Literatura

Pere Estelrich i Massutí: "Sobre un escenario, es imposible morir mejor que Isolda"

Presenta su recopilación de artículos con el título ‘Crónicas wagnerianas’ el día 3 de junio en la plaza de España en el marco de la Feria del Libro de Palma

Pere Estelrich es matemático, escribe, divulga y esparce sapiencia.
02/06/2026
5 min

PalmaEl 3 de junio y en el marco de la Feria del Libro de Palma, en la plaza de España, Pere Estelrich i Massutí presentará su recopilación de artículos con un denominador común y un título bastante elocuente: Crónicas wagnerianas, editado por Edicions Documenta Balear dentro de la colección Menjavents. Estelrich no necesita introducción. Es conocido por méritos propios. Matemático, escribe, divulga y esparce sabiduría por doquier: en los periódicos, en la radio o sea donde sea que requieran sus conocimientos. Escribe como habla, claro y entretenido, como solo lo puede hacer quien porta un bagaje de muchos años y no poca faena, hecha con pasión, la que indiscutiblemente transmiten sus palabras.

Son diez artículos, donde cuenta sus idas y venidas a Bayreuth, la patria musical de Richard Wagner, el protagonista. Va acompañado de un prólogo magistral de Joan Roca i Avellà que deja con ganas de todo lo que vendrá a continuación. Un Preludio con el que abre la puerta de par en par a este mundo tan fastuoso e inabarcable como es el gesamtkunstwerk del incomparable Richard Wagner, aunque el libro cierra con una postdata que el autor dedica a Johann Sebastian Bach, su otro tótem musical. Nada es casualidad. Cuenta Estelrich que su padre tenía dos discos de vinilo, uno era Tannhäuser y el otro, la Misa en si menor, de Wagner y Bach, respectivamente. Cada domingo, en aquel tocadiscos de los años cincuenta, los iba alternando. Lo resume: “Por lo tanto, no puedo ser otra cosa que bachneriano”.

Intensidad y afán

Empieza la conversación con una declaración de principios. Y a partir de aquí, no para: “Wagner, cuanto más le escucho, más wagneriano me vuelvo. Wagner me seduce, hasta el punto de que he ido a Bayreuth un puñado de veces y mientras pueda nunca dejaré de volver. Me muevo por Wagner y seguramente por ningún otro compositor concreto lo haría, al menos con esta intensidad y afán. Un afán que ha ido creciendo con el tiempo. Es algo que siento, que noto, día a día. Esta es una circunstancia que no es excluyente. El amor wagneriano no quita el amor por otro compositor. Sigo siendo verdiano, beethoveniano, mozartiano. Se podría comparar con el amor. No porque ames a tu padre dejas de amar a tu madre”.

“Hace mucho tiempo me declaré parsifalista. En aquel momento era así. Tiene una explicación. El tiempo que estudié en Barcelona vi Parsifal, como mínimo, tres veces, en diferentes temporadas y versiones. También la primera vez que fui a Bayreuth vi Parsifal, pero poco a poco he ido ampliando este horizonte. Escuchas más y más Wagner, y con cada una de las audiciones te das cuenta de su grandeza, de la misma manera que, poco a poco, vas encontrando otros momentos tanto o más antológicos, que antes no habías advertido. Por ejemplo, el primer acto de La valquiria es uno de los primeros actos más grandes que se han escrito jamás. Y solo son tres personajes. Y los veinte minutos finales de Wotan. Este monólogo es brutal. Un amigo me dijo un día que era imposible morir mejor que Isolda. Y es así, ni Lucia Lammermoor, ni Tosca ni tantas otras se pueden comparar. Encima de un escenario es imposible morir mejor. Ahora la que me está costando un poco es el Götterdämmerung, pero solo es una cuestión de tiempo. De todas maneras, que quede claro que nunca he dejado de amar Parsifal. Fue mi primer Wagner que vi representado, en el Liceu”.

Y continúa las confesiones en primera persona: “Mi afición por la ópera empieza por la zarzuela. Mi padre nos acompañó, a mí y a mi padrino Tomeu, al Principal, a ver Los gavilanes. A partir de aquí, aunque yo era un niño de diez o doce años, empecé a entender que la música sinfónica era una cosa y la música escénica, otra. Pero sin duda lo que más ha marcado esta afición fue mi estancia en Barcelona, mientras estudiaba Matemáticas. Estoy seguro de que si no hubiera pasado estos cinco años en Barcelona, mi vida sería diferente, de la misma manera que mi afición a la música tampoco tendría nada que ver. Aun así, de mi padre, que fue fundador del coro de Felanitx y tocaba el órgano, heredé dos cosas de cuando él trabajó una temporada en Sabadell. Se suscribió a La Vanguardia y iba siempre que podía al Palau de la Música y al Liceu. Una herencia que he seguido al pie de la letra, tanto la suscripción, ahora ya digital, como la atracción, debilidad y curiosidad, digas lo que digas, por la música”.

Pere Estelrich, en cualquier caso, no rehúye la opinión sobre la actualidad musical: “En cuanto a lo que podemos ver de ópera en Mallorca, cabe decir que hace pocos días disfrutamos en Inca de un Così fan tutte, de kilómetro cero, más que digno. Lo que demuestra que tenemos un florecimiento de voces muy a tener en cuenta. Si hablamos del teatro Principal de Palma y su Temporada de Ópera, hay que decir que hace una programación que despierta mucha afición, y eso es tan meritorio como significativo. Es cierto que, por otra parte, los espectadores de la Sinfónica no son jóvenes, pero pienso que en algún momento esta inercia puede cambiar. Incluso pienso que, quizás, Rosalía puede atraer gente joven a la música clásica. En cualquier momento puede germinar una semilla que despierte la curiosidad de las nuevas generaciones. No soy pesimista. Se pueden hacer cosas. Todavía recuerdo un programa de George Gershwin, que hizo que el Auditòrium se llenara hasta la bandera y con gente joven. Quizás falta más difusión. Aquello de que ‘al buen vino no le hace falta letrero’ creo que hoy no es así”.

Oferta variada y numerosa

“Lo que es cierto es que en Mallorca tenemos una oferta variada, numerosa y de una calidad indiscutible. Son muchos los días que no es fácil decidir a dónde ir. Aquí ha habido dos momentos que marcan un antes y un después, como son la creación de la Sinfónica y la del Conservatorio Superior. Han sido dos revulsivos indiscutibles. Los músicos de la Sinfónica han dirigido bandas, han dado clases en el Conservatorio, han creado cuartetos. El bagaje es inmenso, a pesar de que en aquellos momentos de la gestación había mucha gente en contra, que decía que con este dinero se podía traer tres veces la Filarmónica de Berlín. En fin, una ‘anécdota’ que no hace falta ni comentar. Tampoco podemos olvidar el rol del Festival de Pollença. Es una maravilla. Sin duda la programación actual de Pollença se puede ver en cualquiera de los grandes y más importantes festivales europeos. Sin exagerar ni tener miedo a equivocarnos, se puede decir que su nivel es comparable al de Salzburgo, con la única diferencia del número de conciertos”.

Como colofón de la conversación, Estelrich la redondea con una sentencia: “Wagner es Wagner, pero puede que si tuviera que elegir solo una ópera, y que quede claro que solo es una hipótesis imposible, elegiría Il trovatore, o Don Giovanni, y a todo estirar en el zurrón también entraría Madama Butterfly”. Son palabras de un melómano, sabio, ecléctico y wagneriano, seguramente por este orden.u

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