Cine

Atlàntida Film Fest: de iniciativa pionera en línea a gala de estrellas

Liv Ullmann, Michael Douglas, Judi Dench e Isabelle Huppert son algunos de los que han pasado por el festival, que llega a los dieciséis años de trayectoria

Edición de 2024 del Atlàntida Film Fest.
28/07/2026 - 22:40 h.
5 min

PalmaEl Atlàntida Film Fest llega a su decimosexta edición con una trayectoria intensa, que le ha llevado de ser una experiencia pionera e insólita, una muestra cinematográfica en línea, a convertirse en uno de los encuentros de referencia en el Estado: primera posición entre los festivales que se celebran en verano, segundo mejor puntuado entre todos los certámenes, según datos del Ministerio de Cultura. Como todo festival de cine relevante, un buen puñado de estrellas se han paseado por sus inauguraciones y clausuras: Liv Ullmann, Michael Douglas, Judi Dench, Vanessa Redgrave, Isabelle Huppert, Joseph Fiennes, Britt Ekland… Este año, Gael García Bernal, Javier y Carlos Bardem, Fernando Trueba, Jaime Chávarri, Rodrigo Sorogoyen y la actriz mallorquina Victoria Luengo, entre otros.

Pero el photocall, ese espacio con el cartel y patrocinadores del certamen por el que desfilan los famosos, no fue su primera vocación. Vivíamos la crisis de 2008, también la sufría el cine, y no había manera de que muchas producciones valiosas pudieran llegar a las salas, una buena parte de las cuales cerraban. Los creadores de la plataforma Filmin se plantearon esta fórmula, la de festival en línea, como manera de darlas a conocer.

¿Por qué Atlántida? El nombre de un continente perdido –cuenta su director y cofundador de Filmin, el mallorquín Jaume Ripoll– reflejaba el peligro de “aquellas películas que corrían el riesgo de perderse”. Servía también para “animar a la aventura a un espectador más inquieto”. Aquello salió bastante bien. De 2011 a 2015 se llevaron a cabo cinco ediciones virtuales, con una sección oficial dedicada al cine español y latinoamericano, y un segundo apartado, Atlas, con largometrajes del resto del mundo. En la cuarta convocatoria se superaban los 40.000 espectadores.

Sí, bastante bien. Había que arriesgarse. Como dice Ripoll: “Si fuera fácil, no sería el Atlántida”. En 2015, el festival incorporaba un taller, a cargo de Anna Broinowski, en el que se explicaba a los participantes cómo usar, en un rodaje, las técnicas propagandísticas de Corea del Norte. Y esta es una de las muchas audacias que le han situado en un plano poco convencional.

La aportación de las instituciones

La Atlántida, haciendo honor a su nombre, se ha ‘mojado’ con proyecciones, temáticas e invitados no siempre complacientes: el documental de David Bernet Democracy, muy crítico con el Parlamento europeo; una conferencia del abogado del expresidente Puigdemont, Gonzalo Boye; producciones relacionadas con el orgullo LGTBI; El caso Kurt Waldheim, de Ruth Beckermann, que ponía al descubierto el pasado nazi de quien fue secretario general de la ONU; Holiday, de Isabella Eklöf, con imágenes ciertamente osadas; El venerable W., del iraní –de madre residente en Ibiza– Barbet Schroeder, sobre un monje budista que promovió la persecución de los rohingyas, musulmanes birmanos; la película del mallorquín Agustí Villaronga Born a King, muy criticada por haberla rodado en Arabia Saudí; y, entre muchos otros, las referencias, marcadamente comprometidas, al genocidio en Gaza, en el acto inaugural del 2025.

Desde el 2016, la Atlántida comparte el escenario virtual con otro físico: Palma. Se eligió Mallorca porque los fundadores de Filmin son mallorquines, porque no existía aún un certamen con cierta proyección y porque, añade Ripoll, “los políticos lo vieron con buenos ojos”.

En paralelo al desarrollo del festival, también ha subido de manera significativa el apoyo económico de las instituciones de las Islas. En 2016, el Institut d’Estudis Baleàrics (IEB), la entidad del Govern que se había hecho cargo de las subvenciones en materia de cultura, otorgó a la Atlántida 25.000 euros, cantidad que en 2018 se duplicó, hasta los 50.000. En 2019 ascendieron a 60.000; en 2020, a 72.592,80, y en 2021, a 75.000 euros, la misma cantidad que en 2022. En 2024, según se ha publicado, la ayuda del IEB creció de manera espectacular, hasta los 188.000 euros.

El IEB consta como entidad financiadora de la Atlántida, pero también se añade el apoyo de la Fundació Mallorca Turisme –del Consell de Mallorca–, el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales – del Ministerio de Cultura–, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del gobierno de España, la Unión Europea y el Ayuntamiento de Palma.

En 2025, la Atlántida recibió del IEB una subvención nominativa, es decir, sin convocatoria, de 350.000 euros, casi cinco veces el importe máximo de las ayudas que van por línea de aportaciones a ferias y festivales (75.000). Según el Gobierno, esta excepcionalidad “se justifica por su carácter singular y no reproducible, ya que es el festival híbrido más grande del mundo, con estructura consolidada” y que, además, “goza de un interés público y cultural acreditado, porque promueve el acceso gratuito a la cultura, impulsa el talento balear y fomenta la inclusión y sostenibilidad”.

El presupuesto de 2026 ronda el millón de euros, 350.000 de los cuales son procedentes del IEB, que representan cerca de la tercera parte. Este año, la Atlántida ha recibido, además, una subvención, también nominativa, del Ayuntamiento de Palma, por valor de 35.000 euros.

Carteles, conciertos y cine mallorquín

En cualquier caso, Jaume Ripoll no se ha escondido de mostrarse crítico con las administraciones públicas cuando lo ha encontrado adecuado. Alguna vez ha expresado la preocupación por el retraso con que se abonaban las ayudas. La mañana del mismo día que se inauguraba la edición de 2018, en Bellver, publicaba un tuit sobre una amenaza de una institución de hacer atrás la ayuda al Atlàntida si su logo no aparecía con dimensiones más grandes.

Y, con la sede física, llegó el glamour. En 2017, el Atlàntida rendía homenaje a Guy Hamilton, muy vinculado a Mallorca, con la presencia de Britt Ekland y Joseph Fiennes. En sucesivas ediciones, han recibido el premio Master of Cinema; lo han entregado o han presentado sus películas Vanessa Redgrave, Roland Joffé, Ken Loach, Michael Douglas, Judi Dench, Stephen Frears, Neil Jordan, Isabelle Huppert, Matt Dillon, Irène Jacob, Fernando León de Aranoa, Juan Antonio Bayona y Marina Abramović, entre otros. No se dedica al cine, pero la reina Letizia se ha convertido en una habitual de las galas inaugurales o de clausura: antes en Bellver, los últimos años en la Misericòrdia, que se ha consolidado como el palacio del festival.

Ripoll ve “compatible” la presencia de estrellas con el rigor en la programación: “Una estrella da visibilidad a un festival. Pero su solidez se demuestra por la programación. La programación es la fortaleza”. El aterrizaje físico en Palma marcó un giro en la temática: del ámbito iberoamericano se pasó al europeo. “Era un momento de tensión” en el continente, recuerda el director del Atlàntida, y se optó por los “temas que interesaban a los europeos”.

Jaume Ripoll se arriesgó cuando llegó el coronavirus y afirmó que, aun así, en 2020 habría festival. Cannes se tuvo que suspender, pero el Atlàntida aprovechó una de sus herramientas: las proyecciones al aire libre, eso sí, con la distancia de seguridad establecida. Desde entonces, cambió sus fechas: antes se hacía alrededor de Sant Joan, ahora alrededor de Sant Jaume.

Pero no basta con el cine. Cada edición del Atlàntida ha incluido también charlas, conciertos, jornadas profesionales, talleres y otras actividades complementarias. “Un festival como el nuestro –explica Ripoll– tiene que llegar a todas las audiencias, a nuevos públicos”. Sí, quizás una joven espectadora viene a escuchar al músico de turno, pero después se queda a la película. De eso se trata. Todas las actividades son gratuitas, a excepción de las que se llevan a cabo en salas de cine.

La primera edición en Mallorca se anunció con un cartel de lujo: una obra de Miquel Barceló. Han seguido artistas como Albert Pinya y Ana Cabello. Este año se ha optado por una imagen de Errol Flynn, una estrella muy vinculada a Mallorca, obra de Josep Planas i Muntanyà, procedente del archivo de Casa Planas.

La presencia de los cineastas mallorquines en la programación ha sido una constante a lo largo de la historia de l'Atlàntida. Desde nombres consagrados, como Agustí Villaronga y Cesc Mulet, a talentos más jóvenes como Carles Bover, Miguel Eek, Antonina Obrador, Marcos Cabotà y Marga Melià, entre otros. “Es la obligación del festival”, afirma Ripoll. “Debe trabajar por los creadores del territorio”. Y considera que, en estos diez años de implantación en Mallorca, l'Atlàntida ha contribuido a su crecimiento.

stats