El bar Bosch: 90 años de café, tertulia y langostas

Se cumplen noventa años del punto de encuentro por excelencia tanto de 'llonguets' como de visitantes de Palma

Foto antigua del Bar Bosch
28/02/2026
6 min

Palma¿Quedamos en el Bosch? Imposible llevar la cuenta de cuántas veces se han dicho esto dos 'junquillos', que es como se conocen –orgullosamente, dicen ahora– los habitantes de Ciutat. Hace noventa años, en febrero de 1936, abrió sus puertas este establecimiento, punto de encuentro habitual de residentes y visitantes; y del que justamente el salchichón, en su acepción de pan pequeño con un surco a lo largo, ha sido y es su referencia, aunque en este caso con el nombre popular de langosta.

"El bar Bosch", escribía la añorada Maria-Antònia Oliver hacia 1988, "seguía siendo una especie de ombligo de Ciudad. Estaba allí donde nos encontrábamos los amigos, para después decidir qué hacíamos ese atardecer. Era allí donde parecía obligado quedarse para encontrarse, cuando yo, ahora, yo, cuando yo vivía... hora del día, podías encontrar a alguien conocido, si tenías conocidos. Era una institución que se mantenía, sólida y eficaz, en medio de un mundo cambiante de formas".

"Todos los caminos llevan al bar Bosch", afirma el escritor y periodista Carlos Garrido. "Cada ciudad tiene su café-cruce. Así como todos los caminos llevan a Roma, así todos los caminos ciudadanos llevan a ese local (...) Hablar de cafés de Palma es sin duda hablar del bar Bosch. Allí donde confluyen los caminos de casi todos los palmesanos".

Su ubicación resulta, ciertamente, estratégica. En un rincón de la plaza de Juan Carlos I –todo el mundo le dice "de las tortugas"–: el corazón de Palma al menos desde el siglo XIX, cuando fue inaugurado el obelisco diseñado por el madrileño Isidro González Velázquez, sostenido por los animales que han dado el nombre popular a este espacio. Al lado, la calle de Can Brondo, desembocadura del bajón desde Cort, desde la ciudad alta hasta la ciudad baja.

Uno de los cuadros que podemos encontrar en las paredes de Bar Bosch

Obviamente, el Bosch ya es ciudad baja, y por ésta circulaban siglos atrás las aguas que, de vez en cuando, recobran la memoria. Esto es lo que ocurrió en 1962: en una fotografía aparecen los camareros con escobas y gesto desolado y los clientes en la puerta, sin poder cruzar la calle, invadido con furia por la corriente de la lluvia acumulada.

Escenario de novela negra

El Bosch ha servido también de escenario a novelas del género negro. En Antípodas, una historia de la ya citada Maria-Antònia Oliver, protagonizada por su investigadora Lònia Guiu, oa Cita en Belgrado, narración de Antoni Serra con su investigador Celso Mosqueiro: "Mosqueiro, desde el taser del bar Bosch –único punto movido en medio de la ciudad espectral y silente– contemplaba la soledad húmeda de la fuente de las Tortugas e iba bebiéndose a sorbos el café espé.

"Sin los cafés y los periódicos resultaría difícil viajar", escribió Albert Camus, y lo hizo a raíz de su visita a Mallorca: "Un lugar donde, de noche, intentamos tratarnos con otros hombres, nos permiten (...) representar al hombre que estábamos en nuestra casa". No es posible que Camus se detuviera en el Bosch, porque él fue en las Islas en verano de 1935 y el bar Bosch se inauguró en febrero de 1936. Lo abrió Jaume Bosch Coves –de ahí el nombre–, que conocía bien el mundo de la restauración porque había sido cocinero del Gran Hotel, el que es ahora el CaixaFòrum Palma.

En el piso superior del Bosch, según Garrido, "se desarrollaba la intensa vida social de los bares de posguerra. Juegos de cartas, tertulias, peñas". Entonces, lo de las redes sociales no existía, debía socializarse en vivo y en directo. Hacia los años cincuenta fue un lugar de encuentro de los aficionados al ajedrez y escenario de sus partidas.

El Bosch estuvo relacionado, también, con algún episodio de la oposición democrática al franquismo. El fallido consejo de redacción que, desde la izquierda ilegal, había tratado de conseguir las riendas de la revista Lucas, entre ellos Antoni Serra y Josep Maria Llompart, se reunió en el Bosch "de madrugada", relata Serra, para redactar una carta de protesta "que, naturalmente, los diarios no publicaron". En marzo de 1975, el destacado opositor Antoni Tarabini fue detenido en sus proximidades.

Aquellos mismos setenta, después de casi cuarenta años de estar a la cabeza, Jaume Bosch vendió el bar con su linaje a Onofre Flexas, cuya familia le ha llevado hasta la actualidad. En un principio también fue socio Joan Suau, quien justamente acaba de morir. Verlos a ambos detrás de la barra, al pie del cañón, era una imagen habitual para la clientela.

En abril de 1984, dos entonces jóvenes periodistas, Fernando Merino –texto– y Joan Miquel Ferrà –fotografías– pusieron en práctica todo un desafío: pasarse 'Doce hores en el bar Bosch', cómo se tituló el reportaje que publicaron en El Día de Baleares. Vivieron, y contaron, recuerda Merino, todas las fases de la jornada: el café matinal de los trabajadores y de los políticos, más tarde el aperitivo de la burguesía y después las cañas de los jóvenes al caer por la tarde –eso del 'anochecer' se ve que ya existía, aunque no se llamaba así. Y alguna visita curiosa, como el actor Ismael Merlo, que en esos días actuaba en el Principal.

El emblemático edificio del centro de Palma presidido por el Bar Bosch

"Al principio seas a observar", relata Merino. "Pero llega un momento en que el Bosch te absorbe: no lo observas, estás dentro". Aquel reportaje fue un evento del periodismo mallorquín y "ayudó a consolidar", señala quien lo redactó, ese nuevo Bosch de Flexas y Suau como punto de encuentro por excelencia de Ciutat.

"¿Cómo qué comer una langosta?"

Por este bar ha pasado todo el mundo. El pintor Joan Miró se acercaba a tomar un café con leche cada tarde. También era habitual su nieto David, al que recuerda José Carlos Llop, "rascándose con rapidez el pelo reojo y bajando la cabeza gesticulando". Han dejado sus dedicatorias el piloto de carreras Niki Lauda, ​​el boxeador Alfredo Evangelista, el astronauta Pedro Duque, el futbolista Miquel Àngel Nadal, la cantante Chenoa, la actriz Sara Montiel, Los Valldemossa, el artista Miquel Barceló y los actores Simó Andreu y Xesc. Dicen que estuvo Henry Kissinger, quien fue secretario de estado norteamericano, y que un cliente habitual hizo cachondeo con "¿cómo es que éste ha venido al mismo local que yo?".

La proximidad de dos teatros, el Principal y el desaparecido Rialto, y la condición habitual de plató de cine de Mallorca, ha propiciado que sea mucha la gente del espectáculo venida del exterior que ha pasado por el Bosch: Fernando Fernán Gómez, Don Juan Fernando Javier Escrivá, Pepe Martín, Jaime Blanch, Imanol Arias, Lorenzo Quinn, Tricicle –que acuñaron el neologismo 'boschatas, los mejores de Palma'– y María Luisa San José, quien dejó una dedicatoria a la que aseguraba que "las mejores langostas las tienen Onofre y Joan". El actor Jordi Mollà se sentó en la terraza a hacer un variado e improvisó un dibujo.

Porque, puesto que empezábamos hablando de longuetes, hay que recordar que el plato estrella del Bosch es uno de esos panecillos, bien tostado y restregado de tomate, con contenidos diversos –aunque el clásico es el jamón con queso– y que todo el mundo conoce como 'langosta'. Nombre tan desconcertante como el gesto que ponen aquellos venidos del exterior que se sientan por primera vez en sus mesas, cuando les anuncian que les invitarán a comer una langosta –¿le habrá tocado el gordo a este buen hombre?

El color rosadito que toman con el tomate los longuetes del Bosch, "quizás los más gustosos de Palma", según Sebastià Alzamora, sería el origen de esta denominación tan curiosa. Uno de los camareros habría sido el acuñador de la expresión. Los camareros históricos de El Bosch eran toda una institución. Tratar con ellos era aprender una lección de estoicismo y de mallorquinidad: "Sí, el pedido vendrá de repente, no quisieras, hijo mío, talmente, para qué".

El geógrafo y escritor Climent Picornell describe así la clientela heterogénea del Bosch, un día cualquiera: "El broker de un banco importante", tres conservadores furibundos, dos chicas discretas que parecen hermanas, los parroquianos llamativos de la barra, políticos venidos de Menorca... "Como Roy, de Blade Runner, puedo parafrasear 'he visto cosas en el bar Bosch, más allá de Orión, que los humanos no creerían, como arquitectos abucheando por sus móviles o entrenadores del Mallorca –Víctor, con Pichi– haciendo sus alineaciones'". Sí, Bosch es todo un universo. Que lo sea por muchos años más.

De teatro romano en grandes almacenes

¿Qué había en esta esquina estratégica de Palma antes del Bosch? En una imagen del colectivo Fotos Antiguas de Mallorca, aportada por Conxa Fortesa y fechada de finales del XIX o principios del XX, aparecen los grandes almacenes San José, con amplias vidrieras y, en los escaparates, maniquíes luciendo los modelos que debían hacer furor en la época. Por cierto: no deja de ser curioso que hace más de un siglo ya hubo, en Palma, grandes almacenes, mucho antes de que este término lo popularizaran Galerías Preciados y El Corte Inglés.

¿Y todavía mucho más tiempo atrás? El arquitecto Luis Moranta Jaume lanzó la hipótesis de que ahora es el Bosch se encontraba, hace un montón de siglos, el desaparecido teatro de la Palma romana. Se basó en la estructura radial que trazan las paredes medianeras de la manzana, similar al teatro de Vicenza y al Pompeyo de Roma ya los anfiteatros de Lucca y Florencia. Sin ir tan lejos, tanto la estructura como las dimensiones recuerdan mucho al teatro de Pollentia. Si bien los sondajes arqueológicos que se llevaron a cabo no aportaron resultados concluyentes.

Curiosamente, Valentí Puig habla del "anfiteatro del bar Bosch", quizá por ese tipo de espectáculo público que constituyen los propios clientes y la gente que pasa, al estilo de las terrazas parisinas. Puig hace referencia al "triángulo magnético cuyos ángulos se situaban en el bar Formentor, el bar Saint-Emilion", estos dos ya desaparecidos, "y el bar Bosch, siempre en pujanza"

El Bosch, señala Puig, "es el arca de Noé, acogedora y de vida pululante, navegando con rumbo seguro y humor por los días y las noches de una ciudad que a veces parece haber perdido su temple: aquel que se sienta en la terraza del Bosch (...) con solo mirar el río de gente que pasa podría diplomarse en el 'Antrop'... en el 'tropo'... en el 'tropo'...''

Información elaborada a partir de textos de Carlos Garrido, Valentí Puig, Clemente Picornell, José Carlos Llop, Sebastià Bennasar, Maria Antònia Oliver y Antoni Serra, el testimonio de Fernando Merino, los diarios Última Hora, Diario de Mallorca y El Día de Baleares y el colectivo Fotos Antiguas de Mallorca (FAM).

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