Margalida Prohens
01/03/2026
4 min

Celebramos hoy, como cada 1 de marzo, el Día de las Islas Baleares. Conmemoramos la aprobación, hace 43 años, de nuestro Estatut, que reconoce nuestra autonomía y que constituye nuestras islas -Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera- como comunidad autónoma.

En este tiempo, en estos 43 años, sin duda alguna, es mucho lo que ha cambiado en las Islas Baleares. Durante estas más de cuatro décadas hemos visto cómo nuestras islas se abrían en el mundo, cómo aceleraban su dinamismo y cómo se modernizaban. Hemos pasado de hablar de crecimiento a hablar de contención, sostenibilidad y transformación. Hemos pasado de hablar de volumen a hablar de valor; hablar de riqueza a hablar de bienestar. Hemos visto cómo cambiaba la fisonomía de nuestras ciudades y de nuestros pueblos, o cómo cambiaba nuestra sociedad.

Hemos visto cómo en este tiempo hemos duplicado a nuestra población. Un crecimiento poblacional que hemos asumido como un reto ante el que no podemos mirar a otro lado, un patrón de crecimiento insostenible para nuestro territorio, nuestros servicios públicos y nuestra identidad.

Hemos visto cambiar la forma de relacionarnos o, incluso, nuestra forma de comunicarnos, o cómo han cambiado las metas y los retos colectivos.

Pero, precisamente hoy, celebramos que hay algo que no cambia, algo que queda inalterable. Es lo que nos identifica, que nos hace únicos; es lo que hace que todavía ahora todos nos reconozcamos como pueblo: es nuestro carácter y nuestra idiosincrasia, fruto de nuestra historia y raíces. Es nuestra forma de ser.

Esta forma de ser tan nuestra, de gente tranquila a la que no le gusta molestar, pero que tampoco quiere que le hagan las cuentas, que mide el tiempo en poco a poco y tira a tira. Gente laborable, valiente y emprendedora. De hecho, somos líderes en el crecimiento de autónomos, porque ahora, además, ya no están solos.

Hombres y mujeres a los que nadie nunca les ha regalado nada, sino que todo lo que tienen es fruto de su trabajo y esfuerzo. Y entonces ese fruto pasa de generación en generación, de padres a hijos, como un legado, como una herencia sobre la que nadie tiene derecho a poner las manos encima.

Porque la familia, nuestra forma de entenderla como ese espacio seguro, ese refugio al que siempre volver, forma parte también de esta forma de ser. Una tierra de mujeres libres y valientes. Y es que ésta siempre ha sido una tierra con una cultura matriarcal, de nuestras madres y madrinas, que abrieron camino. Mujeres que gestionaban, que decidían, que lideraban, aunque nadie les pusiera ningún foco.

Una forma de ser por la que nuestra casa es sagrada, en la que la propiedad privada no se cuestiona. Y por eso reivindicamos la seguridad jurídica, que protege a quien tiene su casa y echa a quien la ocupa, a quien se apropia de lo que no es suyo, sin dudar. Y por eso nos dejamos la piel para poner todas las herramientas y los instrumentos necesarios para cambiar el rumbo de la situación de la vivienda en nuestras islas, ofreciendo más vivienda asequible, ahora sí, para la gente de aquí. Porque la vivienda en nuestras islas debe ser para las personas que viven en ella.

Una forma de ser en la que también sabemos que el mayor patrimonio que podremos dejar a nuestros hijos ya nuestros nietos es nuestro entorno natural, nuestros parajes y nuestro mar, que hemos aprendido a amar ya darle el valor que tiene. Por eso, invertimos como nunca se ha hecho en el cuidado y preservación de nuestro medio natural, con más medios, con más recursos y con la compra de nuevas fincas públicas, y también en la conservación de nuestro mar, con la hoja de ruta del Plan para la conservación marina.

Una forma de ser reconocible en nuestras tradiciones más ancestrales, que todavía hoy vivimos con gozo y pasión en los momentos de fe, y de recordar y rememorar nuestra historia; en nuestra cultura y en el hecho de tener una lengua propia, que aprendimos a hablar, charlar o rallar de nuestros padres y padrinos, y que debemos preservar siendo capaces de enamorar y seducir en nuestra lengua, y rehuir de confrontaciones o intentos de apropiarse.

Nuestras islas también las hacen quienes han venido a contribuir, a trabajar, a integrarse, a respetar nuestras tradiciones y esta forma de ser; todos los que hacen de estas Islas no sólo nuestra casa, sino también su casa, que las enriquecen y las hacen mejores. Sí, somos gente tranquila, pero que no permite que le toquen lo suyo, ni que la pisen, que no agacha la cabeza ante lo que considera injusto. Por eso, el día que celebramos nuestro Estatuto de Autonomía, como presidenta de esta Comunidad Autónoma me corresponde levantar la voz contra una propuesta de financiación que nos sigue castigando, que nos desprecia y que no tiene en cuenta nuestra realidad. Una propuesta de sistema de financiación negociada con los de siempre y que, también como siempre, pagamos nosotros. Que ignora nuestro crecimiento poblacional, el coste de la vida, que quita peso a nuestra insularidad y que amenaza nuestra autonomía con bajar impuestos. Y por ahí no pasaremos. Aquí, nos encontrarán delante. Defendiendo, como siempre, a la gente de aquí.

Porque esta es nuestra forma de ser.

Nuestra esencia, nuestra alma, lo que somos. Porque un pueblo lo hace su gente, su cultura y su forma de ser. Todo esto es lo que celebramos este primero de marzo: la forma de ser de Mallorca, de Menorca, de Ibiza y de Formentera, la de todos los ciudadanos y ciudadanas de las Islas Baleares. Cuatro islas, una forma de ser.

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