La revista manacorense que irritó a Franco y acabó convertida en equipo de fútbol histórico
Cuando el franquismo quiso silenciar 'Es Forat', sin saberlo, creó la leyenda
ManacorEra diciembre de 1970 cuando un sobre postal enviado desde Manacor llegó en motocicleta al Palacio del Pardo de Madrid. Después de los preceptivos controles de seguridad, el sobre, del tamaño de un folio, acabó encima de la mesa del dictador Francisco Franco. Al abrirlo descubrió lo que ya le habían advertido desde Mallorca: dentro había una revista subversiva, con artículos en catalán llamada Es Forat. Fundada por Pep Lluís Fuster y Toni Riera, la publicación pretendía dar una mirada multidisciplinaria con artículos de literatura, cine y actualidad.
Pero no era este el principal problema. En la quinta página y bajo el título Carta d’un jove emancipat, un artículo que parecía empezar bien: “No hay duda, somos gente nacida en medio de estrellas, uvas y trigo de oro viejo, es nuestra una patria así como es debido, nosotros somos una gentecita admirable”, en realidad escondía una denuncia vestida de ironía. El texto se preguntaba cómo en un país así, tan brillante, podían acontecer hechos tan deplorables como la muerte impune de tres obreros granadinos a manos de la Guardia Civil, y sin que supusiera ninguna consecuencia judicial.
El artículo lo firmaba Joan Parera, el cual después sería profesor y director del Institut Mossèn Alcover de Manacor. No hacía falta ser muy listo para saber que aquello tendría algún castigo. Y más sabiendo que quien había enviado aquel sobre beis no era precisamente la administración franquista mallorquina, sino los mismos editores de la nueva revista. “Éramos así de inocentes, teníamos 18 años y la enviamos a los altos cargos del régimen como el jefe provincial del Movimiento, Salvador Bauzà, y al alcalde de Manacor… ¡a todas partes!” recuerda Biel Sureda, primer presidente de la parte social de Es Forat.
Con todo el revuelo montado y promocionado, solo era cuestión de tiempo que unos agentes especiales llegados de Madrid comparecieran en la ciudad de las perlas: “Gabardina, cuello alto y gorra, talmente inspectores. Por el pueblo dijeron que me buscaban. Yo trabajaba en el banco central repartiendo letras”, dice Sureda, que aún recuerda cómo lo citaron en la sede de Es Forat, un sótano del Obispado situado justo enfrente de la parada de los camiones, en la plaza del Cós, y donde en el primer piso las monjas hacían las hostias consagradas de misa.
“Me sentaron al otro lado de mi mesa, encendieron la luz de la mesa y me la enfocaron a la cara… yo pensé: ¡ya está!, ¡sospechoso!”. “Se ve, sin embargo, que me vieron un poco tierno y cohibido [sonríe] y pronto vi que lo que buscaban los que estudiaban en la universidad. Repasaron las fichas de todos”. Así, las primeras represalias las sufrió el mismo Biel Sureda, quien fue denunciado ante el Tribunal de Orden Público (TOP) y obligado a personarse y a firmar cada semana como prueba de que aquella “célula comunista” continuaba a raya.
En Es Forat guardaban la imprenta-copiadora y las ganas de ocupar un espacio de resistencia cultural en Manacor. “Unos jóvenes de 18 años como vosotros no debéis perder el tiempo en estas cosas… dejad la política y montad un equipo de fútbol”, recuerda Toni Perelló ‘Confit’ (primer presidente deportivo) que les dijeron los agentes como alternativa forzada.
“Fue lo que hicimos… no teníamos otra opción”. Era una salida inesperada que poco tenía que ver con lo que habían pensado en un principio… pero era la única que no acarrearía más contraprestaciones. Aunque a Joan Parera, autor del artículo de los crímenes de Granada, finalmente lo destinaron lo más lejos posible de Mallorca para hacer el servicio militar: iría a Ferrol, precisamente, la tierra del Caudillo.
“Ya jugábamos a fútbol como aficionados el año 1969, pero fue la temporada 1971-1972 que empezamos a competir en el llamado Torneo de Educación y Descanso, una liga local organizada por el sindicato, donde Es Forat nunca tuvo ningún problema para ganarla, porque daba mil vueltas a los demás, los años que estuvo”, recuerda Xisco Lladó ‘Frisan’, uno de los cofundadores del club. En 1973, incluso llegaron a disputar el campeonato de España en Castellón.
Entre los equipos que compitieron se encontraban Can Tomeu (posiblemente los grandes rivales), los Tripolinos (del mítico bar Trípoli), Can Costa, Sa Volta y el 1808 Royal Club, un nombre grandilocuente que representaba el bar de la planta baja del Cine Goya. Todos los partidos se disputaban en el llamado campo municipal de deportes, en Na Capellera.
Pero a finales de la década de los 70 el torneo del régimen, llegada la Transición, murió de desgaste. Unos años de inactividad que acabaron coincidiendo con el inicio de los 80, cuando se puso en marcha la Liga de Peñas. En 10 años, Es Forat ganó la mitad de los campeonatos. “Nosotros formamos parte hasta la temporada 89-90, cuando decidimos dar un paso más e inscribirnos en la liga de empresas, que era para equipos de todas las Baleares y que tenía un nivel similar a la preferente de aquellos tiempos, con muchos jugadores que habían jugado con el Manacor y otros equipos de tercera”, añade Lladó.
De aquellos años destaca la presidencia honorífica de Andreu Pasqual ‘Frau’, quien también cedió los terrenos del campo de tierra donde durante dos décadas se disputaron los torneos de peñas y empresas. Si hablamos de entrenadores, Es Forat, comenzó con Joan Morey ‘Lobé’, después Joan Febrer ‘Randa’, Pedro Sureda ‘Kocsis’, Miquel Reus, Sion Caldentey y Manolo Riera Guardiola, quien antes también había sido un gran organizador de juego en el campo.
Joan ‘Beió’, el gran goleador
Si alguien, sin embargo, destacaba por encima de los demás era sin lugar a dudas Joan ‘Beió’, un delantero goleador que había jugado en el Atlético Baleares. “Con él y Pep Pinya en el centro del campo repartiendo juego, era muy sencillo jugar. Aunque solo no entrenáramos durante la semana, ya nos sobraba”, recuerda Manuel Parera, parte de Es Forat durante los 80 y principios de los 90.
‘Beió’ parecía el típico delantero para quien el fútbol era secundario. Uno de aquellos outsiders más preocupados por la vida alternativa que por cuidarse y hacerse una carrera deportiva de cierto nivel. “De talento, tenía muchísimo y de goles, hizo hasta que se cansó. Él solo podía aguantar a todo el equipo… aunque muchas veces lo habían de ir a buscar si querías que se presentara”, explica Joan Sebastià Amer ‘Garanya’, que entró en el equipo con tan solo 13 años y ya se quedó “me sacaban para correr y molestar arriba”, bromea.
El equipo de la última etapa, el que duró hasta el año 2001, posiblemente ha sido el más alegre y competitivo. Un club, por aquellos tiempos llamado Bar Can Miquel-Es Forat, capaz de ganar al CE Manacor en más de una pretemporada. Un grupo de amigos que jugaba por gusto y que compitiendo al fútbol áspero de la liga de empresas consiguió tres campeonatos, siempre en lucha directa con los lugareños de Ca Sa Miss Jotul y Ca Na Paulina, los otros dos dominadores.
Es Forat llegó a disputar dos campeonatos de España más: uno en Zaragoza en 1994 y uno en Valencia en 1999, dos años antes de desaparecer definitivamente. “Hay muchas vivencias y anécdotas. De vez en cuando teníamos ofertas de equipos federados, pero no nos interesaba, Es Forat era mucho más divertido. Nunca nos hicieron más de dos en un partido. Nunca nos golearon”, dice Joan Salas, defensa central titular durante la última década.
“Una vez en Sa Pobla me insultaron… recuerdo que acababa de morir mi madre y aquello me sentó muy mal. Le di un puñetazo y lo dejé en el suelo. Claro, después todos me querían pegar a mí”, rememora Joan Vanrell, el otro gran goleador de la historia de Can Miquel-Es Forat. Delantero potente, pero fino en la definición, no había semana que no hiciera dos, tres o cuatro goles sin despeinarse. Vanrell acabó fichando por el Felanitx.
El escudo, obra de Pere Serra
“De repente encargamos un escudo, un símbolo que nos definiera”, sostiene Biel Sureda, que llamó a su amigo, el arquitecto Pere Serra, para que “hiciera una cosa distinguible como Nike”. “¿Y qué hay que decir?” contestó Serra. “Es Forat, porque la sede es, básicamente, un agujero hacia abajo”. “En Pere lo clavó, hizo el dibujo de una mano que formaba un agujero con los dedos, como un ok… ¡era perfecto!”.