Los turistas franceses que se llevaron 600 kg de arena de una playa de Mallorca

En los años 60, unos empresarios galos extrajeron arena de la playa de Portocristo para recrear una playa artificial en la Costa Azul en una operación turística insólita

ManacorUna mañana de 1965, unos hombres de negocios franceses se llevaron 600 kilos de arena de la playa de Portocristo para recrear una playa artificial en la Costa Azul. Aquella operación, llamada Operation Plages Internationals, convirtió un pedazo del litoral mallorquín en una curiosa postal turística a mil kilómetros de distancia.

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Los hechos se produjeron en plena temporada de verano, cuando unos empresarios procedentes de Antibes, en la Costa Azul, llegaron a Portocristo con un claro objetivo. Trajes con americana oscura y gafas de sol, detuvieron el coche de alquiler cerca de la playa urbana y, según relataba la época, confirmaron que las coordenadas eran las correctas. El proyecto ya estaba en marcha.

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La operación formaba parte de un acuerdo previo con la Marina y el Ayuntamiento de Manacor y se enmarcaba dentro de una iniciativa turística impulsada bajo el nombre de La Siesta. Según los promotores, la playa de Portocristo había sido seleccionada como una de las 30 más destacadas del mundo, en un momento en el que la regulación medioambiental era prácticamente inexistente.

En pocas horas, unas máquinas entraron en la playa y extrajeron hasta 600 kilos de arena, el volumen necesario para construir una playa artificial en la Costa Azul. El material se embaló en sacos de nylon azul con la inscripción del proyecto y se trasladó en camión hasta el aeropuerto de Palma, desde donde un avión de carga de Air France le transportó hasta su destino final.

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Allí, en los alrededores de Antibes, la playa recreada recibió el nombre de Portocristo. El Diario Baleares dejó constancia el 31 de agosto de 1965, donde explicaba que el complejo turístico incluía plataformas con sombrillas y hamacas para que los visitantes pudieran estirarse y "soñar que estaban en Mallorca".

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La muestra formaba parte de una exposición más amplia que recreaba playas de todo el mundo, con nombres como Copacabana, Acapulco, Tánger y Dakar, y que convertía a la Costa Azul en un catálogo internacional de destinos de sol y playa.