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Últimamente he vuelto a Friedrich Nietzsche y a su poderoso Ecce homo con traducción del añorado J. M. Terricabras en la desaparecida Accent Editorial. En uno de los pasajes más vibrantes, el filósofo alemán que usaba un martillo para pensar y para escribir recuerda una cumbre de decadencia personal –poco antes de ponerse a escribir Humano, demasiado humano como antídoto– cuando se volcó a métricas antiguas con meticulosa precisión y ojos enfermos. Qué pereza. Coincido con él: en efecto, perder tiempo y esfuerzos con métricas antiguas y rimas estancadas, reaccionarismo cultural que coincide con el reaccionarismo político actual, es sinónimo de decadencia, y tal agonía, estos últimos tiempos, da la impresión de coger fuerza y vuelo a nuestro alrededor, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, que parecen haber salido viejas del huevo. Para combatir tanta estulticia, tanta cortedad de miras, conviene leer obras que despierten sentidos nuevos, que se crean a partir de la independencia más radical y de una expresividad rica en recursos y matices, libros con la originalidad como fundamento absoluto y empapados de obstinación de escribir contra todo, a pesar de todo. Pocas obras comulgan más con estos principios que la de Lluís Maicas, uno de los escritores más prolíficos, genuinos y singulares de la literatura catalana a caballo de los siglos XX y XXI.Responsable de más de un centenar de títulos de poesía, narrativa, dietarismo y trabajos plásticos, Lluís Maicas vuelve al mercado venal –y digo esto porque muchos de sus títulos, los que él llama “de distribución ilegal”, solo se encuentran en la Biblioteca de Inca, en la Biblioteca March y en la Biblioteca de Catalunya– con un volumen precioso: Claper de pedres fogueres en la colección Versos del Aula de Poesía Jordi Jové del Servicio de Publicaciones de la Universitat de Lleida. Poco puedo añadir a lo que explica en el magnífico prólogo Joan Pomar Mir sobre el sentido del claper, pared maestra que sostiene la arquitectura del compendio, pero sí que puedo decir que parece que tanto el autor como el acompañante se han empapado a pleno del sentido telúrico, demiúrgico, de Damià Huguet, manitas de palabras con callos hasta los codos de tanto consagrarse a una creación desenfrenada, independiente, fascinante.Cada poema –que funciona con entidad propia pero que al mismo tiempo sabe adherirse a una composición unitaria mayor– nace de una anécdota minúscula que se hace grande, esponjosa, y explora territorios personales y colectivos para hacerlos amplios, desarrollando diferentes técnicas de escritura, desde la repetición hasta el juego de muñecas rusas, y acaba construyendo monumentos solemnes que no renuncian a la ternura o a la ironía, a la punzada provocativa, a la hostia reconsagrada, al final como sublime puñetazo. Con Claper de pedres fogueres, Lluís Maicas nos regala una obra maestra, otra. Y ya van unas cuantas.

'Claper de pedres fogueres'. Ediciones y Publicaciones de la Universidad de Lleida. 124 páginas. 10 euros.
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