Los alumnos recién llegados a la escuela se disparan en solo cinco años

La población educativa crece a un ritmo moderado, mientras que los estudiantes con necesidades aumentan al doble de velocidad

PalmaEl sistema educativo de las Baleares ha crecido de manera moderada en los últimos cinco cursos, pero el cambio real no se encuentra tanto en el volumen de alumnado como en su composición, donde se observa un incremento importante de las incorporaciones tardías. Entre el curso 2021-2022 y el 2025-2026, la matrícula global ha pasado de 226.735 a 237.867 alumnos (+11.132, +4,9%). En paralelo, los alumnos con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NESE) han aumentado de 52.680 a 57.725 (+5.045, +9,6%), un incremento que refleja una diversidad creciente dentro de las aulas.

En este escenario, el crecimiento de los NESE no es homogéneo, sino que se concentra de manera clara en dos fenómenos que impactan en la presión sobre las aulas: los casos de Trastornos del Espectro Autista (TEA), que pasan de 3.314 a 4.334 alumnos (+1.020, +30,7%), y sobre todo el alumnado de Incorporación Tardía (IT) al sistema educativo (los recién llegados, mayoritariamente), que se disparan de 1.297 a 6.814 (+5.517, +425,4%). Estos dos colectivos no solo crecen con fuerza, sino que alteran de manera la organización de los centros, la distribución de los recursos y las prioridades de la atención educativa.

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El aumento se produce, además, en un contexto en el que los centros educativos advierten que los recursos de apoyo no son suficientes para dar respuesta al abanico de necesidades que se encuentran día a día. Perfiles como los pedagogos terapéuticos, los Auxiliares Técnicos Educativos (ATE) y los logopedas son cada vez más demandados, pero a menudo escasos. Las ATE constituyen un colectivo especialmente precarizado, las listas de interinos de Pedagogía Terapéutica (PT) a menudo quedan vacías y, además, la participación en oposiciones para estas plazas es limitada, lo que dificulta aún más la cobertura de necesidades estructurales en los centros.

Más detección

El TEA muestra una evolución sostenida y estructural: de 3.314 a 4.334 alumnos (+30,7%). Se trata de un aumento asociado a una mayor detección, diagnósticos más precoces y una presencia cada vez más visible del autismo dentro del ámbito escolar. No es un fenómeno puntual, sino una tendencia consolidada que obliga a reforzar apoyos especializados y adaptaciones dentro del aula ordinaria, con el objetivo de darles la atención que requieren en cada momento.

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Ahora bien, el cambio más destacado es el aumento del alumnado de incorporación tardía. En solo cuatro cursos, pasa de 1.297 a 6.814 estudiantes (+425,4%), más de cinco veces más. Se considera alumnado de incorporación tardía aquel que se incorpora al sistema educativo una vez ya ha comenzado la etapa de Primaria, a menudo en sus últimos dos años, o incluso más tarde en casos excepcionales (hasta tres años), especialmente cuando proviene de entornos lingüísticos y culturales muy diferentes. En la práctica, esto quiere decir que muchos de estos alumnos llegan del extranjero y necesitan un apoyo intenso, tanto en lengua como en contenidos curriculares. En algunos casos, se incorporan con edades avanzadas sin dominar todavía habilidades básicas como la alfabetización.

La matrícula global crece un 4,9%, de 226.735 a 237.867 alumnos (+11.132), un incremento moderado que se va ralentizando en los últimos años en parte como consecuencia de la bajada de la natalidad. Pero esta lectura se rompe cuando se analiza la estructura interna del sistema. Los NESE crecen casi el doble, un 9,6%, y pasan de 52.680 a 57.725 alumnos. Esto implica que una parte cada vez más significativa del alumnado requiere algún tipo de apoyo educativo específico. Y, dentro de este conjunto, el peso creciente del TEA y de la incorporación tardía concentra la mayor parte de las nuevas necesidades.

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En contraste con el aumento de las NESE, las Necesidades Educativas Especiales (NEE) (que están incluidas dentro de las NESE), disminuyen de 15.397 a 13.324 alumnos (-2.073, -13,5%). Este descenso afecta de manera generalizada a las principales categorías (no se detallan todas). La Discapacidad Intelectual (DI) pasa de 3.323 alumnos a 1.975 (-1.348, -40,6%); la motora (DM), de 3.270 a 426 (-2.844, -87,0%), la auditiva (DSA) de 399 a 361 (-38, -9,5%) y la visual (DSV) de 146 a 141 (-5, -3,4%). En cambio, los Trastornos Graves de Conducta (TGC) pasan de 397 a 337 (−60, −16,4%), mientras que los Trastornos Emocionales Graves (TEG) bajan de 585 a 418 (-167, -28,5%).

Estas variaciones, según las diversas fuentes consultadas, responden a cambios en criterios diagnósticos, procesos de reclasificación y a una redistribución de alumnado hacia otras categorías NESE. “Van incorporando nuevas nomenclaturas y categorías cada dos por tres”, en palabras de una maestra Pedagoga Terapéutica (PT) consultada por el ARA Balears. En todo caso, la tendencia muestra una reducción de los perfiles más “tradicionales” dentro de las NESE y NEE.

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Más allá del TEA y la incorporación tardía, las categorías NESE principales también tienden a disminuir. El TDAH (déficit de atención) baja de 6.845 a 5.208 (-1.637, -23,9%), las dificultades específicas de aprendizaje (DEA) de 17.641 a 14.296 (-3.344, -19,0%), las altas capacidades (ACIS) de 773 a 745 (-28, -3,6%) y la vulnerabilidad socioeducativa (VSED) de 3.566 a 3.037 (-529, -14,8%). Este patrón refuerza una idea central: el crecimiento de las NESE no se distribuye de manera uniforme, sino que se concentra principalmente en dos perfiles muy específicos, mientras que el resto, en general, retroceden o se mantienen a la baja.

Los datos apuntan a una transformación de fondo. El sistema educativo no solo crece en volumen, sino que cambia en la naturaleza de las necesidades que debe atender. Por un lado, los estudiantes TEA consolidan una presencia creciente dentro de las aulas. Por otro, la incorporación tardía introduce un flujo de alumnado altamente condicionado por factores externos, especialmente migratorios (dificultades académicas, duelos por traslado, etc.), que impactan directamente en la organización de los centros.

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Un cambio de modelo silencioso

Lo que muestran los datos no es solo un incremento de necesidades educativas, sino un cambio en el modelo, que cada vez está más tenso, con ratios elevadas, dificultades en aumento, un profesorado quemado y falta de perfiles técnicos para atender la diversidad

En este contexto, el reto no es solo cuantitativo. El sistema educativo se enfrenta a una diversidad creciente y a una mayor complejidad interna que exige repensar recursos, organización y estrategias de atención a la diversidad, en pro de una escuela que, según la normativa educativa vigente, debe adaptarse al ritmo de aprendizaje de cada estudiante. El crecimiento de alumnos, en este caso, no es solo una cuestión de números. Es, sobre todo, una transformación profunda que está impactando profundamente en la manera de funcionar de los centros, y por vinculación directa, en los resultados académicos.