El primer día de curso, entre mochilas nuevas y viejos problemas: "Yo hoy no pienso en las PISA"

Alumnos y familias recuperan la rutina mientras los centros afrontan un curso con menos estudiantes pero más necesidades

Alumnos a las puertas del IES Ses Estacions de Palma.
10/09/2026 - 10:23 h.
5 min

PalmaA las puertas del CEIP Aina Moll de Palma, este jueves por la mañana, hay un poco de todo lo que significa volver a la escuela. Niños que entran corriendo, padres que alargan unos segundos la despedida, mochilas todavía sin ninguna mancha y algún llanto que se escapa justo antes de cruzar la puerta. También están los que llegan con las vacaciones todavía pegadas a la cara y los que, en cambio, parecen estar encantados de volver a ver a los amigos. "Tenía más ganas yo que él de volver", bromea una madre mientras acompaña a su hijo hasta la entrada. El niño, sin embargo, no parece muy preocupado por el comienzo de curso. Mira hacia la puerta y solo espera que le dejen entrar. "Ayer decía que no quería venir y hoy no hay quien le pare", explica ella.

Es una de las escenas que se repiten este jueves en las escuelas e institutos de Baleares, donde miles de alumnos regresan a las aulas para empezar el curso 2026-2027. Un curso que llega con menos estudiantes, pero con más profesorado y más recursos de apoyo. También con los resultados de las PISA todavía recientes y con el debate sobre hacia dónde debe ir la escuela sobre la mesa. En el CEIP Aina Moll, sin embargo, durante los primeros momentos de la mañana las grandes discusiones educativas todavía quedan lejos. Lo que importa es encontrar la clase, saludar a los amigos y descubrir quién será el tutor. Los más pequeños entran con las familias; los más mayores ya lo hacen con una naturalidad que contrasta con los nervios de los padres.

"Lo que más me importa es que esté contento y que se adapte bien. Después ya vendrán los deberes... y las broncas porque no los hace", dice otro padre mientras despide a su hija. Ella ya está dentro y él todavía se queda unos segundos ante la puerta, como si necesitara confirmar que realmente ha empezado el curso. La fotografía que deja la matrícula, este año, es singular. Baleares pierde 2.342 alumnos respecto al curso pasado: 2.248 corresponden a la red pública y solo 94 a la concertada. Esto significa que la pública concentra el 96% del descenso y que, por cada alumno que deja la concertada, casi 24 dejan la pública.

Alumnos en el aula durante el primer día del curso.

La escuela pública pasa de los 106.876 alumnos del curso pasado a los 104.628 de este curso, una bajada del 2,1%. La concertada, en cambio, pasa de 54.325 a 54.231, un 0,2% menos. Es una bajada que no se traduce, sin embargo, en menos recursos. Educación asegura que el curso comenzará con 19.003 plazas docentes, 224 más que el curso pasado: 198 incorporaciones en la pública y 26 en la concertada.

En el Aina Moll, esta contradicción entre las cifras globales y la realidad de cada centro se ve de una manera más pequeña y cotidiana. Que haya menos alumnos en el conjunto de las Baleares no significa que todos los centros tengan más espacio ni que el trabajo sea más sencillo. Hay aulas que continúan llenas, alumnos con necesidades diferentes y familias que llegan a lo largo del curso. De hecho, el curso pasado se registraron 3.801 nuevas matrículas una vez las clases ya habían comenzado. Educación admite que este fenómeno pone el sistema "en tensión" y que "va a más".

Otro ritmo

En el IES Joan Alcover, en Palma, el primer día tiene otro ritmo. Ya no hay padres que entren hasta la puerta del aula ni niños que se aferren a la mano de la madre. Los adolescentes llegan en grupos, algunos con el móvil todavía en la mano y otros comentando las últimas historias del verano. "Tenía ganas de volver sobre todo para ver a los amigos. Por las clases, no tanto", admite un alumno de 3º de ESO —antes de entrar al instituto con cierta prisa.

Los más mayores tienen una relación diferente con el primer día. No hay tanto nerviosismo como una especie de pereza compartida, especialmente entre los que todavía tienen la sensación de que las vacaciones podrían haber durado una semana más. Pero también están los que estrenan etapa y llegan con más incertidumbres. "Es un cambio grande porque ya no es la escuela y conoces a mucha menos gente. Pero tengo ganas de empezar", explica una alumna que entra este año a primero de ESO, acompañada de su madre.

En la puerta, los padres también viven el primer día de otra manera. "Ya no la puedo acompañar hasta dentro, así que ahora me toca confiar", dice, medio en broma, la madre. Es una de las pequeñas diferencias que separan los dos centros: mientras en Primaria todavía hay manos que se agarran y se sueltan, en Secundaria las puertas se atraviesan casi siempre en grupo. Dar las manos a los padres es la última opción.

Pero los retos que esperan detrás de las puertas son compartidos. Este curso habrá 39 especialistas de apoyo más, hasta llegar a los 171, y 16 orientadores nuevos, hasta los 467. También habrá 426 auxiliares técnicos educativos y 11 psicólogos sanitarios nuevos para Primaria. Educación asegura, además, que habrá 166 grupos con ratios reducidas y que solo 25 de los 4.798 grupos oficiales superarán la ratio máxima legal. Ahora bien, la vulnerabilidad del alumnado de las Baleares hace que incluso ratios aparentemente normales resulten realmente desorbitadas.

La cuestión es que el número de alumnos no explica por sí solo la complejidad de un aula. Un grupo puede estar dentro de la ratio legal y, a la vez, tener alumnos recién llegados, necesidades específicas de apoyo, dificultades de aprendizaje o situaciones sociales que exigen más tiempo y más recursos. Y el sistema continuará necesitando espacio. Las Baleares empezarán el curso con 187 aulas modulares, 22 más que el curso pasado: 149 en Mallorca, 7 en Menorca, 23 en Ibiza y 8 en Formentera. La bajada global de alumnado, por tanto, convive con centros que todavía necesitan barracones por las obras o porque en determinadas zonas continúa aumentando la demanda.

PISA queda fuera de la puerta

Durante los últimos días, las PISA han ocupado buena parte del debate educativo. Los resultados de las Baleares han vuelto a encender las alarmas, especialmente en lectura y matemáticas. Pero ante las puertas de los centros, este jueves, las cifras internacionales parecen lejanas. "Yo hoy no pienso en PISA. Pienso en si llegará a casa con ganas de contarme cómo le ha ido", dice una abuela, mientras espera unos instantes antes de marcharse. Los padres trabajan.

Es probablemente una de las paradojas del primer día de curso. Mientras Educación, los sindicatos, los expertos y los docentes discuten ratios, plantillas, conocimientos, competencias, pantallas o innovación pedagógica, las familias miran una escala más pequeña: si su hijo está bien, si ha encontrado a los amigos, si ha entendido lo que le han explicado y si mañana querrá volver. En el IES Joan Alcover, un grupo de alumnos de 4º de ESO sigue bromeando en la puerta antes de entrar. "Este año nos hemos propuesto aprobarlo todo", dice uno de ellos. Los amigos se ríen. La promesa dura, probablemente, hasta que lleguen los primeros exámenes. En el Aina Moll, mientras tanto, las aulas ya están llenas. Las mochilas cuelgan de las sillas, los maestros pasan lista y los niños empiezan a descubrir que el verano, definitivamente, se ha acabado.

El curso empieza con menos alumnos que hace un año, pero con 224 plazas docentes más. Empieza con más personal de apoyo y más orientadores, pero también con más aulas modulares. Empieza después de un curso en el que miles de alumnos llegaron a las escuelas cuando las clases ya habían empezado. Y empieza con un sistema que todavía intenta digerir unos resultados de PISA que han puesto sobre la mesa preguntas incómodas. Pero a las puertas de la escuela, este jueves, todo eso queda durante unas horas en segundo plano. Una madre hace un último gesto con la mano. Un adolescente se quita los auriculares antes de cruzar la puerta. Y una maestra recibe a los alumnos por su nombre. El curso 2026-2027 ya ha empezado.

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