Y Okuda pierde los colores en el West End
El proyecto, con 371.000 euros de coste, afronta reparaciones inminentes y deja en el aire el futuro del mantenimiento ante el desgaste prematuro
IbizaAlguien en el Ayuntamiento de Sant Antoni de Portmany tuvo una idea: ¿y si pintamos de colores el calle principal del West End? La idea era combatir con arte el turismo de borrachera –el West es una zona conocida sobre todo por sus bares–, o, en palabras del alcalde portmanyí, Marcos Serra: “Un proyecto de reconstrucción integral de toda esta zona, para dar el salto de calidad turística que siempre hemos buscado”. Y así se hizo. El artista encargado fue Okuda San Miguel, pintor cántabro de fama internacional, autor versátil –responsable entre otros de la polémica transformación del faro de Ajo, de la falla del Ayuntamiento de Valencia del año 2018 y del interior de la Iglesia Internacional del Cannabis, en Denver. El 21 de mayo de 2025 la obra de Okuda en Sant Antoni se presentó en sociedad: el suelo de la calle de Santa Agnès completamente pintado con coloridas formas geométricas, más una plaza donde se alza el principal emblema de Okuda, la llamada Estrella del Caos. En total, 371.000 euros, con una aportación de 220.000 euros de fondos europeos.
No es que la idea haya salido mal, pero es que puede llegar a resultar muy cara. La intervención artística se llama Endless Rainbow Walk. El ‘paseo del arco iris’ quizás no tenga final, pero sus materiales sí que lo tienen, de hecho, se ha comprobado que se desgastan muy deprisa; la intervención de Okuda, después de diez meses de humedad, lluvias y sol inclemente, ya no luce como el primer día; los colores se han desvanecido y el suelo está desconchado en muchos puntos. Lo peor se presenta cuando se accede a la plaza, a la estrella que funciona como el corazón de la pieza, que presenta graves desperfectos. Curiosamente, está mucho peor la parte de pared que no el suelo que pisan los viandantes.
A preguntas de este rotativo, el consistorio portmanyí no ha querido estimar el coste de las reparaciones; sí que ha remarcado que la obra se arreglará “antes del inicio de la temporada turística, tal como estaba previsto desde el inicio del proyecto”. La reparación del suelo de la calle de Sant Agnès va de momento a cuenta del artista, “ya que el contrato incluye un año de garantía”, mientras que el mural de la plaza, una obra adicional que solicitó el Ayuntamiento, correrá a cargo del Consistorio. Y a partir del año, el Ayuntamiento de Sant Antoni se hará responsable de cualquier desperfecto o desgaste del Endless Rainbow Walk.
Desde el punto de vista artístico, el Endless Rainbow Walk es un repaso a los recursos y temas principales de Okuda: formas geométricas con una policromía muy intensa, que construyen una auténtica ‘selva de colores’; esta geometría a veces se reorganiza para formar la cabeza de un animal, una estrella, un ojo o unos labios; solo a veces el color se abandona en pro de la escala de grises y la mirada del espectador descansa durante un instante.
Según explica el mismo artista en el vídeo promocional de la obra (endlessrainbowwalk.com), lo que le inspiró es la “diversidad constante de la gente que viene, de todo tipo de culturas, y de esta retroalimentación cultural que hay”. En realidad, los motivos de Okuda –sobre todo las cabezas de animales y las estrellas– se repiten una y otra vez en muchos de sus proyectos, y la policromía geométrica es una constante en todo lo que pinta. Si Endless Rainbow Walk habla de ‘diversidad cultural’, no es la única obra del pintor cántabro que lo hace.
¿Y ahora qué?
Dejando de lado la cuestión de la calidad intrínseca de la pieza –por gustos, colores, nunca mejor dicho–, la pregunta que debe responder el Consistorio es cómo se abordará el mantenimiento de una obra de arte que presenta, solo en diez meses, una degradación tan notable. ¿Se tendrá que arreglar cada principio de temporada, como quien cambia las baldosas estropeadas de un paseo marítimo? Es una opción. Pero una obra de arte no es un paseo marítimo. De una auténtica obra de arte se espera que esté siempre en perfecto estado de revista. Inmortal a través del tiempo. Esta es la idea –equivocada o no– que muchas personas tenemos del arte, al menos del arte ‘de museo’: un patrimonio que vale la pena mantener y conservar en costosas infraestructuras públicas llamadas museos: lugares con vigilantes, iluminación controlada, sensores de temperatura y humedad y que normalmente te cobran entrada.
¿O se tratará el Endless Rainbow Walk como auténtico arte urbano? En teoría, es lo que es; de hecho, Okuda San Miguel es uno de los referentes principales del arte urbano español. El arte urbano, al contrario que las piezas de museo, está concebido para degradarse, no se pretende inmortal, sino transitorio. Esta es la idea: se incorpora al paisaje urbano –a menudo con un mensaje político– y desaparece así como este paisaje también se transforma y se degrada. Es la otra opción: dejar que el Endless Rainbow Walk se degrade hasta desaparecer –a pesar de las críticas que, seguro, iría suscitando su decadencia.
Dos opciones: una que representará a los contribuyentes de Sant Antoni un gasto anual que el mismo Consistorio todavía ignora, o, la otra, permitir la degradación progresiva de una obra que ha costado 371.000 euros. ¿Sabían en el Ayuntamiento de Sant Antoni qué estaban comprando, cuando le encargaron la obra a Okuda?