Ferran Rosa es el sistema
PalmaNo sé dónde oí o leí por primera vez aquello de que el votante de izquierdas castiga y el de derechas ficha. Castigar puede ser abstenerse, cambiar de bando o moverse dentro del mismo. Y hasta hace poco, tenía sentido. Aunque quizás solo era porque la derecha era granítica y un monopolio del PP, mientras que la izquierda siempre había ofrecido más opciones. Hasta que Ciudadanos rompió la presa del voto cautivo por el centro y se inundó con los fugados por la corrupción de Bárcenas & Cía. Lo de este partido de Albert Rivera fue flor de un día y ahora el PP se pelea, cuerpo a cuerpo, con Vox, que va a pecho descubierto como el whisky DYC de la política.
Todo es más entretenido desde la irrupción de partidos nuevos dispuestos a canibalizar a los hermanos mayores. Creíamos que aportarían frescura y que serían capaces de quitar el olor a alcanfor a los viejos, pero pasó lo contrario: se anquilosaron rápidamente, engullidos por el sistema; de la Administración a los asesores.
Ningún político sale a disculparse, pedir perdón o matizar una actuación discutible. Todo es una huida hacia adelante. Por eso, el diputado de MÉS per Mallorca Ferran Rosa ha generado un pequeño terremoto de 3 en la escala de Richter cuando ha ido a un podcast, se ha olvidado de que debía comportarse como un parlamentario aburrido y formulario y ha dicho lo que pensaba, sin filtros. Pero los podcasts, como las redes sociales, los carga el diablo. Rosa ha aprovechado para criticar al antiguo jefe (con razón), Miquel Ensenyat, y se pregunta cómo es posible que el 80% de los ciudadanos coincidan con los postulados de su partido y no lo voten. Pues muy sencillo: porque habla para convencidos, como hacen desde hace años los partidos tradicionales. De ahí viene el éxito de los nuevos. Vox parte con la ventaja de que es más fácil enardecer y llevar a las urnas con demagogia y odio que con propuestas, pero han llegado los últimos y fueron los primeros en ver el potencial de las redes sociales. Es cierto (y no es poca cosa) que tienen el algoritmo de su parte, pero, al menos, no se instalan como la izquierda en la superioridad moral mesiánica de los mensajes abstractes.
Rosa ha sido crítico por accidente. Menos es nada, pero, en lugar de retroceder, debería liderar esta crítica entre el sector más contestatario, que tenga otras maneras de comunicar y convencer. Pero no lo hará, porque Rosa es el sistema. Y el sistema siempre se blinda. El entretenimiento se ha acabado. Fichar o no fichar. Esa es la cuestión.