Los especuladores no deben integrarse
PalmaEn cualquier pueblo o ciudad de las Islas se puede observar cómo buena parte de las construcciones que se realizan son obra de un promotor extranjero.
Linajes alemanes, suecos, ingleses llenan los carteles de obra a excepción de los bloques de pisos. Lo vemos en municipios litorales, con chalés que se venderán por al menos cinco millones de euros, pero también en barriadas tradicionales. En el Terreno de Palma hay una decena de obras que consisten en tomar una casa de toda la vida, que formaba parte del paisaje urbano, con su tejado y las persianas, y convertirla en una vulgaridad tan grande como permite la normativa.
Estos especuladores son conocidos como inversores. Personas que compran propiedades aprovechando la insaciable demanda de los países del norte y la venden por cinco o diez veces más. Esto se va repitiendo en aras de la libre circulación de bienes y personas de la Unión Europea. El goteo de desposesión no detiene.
Mientras tanto, en la calle y en el Parlament el debate es sobre si los que hacen de peones de estos especuladores, o los que harán de jardineros, se integran. Es como si estos últimos, migrantes del sur, imprescindibles para quienes se embolsarán la plusvalía, fueran la causa de todos los males.
Los que vivirán en el chaletarro, que también alquilarán como oferta turística irregular, y por supuesto los inversores que se hacen de oro a costa de desfigurar el territorio, estos no es necesario que se integren. Por lo menos así lo parece, ya que nunca salen al debate. En el bar nadie critica sus costumbres, como se hace con quienes tienen la piel más oscura. Quizás porque en el bar hay alguien que ha vendido el solar o la casa de la madrina donde se escenifica el balón diario del territorio balear.