Observatorio

¿El mejor Verdi?

La Orquesta Sinfónica ofrece el sexto concierto de la temporada acompañada de la coral UIB

Orfila, Lliteres, Mielgo, Tro… interpretando el 'Réquiem' de Verdi.
28/03/2026
2 min

PalmaLa pregunta del titular no tiene respuesta, pero el biógrafo de Verdi, Julian Budden, sentenciaba que era en el Réquiem donde mostraba la mayor concentración de su genio. De entre tantas misas de difuntos que habitan el universo de la música no resulta muy difícil pensar, con muchos elementos de juicio, que este que nos ocupa es el más complejo, monumental y antológico de todos ellos. No era un terreno que hubiera cultivado mucho Giuseppe Verdi. Fue su participación, con un Libera me Domine, que, junto con otros doce compositores, dedicaron a Gioachino Rossini, el cisne de Pesaro. Una piezaque no se estrenó ni siquiera cuando estaba prevista su primera interpretación, la conmemoración del primer año de la muerte de quien iba dedicado. Verdi lo rescató cuando decidió dedicar el suyo a Alessandro Manzoni. Así comenzó la historia de este colosal rascacielos musical del cual disfrutamos como sexto concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica Illes Balears, junto con el coro UIB, dirigido por Núria Cunillera, Mira Alkhovix, soprano; Sílvia Tro Santafé, mezzosoprano; Antoni Lliteres, tenor, y Simón Orfila, bajo. Dirigía el evento Pablo Mielgo.

Un acontecimiento y una constatación de dónde se encuentra y hasta dónde puede llegar la orquesta, por la dificultad que implica una composición de tan inmensos como maravillosos escollos. Comenzó con un sutil Requiem Aeternam, donde el coro entona un et lux perpetuam, que va cogiendo cuerpo. Una primera exhibición del dominio grupal del compositor, que la Coral universitaria, como se decía antes, no desaprovechó, antes al contrario, volvió a constatar sus virtudes polifónicas, que han sido sello de la formación desde hace casi cincuenta años. Tan solo dos momentos puntuales, como en el Tuba Mirum, espectacular, donde compitieron con la orquesta, que ni dio tregua ni desaprovechó momentos de extrema afectación y complemento perfecto del cantante de turno. Un buen ejemplo, entre muchos otros, lo tenemos con el Confutatis, que interpretó con tanta contundencia como riqueza de matices Simón Orfila. Silvia Tro también dejó huella ya desde el colorista Liber scriptus. Un lujo que como en el caso de Orfila no sorprendía ni poco ni mucho, como demuestra y demostró en cada una de sus intervenciones. Antoni Lliteres eligió la opción del volumen y resolvió muy correctamente su rol, con un Ingemisco que nunca es nada sencillo. De quien no tenía referencias era de la soprano Mira Alkhovix. Llegó sobrada de facultades y excelencias en los tres últimos movimientos de la composición, a partir del Libera me-Dies Irae hasta el final. Un tour de force mayúsculo para redondear una velada senza errore. Me queda una pregunta: ¿Cuándo llegará la Missa Solemnis de Beethoven?

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