Emmanillar quien defiende la vida

Este es un artículo en defensa de la gente pro-vida. De la de verdad, no de los fundamentalistas que culpabilizan a las mujeres de elegir su propio destino. De las personas y colectivos que ponen el cuerpo y la cara para defender el bien común: la tierra, el agua, el aire que respiramos. La defensa de una vida digna para todos, porque es imposible vivir bien si tu vecino o tu vecina no tiene dónde caerse muerta, o un techo que la proteja, como bien nos recuerda Schopenhauer.

Todo el sistema que nos rodea está orientado a lo contrario: a extraer el máximo beneficio del medio y de las personas, sin que importen demasiado las consecuencias. El problema se reduce a “gestionar bien los flujos”, como defiende la patronal, practicando el absentismo de una realidad que los residentes cada vez aguantamos menos. Este verano está siendo particularmente sangrante. No solo porque con la excusa del eclipse volveremos a batir récords de turistas y de presión humana, sino también porque las multinacionales crucerísticas incumplen las limitaciones voluntarias de descarga de la marabunta casi cada semana. Porque las limitaciones al coche son más anuncios que medidas efectivas. Porque como ha puesto en evidencia el Centro de Investigaciones sobre Desertificación, incluso la brisa marina está en peligro de extinción. Porque el sistema eléctrico está dejando a miles de personas a la intemperie en plena ola de calor. Porque las restricciones en el consumo de agua ya afectan cada vez a más gente y más pronto. Porque es imposible llegar a tiempo a ningún sitio en coche, y también coger el transporte público sin tener que dar codazos con los guiris.

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Algunos verán otro “verano normal”, pero no lo es y los hechos así lo muestran. Recordad que no hace muchos meses, el Fórum de la Societat Civil desveló aquello que muchos denunciábamos y que la Encuesta de Percepción de los Residentes del mismo Govern confirmaba: que una mayoría amplia de la población exige limitar la llegada de turistas, que todavía más personas responsabilizamos al turismo del encarecimiento de la vivienda, y que el turismo genera también saturación y presión sobre los servicios públicos. A partir de aquí, la respuesta desde el poder se ha traducido en reforzar los mecanismos de propaganda y los de la represión.

Puesto que la retórica sobre la sostenibilidad era de por sí insostenible, la ‘derecha moderada’ de la presidenta Prohens empezó a responsabilizar a la inmigración de todos los males de nuestra sociedad, cuando las personas migrantes son el resultado –y no la causa– de los problemas anteriores, y comparten y sufren los mismos problemas que el resto de la población, de manera incluso más intensa si se quiere… Que si ahora haremos “política para los de aquí”, que si “vivienda para los de aquí”… Recordad que en Fitur incluso riñó a Escarrer porque cómo se le ocurría al CEO de Melià dar una salida laboral a los jóvenes llegados en patera…

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En paralelo, los mecanismos de represión también se han reforzado, partiendo de la jurisprudencia generada por el llamado ‘caso Confetti’, cuando el juez resolvió que salpicar a turistas con agua y confeti no era ni violencia ni daños. En la medida en que la acción directa de la ciudadanía se ha ido concretando en bloqueos simbólicos en los años posteriores (acciones contra jets privados en Ibiza, o contra cruceristas, cortes de vías de acceso de vehículos turísticos como los buguis que destrozan espacios naturales…), se ha optado tanto por aplicar una ley mordaza que hace tiempo que debería estar derogada, con efectos disuasorios, o se ha apostado por nuevas normativas, como en el caso de la Ordenanza ‘Cívica’ de Palma, para criminalizar ya no solo la protesta, sino la pobreza y la precariedad inducidas por el mismo sistema: si no vemos caravanas ni asentamientos, el problema de la vivienda desaparece… ¡Qué contraste con la sobreocupación mercantil del espacio público por parte de los negocios orientados al turismo!

El salto cualitativo que ha significado la detención de las dos jóvenes de Santa Maria, con la atribución de pertenencia a grupo criminal, es de una proporción injustificada e injustificable, que tiene toda la pinta de haberse cocinado en ámbitos de influencia entre el poder económico y político y las fuerzas de seguridad.

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Bueno, ahora en todo caso ya lo sabemos: ‘los de aquí’ eran las agencias inmobiliarias extranjeras que han crecido estos años con la complicidad, hay que decirlo todo, de una parte de los residentes –porque ya hace tiempo también que muchos negocios de pueblos como Santa Maria dan la espalda a los residentes– que alimentan la expulsión de quien no puede pagar aquello que no está escrito para vivir en su pueblo, en su barrio, en su isla. Claro que se han de poner límites al turismo y a la especulación, pero también hemos de empezar a ver mal la avaricia, en lugar de naturalizarla para justificarnos.

Pero ahora, sobre todo, es necesario que la manifestación del 26-J sea un éxito y recordar al establishment que puede encadenar a quien defiende la vida, pero que no solo no nos callarán, sino que cada vez gritaremos más fuerte.