Melià en Cuba: la alianza que nació con Fidel Castro y Escarrer
La cadena mallorquina inició la presencia en la isla en 1990 con el Sol Palmeras y, 36 años después, inicia la retirada de 15 hoteles en un contexto de crisis turística y presión geopolítica
PalmaLa historia de Melià Hotels International en Cuba se entiende solo dentro del giro económico que vive la isla del Caribe a finales de los años ochenta y principios de los noventa. Con la caída del bloque soviético entre 1989 y 1991, Cuba pierde el principal apoyo económico y entra en el denominado Período Especial, una etapa de crisis profunda marcada por la falta de divisas, la escasez de productos básicos y el colapso de buena parte de la actividad productiva.
En este contexto, el gobierno cubano acelera una apertura selectiva de la economía en la que el turismo internacional se convierte en uno de los pilares para obtener moneda extranjera. Esta apuesta implica consolidar un modelo hasta entonces incipiente: la colaboración con cadenas hoteleras extranjeras que gestionan establecimientos turísticos bajo propiedad estatal, en un esquema mixto que deviene estructural a partir de los años noventa y que abre las puertas a Melià.
El primer hotel con Escarrer y Castro
El punto de inflexión para la compañía hotelera mallorquina llega el 10 de mayo de 1990, cuando se inaugura en Varadero el Sol Palmeras, el primer hotel de Melià en Cuba. Al acto asisten Fidel Castro y Gabriel Escarrer Julià, fundador del grupo mallorquín, en un gesto que simboliza la nueva etapa de colaboración entre el régimen cubano y las empresas hoteleras españolas.
Este establecimiento no solo abre la puerta a la presencia de Melià en la isla, sino que se convierte en la piedra angular de un modelo que se consolidará durante décadas: propiedad estatal de los activos y gestión privada internacional. El Sol Palmeras (el hotel más emblemático de Melià en Cuba) es, de hecho, el primer gran caso estable de esta fórmula y el punto de partida de una relación que se extenderá durante 36 años, hasta el giro anunciado estos últimos meses.
Expansión en el mapa turístico cubano
Durante los años noventa y los 2000, Melià se consolida como una de las principales operadoras hoteleras extranjeras en Cuba, en paralelo a la transformación del país en destino turístico del Caribe. La cadena amplía la presencia en las principales zonas de desarrollo turístico: Varadero, los cayos del norte como Cayo Coco y Cayo Santa María, Holguín y La Habana, donde la compañía mallorquina apuesta también por establecimientos urbanos vinculados al turismo cultural y de negocios.
Con el paso de los años, Cuba se convierte en uno de los mercados estratégicos del grupo empresarial de Gabriel Escarrer. Según datos recientes, antes de la retirada anunciada esta semana, Meliá gestionaba 34 hoteles en la isla, que representaban aproximadamente el 14% de su portafolio global. En 2018, la compañía tenía más de 11.000 trabajadores en Cuba, alrededor de una cuarta parte de su plantilla mundial, una cifra que refleja el peso excepcional del país dentro de la estructura internacional.
Un modelo ligado a GAESA
El modelo que ha sustentado esta expansión se basa en una estructura de colaboración en la que las empresas extranjeras no son propietarias de los establecimientosEl giro del 2026 y la retirada progresivaEste esquema ha situado una parte significativa del negocio hotelero bajo la órbita de entidades vinculadas al sector militar cubano, un elemento que ha sido clave en el endurecimiento de las sanciones norteamericanas contra empresas extranjeras que operan en el país. Las restricciones han ido condicionando progresivamente las alianzas internacionales y han añadido presión a la continuidad de este modelo.
El giro de 2026 y la retirada progresiva
La decisión de Meliá de dejar la gestión de 15 hoteles en Cuba se enmarca en un proceso más amplio de reducción de la presencia de cadenas internacionales en la isla. En los últimos meses, otros operadores como Iberostar han abandonado también varios establecimientos vinculados a estructuras estatales cubanas, mientras que grupos como Minor Hotels o Royalton han reducido o cesado su actividad en el país. Cabe remarcar que a principios del mes de mayo de este año Meliá ya comenzó a reducir de manera significativa su operativa en la isla, con el cierre progresivo de hasta el 50% de sus hoteles, en un escenario marcado por la caída de la demanda, las dificultades operativas y la reducción de conexiones aéreas.
El movimiento actual supone, por tanto, el punto más crítico en una relación de 36 años iniciada con el Sol Palmeras en 1990. Desde aquel primer hotel inaugurado con Fidel Castro y Gabriel Escarrer, Melià había sido una pieza central en el desarrollo del turismo cubano contemporáneo. Su retirada parcial en 2026 marca el cambio más profundo en esta alianza histórica, en un momento en que el sector turístico de la isla afronta una caída sostenida de visitantes y un entorno geopolítico cada vez más restrictivo para la inversión extranjera.