Todos los Santos

"Pensar en la muerte para hacer algo ya es ir contra un impulso natural"

Creadoras como Marta Barceló, Neus Canyelles y Sílvia Ventayol hablan de la presencia de la muerte en sus obras

Una escena de una representación teatral.
28/01/2026
5 min

PalmaHace pocos minutos se conocen cuando Harry Burns (interpretado por Billy Crystal) pide a Sally Albright (Meg Ryan) si piensa a menudo en la muerte. "¡Por supuesto!", contesta ella, con una especie de respuesta automática. "Sí, seguro", la confronta él, "será un pensamiento fugaz que tienes de vez en cuando y poco más. Yo dedico horas a pensar la muerte, puedo pensar en ello durante días".

Esta diferencia entre los dos protagonistas de Cuando Harry encontró a Sally, uno que afirma tener la muerte presente en su día a día y el otro que se incomoda sólo de oírla nombrar, es aplicable para diferenciar a muchos creadores de la población en general: son numerosos los que, en un momento u otro de su trayectoria, han dedicado alguna obra a explorar el final de la vida, sea la propia o la ajena, cosa que ha hecho que los suyos una temática que la mayoría de los mortales intenta sortear en sus conversaciones cotidianas más allá de días señalados como el 1 de noviembre.

"El simple hecho de pensar en la muerte para hacer una obra de teatro, o un libro, o cualquier cosa, ya es ir contra un impulso natural", asegura la dramaturga Marta Barceló, quien ha firmado los textos de obras como Ir a Saturno y volver y Zona inundable, inspirada en el torrente de Sant Llorenç des Cardassar, dos obras donde la muerte estaba presente. Sin embargo, la pieza en la que más decididamente ha explorado esta temática es una de las más recientes: Los últimos seis días, estrenada el pasado mes de mayo y surgida de la experiencia vivida durante los últimos días de vida de su madre. "Había un luto que era personal y real, pero lo que hice fue una ficción a partir de aquello", comparte Barceló, "porque el hecho de haber vivido la experiencia hace que tenga una serie de herramientas y detalles que permiten que la obra sea más verosímil y tenga más humanidad".

Mientras preparaba el texto, que empezó a escribir más de un año después de la muerte de su madre, Barceló realizó toda una búsqueda que la llevó a conferencias de médicos paliativos ya ponerse en contacto con grupos de luto, entre otros. Aun así, reconoce que, en general, todos tendemos a vivir "de espaldas a la muerte". "Y por eso creo que está muy bien que se hable de ello desde las artes escénicas y desde las artes en general, para poder tomar conciencia de que es un proceso natural y de que el miedo no debe condicionarnos. No nos gusta pensar en ello, pero es necesario hacerlo: lo único que tenemos claro en esta vida es que nos moriremos".

¿Un gesto terapéutico?

Quien nunca ha vivido de espaldas, y así lo demuestra su obra, es la escritora Neus Canyelles, quien justamente nació un 2 de noviembre. "Por mi cumpleaños íbamos al cementerio a ver a los padrinos y los demás muertos y les llevábamos flores, así que siempre la he tenido muy interiorizada, siempre la he llevado mucho dentro", comparte Canyelles, quien ha vivido un puñado de pérdidas significativas en los últimos años, como la de su madre, Milady, o la de su padre, de quien habla en uno de los relatos que conforman Salas de espera, el próximo libro de la autora, que saldrá en febrero. "La muerte es uno de los grandes temas universales, junto con el amor y la vida", reflexiona, "pero es cierto que es lo único que no solemos tener presente en nuestras conversaciones. Yo no tengo redes, pero por lo que sé allí todo son viajes y fiestas y el plato que te has comido en el último restaurante al que has ido", continúa la autora, "y no es que tiene sentido colgar nada en ninguna parte, pero es cierto que, en general, la gente nunca quiere hablar de ello".

Sobre el impulso creativo que la llevó a escribir Milady, Canyelles confiesa que no había ninguna intención terapéutica, ni cerca de hacerse. "Nunca me he planteado la escritura como una manera de hacer terapia porque para empezar no me gusta el concepto de terapia, que de cada vez tiene un significado más amplio. Yo no esperaba encontrarme mejor por haber escrito el libro, ni tampoco lo buscaba. Te dicen aquello de 'tienes que pasar el luto' y me hace gracia porque yo creo porque yo creo porque yo creo porque yo creo porque yo creo porque yo creo porque no tiene gracia porque yo creo. fecha de caducidad", afirma.

La muerte de la madre es un tema que han explorado otros escritores isleños en libros recientes como Una luz sumergida, de Marc Cerdó, donde el autor mantiene una dolorosa y reveladora conversación con su madre, la escritora pollencina Xesca Ensenyat. O en el segundo poema de Sala Augusta seguido de lengua materna, de Sebastià Alzamora, publicado la pasada primavera. No era la primera vez, ni mucho menos, que el escritor y articulista del ARA Baleares hablaba de la muerte en sus versos. De hecho, debutó con un poemario, Rafael, surgido a raíz de la muerte de un amigo suyo cuando todavía eran adolescentes, que la editorial Lleonard Muntaner recuperó hace poco menos de un año. "Era el hecho más sobrecogedor que me había pasado nunca", reconocía entonces Alzamora en el ARA Baleares, "y durante años me habían venido algunos versos a la cabeza, pero no sabía por dónde empezar. Hasta que tuve la idea de hacer un diálogo con él como hilo conductor entre los poemas. Quería dirigirme al amigo muerto".

Un proceso de evolución

No sólo la muerte de los demás, sin embargo, ha nutrido la obra de los creadores de Baleares en los últimos tiempos. La muerte de uno mismo está más que presente en la última novela de Carme Riera, Una sombra blanca –en la que la protagonista, la cantante de ópera Barbara Simpson vive una de las conocidas como Experiencias Próximas a la Muerte (EPM) y se ve obligada a reconstruir algunos episodios traumáticos de su vida–, y era uno de los hilos conductores del disco Jota de morir, de Marala. En la canción que daba título, de hecho, las cantantes Selma Bruna, Sandra Monfort y Clara Fiol proclamaban que "si parto, amigas mías, / llora, que yo lloraría. / Si alguna vez hagas memoria, / que sólo quede alegría". También Neus Canyelles ha hablado de ellos en libros como Las mejores vacaciones de mi vida, donde, asegura la autora, la propia desaparición es tratada desde la perspectiva de "la liberación". "Puede haber desesperación, cuando se escribe sobre la muerte, pero también liberación ante el tormento que a veces es la vida", puntualiza.

Otra de las creadoras que ha dedicado una parte importante de su tiempo a pensar en la muerte, como Harry Burns, es Sílvia Ventayol, ganadora del premio Ciudad de Palma de Audiovisuales 2021 por el documental Mrs Death [La señora Muerte], donde reflexionaba sobre la relación con los difuntos a partir de las prácticas de fotografía post mortem. Cinco años después del rodaje, Ventayol reconoce que todavía piensa en ello porque, de hecho, tiene pendiente hacer una segunda parte, Mr Grief [El señor Dol]. "A la gente le parece extraño, que me dedique a pensar en esto, mucho más desde un formato como es el documental, porque una cosa es la ficción, que trata habitualmente la muerte, y la otra son los códigos de la realidad y la cotidianidad, que no estamos tan acostumbrados", reconoce. "Y me hace gracia porque es visto como algo negativo, que hagas esto, porque todo lo que tiene que ver con la muerte parece que debe tener que ver con la depresión, con la oscuridad. Y para mí es evolución: intentar entender algo mejor lo que significa morir nos puede ayudar a vivir un poco mejor".

Joan Cabot rompe los silencios en torno al suicidio

El periodista reúne a testigos y expertos en 'Les Desaparicions', un podcast de cinco capítulos

Si para muchos es complicado pensar en la muerte, lo es aún más hablar sobre el suicidio o el intento de suicidio, sea propio o ajeno. Y justamente esto es lo que ha hecho el periodista Joan Cabot, galardonado con el premio Ciudad de Palma de Periodismo en dos ocasiones, durante el último año. El resultado es un podcast en cinco capítulos titulado Les Desaparicions –producido por Bastera e IB3 y disponible en las plataformas digitales– donde se conjugan voces de psicólogos y testigos en primera persona con un repaso histórico, social y cultural de las implicaciones del suicidio. Pero, por encima de todo, lo que hace esta serie documental es proporcionar un marco general de datos, relatos y reflexiones que rompen un silencio que, de una u otra forma, nos afecta a todos.

"El objetivo no era prevenir el suicidio, porque creo que sería muy prepotente por mi parte pensar que con un podcast puedo conseguir esto", expone Cabot, "pero sí creo que la mejor manera para hacer que la gente no se sienta sola en determinadas situaciones es saber que hay otra gente que también sufre, que pasa por lo mismo que tú. Y no se puede hacer de mensajes sencillos. vivir' y 'no hay nada más importante que la vida', porque la realidad nos dice que no es exactamente así. ¿Por qué debería ser importante mi vida si no lo es la de los 70.000 muertos de Gaza que no han interesado la comunidad internacional? de información pueda perjudicarte, el suicidio incluido".

Aún así, el también responsable del programa Aire! reconoce que ha sido muy escrupuloso con la elección de la información, después de más de cuarenta entrevistas y un extenso proceso de documentación que le ha permitido dar forma a cinco episodios en los que, entre otros, se aborda el aumento de lesiones autolíticas entre los adolescentes y la culpabilidad que acompaña a menudo a los familiares de una persona que se ha suicida. "Vivimos en una sociedad en la que el turbocapitalismo ha conseguido equiparar tristeza y fracaso y descargártelo todo a ti, como individuo, y decirte que si estás triste es porque has fracasado", reflexiona Cabot, "pero eso es muy perverso y muy obtuso, mucho de dolor, que de ser también terror, forma terrible, de terror, aburrida e injusta, como es maravillosa, divertida y llena de gente increíble. Pensar lo contrario es no tener los pies en el suelo", sentencia.

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