cuestiones, como el uso de la IA. Aprovechando que el 9 de mayo es el Día de Europa, y viendo cómo los enemigos internos de la UE cada vez hacen más ruido, no es en vano recordar los valores y las fortalezas de nuestro continente y, hasta incluso, mostrar un cierto orgullo.

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