Cuando trabajar no basta para vivir dignamente: "Me he acostumbrado a la precariedad"
El sueldo de referencia en Baleares se sitúa en 2.260 € brutos mensuales y 14 pagas, muy por encima de lo que cobran miles de asalariados en las Islas
PalmaDiego tiene 34 años y trabaja como fotógrafo. Cobra alrededor de 1.300 euros en 12 pagas y, después de ocho años en la empresa, mantiene un contrato de ayudante. "Me he acostumbrado a la precariedad", dice. Su sueldo le permite cubrir sus facturas, pero no le da margen. Cualquier gasto imprevisto –una derrama, una reparación o una avería del equipo– le fuerza a pedir un crédito oa recurrir a su madre. No es una situación transitoria, sino un marco de vida estable.
Según el último informe de CCOO, en Baleares una persona necesita 2.260 euros brutos mensuales en 14 pagas (31.640 euros anuales) para llevar una vida digna. Es el salario balear de referencia: una cifra que no acota el umbral de la pobreza, sino el ingreso mínimo necesario para cubrir las necesidades básicas y sostener una vida social y cultural elemental. La distancia entre ese salario y lo que perciben miles de trabajadores explica por qué tener trabajo ya no garantiza autonomía.
"La idea de vida digna es que con tu sueldo puedas financiarte todas las necesidades básicas", explica Maria Àngels Aguiló, secretaria de Modelo Económico, Empleo y Transiciones de CCOO. El estudio parte de una cesta de bienes y servicios elaborada a partir de la Encuesta de presupuestos familiares del INE, precios del mercado inmobiliario y datos específicos de consumo en las Islas. "No hablamos por hogares sino por unidad de consumo. Es lo que debería percibir un trabajador", precisa.
El informe sitúa a la vivienda como la principal partida de gasto, seguida del transporte y la alimentación. En Baleares, casi la mitad de los hogares tiene dificultades para llegar a fin de mes, y las personas que viven en alquiler destinan hasta el 63% del salario bruto a pagar la vivienda. El salario medio en 2023 fue de 23.126 euros anuales, por debajo de la media estatal, y más de 200.000 personas declararon ingresos inferiores a 15.120 euros.
La insularidad acentúa este desequilibrio. El coste de la vida no es homogéneo, y el informe lo refleja: el salario mensual necesario es de 2.166 euros en Mallorca; 1.947, en Menorca, y cerca de 3.000 euros, en Eivissa y Formentera. "La cesta de la compra, el transporte o el alquiler no cuestan lo mismo en una isla que en otra", señala Aguiló, que remarca la dificultad añadida de vivir en territorios donde casi todo llega de fuera.
Diego queda muy por debajo de este umbral. Se emancipó a 27 años, cuando cobraba 700 euros y pagaba 300 por una habitación. Años más tarde su madre le dio 50.000 euros para la entrada de un piso de tres habitaciones en Palma. Actualmente, paga unos 600 euros de hipoteca, además de comunidad, suministros y derramas que le trastocan la ajustada economía doméstica. "Si no fuera por mi madre, no podría mantenerme en este trabajo", admite.
Para llegar a fin de mes, alquila dos habitaciones a una amiga –una como despacho– por 400 euros, un precio sensiblemente inferior al de mercado. Con estos ingresos cubre los gastos básicos y le quedan unos 500 euros por comida, gasolina e imprevistos. El margen es mínimo. "No puedo gastarme 50 euros en una noche de marcha", dice. Ha espaciado las sesiones con la psicóloga y se ha autoimpuesto el límite de comprar, a lo sumo, un libro al mes. Cuando le surge un gasto extraordinario, calcula las opciones. "Si se me rompiera la cámara de fotos, por ejemplo, seguramente debería pedir un crédito porque es mi herramienta de trabajo".
Turismo y estacionalidad
El informe de CCOO vincula la precariedad a un problema estructural. Baleares mantiene un modelo productivo basado en mano de obra intensiva y de poco valor añadido, que depende fuertemente del turismo y marcado por la estacionalidad. "Los trabajos son de menor calificación y los salarios, más bajos", resume Aguiló. Aunque el empleo se encuentra en máximos y el turismo registra cifras récord, el incremento de los beneficios empresariales no tiene una traslación equivalente en los sueldos, mientras que el coste de la vida sigue aumentando. De hecho, para poder hacerle frente, los salarios deberían haber crecido un 14% este año, es decir, 7,75 puntos porcentuales más que la subida real de media en Baleares.
El resultado de esta brecha es una degradación progresiva de las condiciones de vida: pluriempleo, trabajadores que viven en caravanas, jóvenes que se van a la Península cuando encuentran trabajo y vivienda más barata. "Este modelo está expulsando a los trabajadores", advierte la responsable sindical. La falta de personal, añade, acaba repercutiendo también en las empresas y quienes quedan, que asumen una carga laboral creciente.
Para CCOO, la negociación colectiva ha permitido incrementos salariales, pero no compensan la situación. "No es suficiente si no hay políticas públicas que ayuden a paliar las áreas que se comen el sueldo", sostiene Aguiló. El sindicato reclama intervenir en el mercado de alquiler, declarar zonas tensadas y afrontar la emergencia residencial. "El salario digno debe ir acompañado de condiciones de vida dignas", insiste.
Diego es consciente de que su situación no es la más extrema. "Somos un privilegiado porque tengo dónde caer muerto", dice. Tiene una vivienda a su nombre, aunque la paga ajustando cada gasto. Su estabilidad depende de equilibrios frágiles y de soportes familiares de los que no todo el mundo dispone. "No sé qué habría sido de mi vida sin mi madre", reconoce. Emplea, cumple y resiste, mientras la distancia entre su sueldo y el coste de vivir en Baleares convierte esta resistencia en rutina.