La última batalla del centro político: la historia del fracaso de Miquel Roca y Unión Mallorquina

Hace cuarenta años, en junio de 1986, Unió Mallorquina y Unió Democràtica de Menorca participaron en la fracasada Operación Roca del Partido Reformista

PalmaFue conocida como Operación Roca por el nombre de su líder, Miquel Roca, figura destacada del catalanismo político. Y fue un intento fracasado de resucitar una formación de centro, tras la desaparición de Unió de Centre Democràtic (UCD). Hace cuarenta años, en junio de 1986, se presentaba a las elecciones generales el Partido Reformista, con la participación de Unió Mallorquina (UM) y de Unió Democràtica de Menorca (UDM) en el ámbito de las Islas, en aquella extraña plataforma en la que el principal dirigente ni siquiera concurría con las siglas comunes, sino con las de Convergència i Unió, en Cataluña. Su fracaso se explica, probablemente, porque esto no lo entendió nadie.

Solo cuatro años antes, en octubre de 1982, las urnas se habían llevado la hegemonía de UCD, la formación que había conducido el gobierno del Estado. Los democristianos y una parte de los liberales se habían acercado a Alianza Popular, el actual Partido Popular. Los socialdemócratas, al PSOE. Adolfo Suárez, el líder histórico de la UCD, había constituido su propio partido: el Centro Democrático y Social (CDS). Jeroni Albertí, que había sido el jefe de la formación en las Islas y presidente preautonómico, también optó por crear una formación nueva: Unió Mallorquina.

Lo que después había de ser la aventura reformista ya se comenzó a esbozar en el congreso constituyente de UM, en marzo de 1983. Intervino Miquel Roca y, como recoge Francesc Xavier Granados, además de desearle mucha suerte al nuevo partido, aprovechó para invitarles a participar en un proyecto reformista a escala estatal; sin usar, todavía, la palabra mágica: ‘centro’.

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Miquel Roca Junyent era el número dos de Jordi Pujol, que entonces ya era presidente de la Generalitat. Roca era bien conocido en el conjunto del Estado como portavoz en el Congreso y por ser uno de los ‘padres’ de la Constitución. Todavía se mantendría en la actividad política hasta los años noventa. Mucho más recientemente, había de reaparecer en el sorprendente papel de abogado de Cristina de Borbón en el caso Nóos, instruido en Palma.

Roca y la política balear

En las primeras elecciones autonómicas, el mayo siguiente, UM se presentó en coalición con otros huérfanos de UCD: el Partit Demòcrata Liberal (PDL), por indicación expresa de Miquel Roca, según el mismo Albertí –los quería, a ambos, como parte de su proyecto. En las Pitiusas, en cambio, el PDL se presentó en solitario y, aun así, su candidato, Alonso Marí Calbet, salió elegido. Al constituirse la cámara autonómica, el liberal Pedro Pablo Marrero se convirtió en el vicepresidente.

A pesar del pacto que hizo el presidente el popular Gabriel Cañellas, UM y sus socios insistieron en marcar perfil propio a lo largo de la legislatura. Hacia finales de 1984, el PSOE anunciaba una moción de censura. La pelota quedaba, claro está, en el tejado de regionalistas y liberales. No era el momento más adecuado. Justamente en aquellas fechas se constituía el Partit Reformista Democràtic, la lanzadera que se suponía que debía llevar a Miquel Roca a la Moncloa, y la nueva formación no veía con buenos ojos que sus socios de las Islas traspasaran el Gobierno a los socialistas. Una reunión en la Fundación Joan March, en Madrid, propició la reconciliación entre Albertí y Cañellas.

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El congreso de UM de mayo de 1985 selló la entrada de los regionalistas en la Operación Roca. Pero las desavenencias con los populares rebrotaron solo unos meses después; se volvía a plantear un cambio de color en el Consolat de Mar. Y otra vez Albertí recibió una llamada telefónica de Miquel Roca que le advertía que los reformistas continuaban sin dar el visto bueno a aquel cambio, y le recordaba que la Banca March era una de las fuentes de financiación. Otra vez, todo quedó como estaba.

Información elaborada a partir de textos de Francesc Xavier Granados Coll y Gonzalo Adán Micó y Miquel Payeras Femenias, los diarios Llegaba el momento de la verdad: las elecciones generales de 1986, convocadas para el 22 de junio. El Partido Reformista se presentaba como una alternativa al hegemónico PSOE de Felipe González. Y, por supuesto, reivindicaba el valor pragmático y moderado del centro, aquel de la añorada UCD. No eran los únicos: Suárez y su Centro Democrático y Social reclamaban también para sí esa etiqueta.

De dos posibles diputados a ninguno

Lo cierto es que la Operación Roca era muy extraña. Su candidato a la presidencia del gobierno, Miquel Roca, no se presentaba por ese partido, sino por Convergència i Unió, en Cataluña. Garrigues ni siquiera era cabeza de lista en Madrid, sino que cedió el primer puesto a un jurista de prestigio, Federico Sainz de Robles. El futuro presidente del Real Madrid Florentino Pérez también estaba entre los promotores. Aquello olía a montaje de marketing: incluso el logotipo, con esa especie de estallido estelar, hacía pensar más bien en una marca de detergente o algún producto similar.

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Albertí, un hombre experimentado en política, no debía verlo muy claro. Según Gonzalo Adán y Miquel Payeras, intentó no ser él el cabeza de lista al Congreso por Baleares y que lo fuera un joven valor de su partido: Maria Antònia Munar. Una vez más, Roca usó su poder de convicción y Albertí aceptó ir de número uno. Con Alonso Marí Calbet por Ibiza no podían contar, ya que se pasó a los populares, en concreto para ser su candidato al senado por las Pitiusas.

En el número dos de la candidatura reformista se situó Josep Maria Quintana, un histórico del autonomismo, de la Unió Democràtica de Menorca. Parece que la idea era que Albertí renunciara en su favor y quedara en Mallorca. Completaron la lista Guillem Vidal, el médico ibicenco Carlos Rodríguez, Montserrat Galmés y, cerrándola, Maria Antònia Munar. La previsión era obtener, al menos, dos diputados.

La batalla por el centro fue sangrienta. Suárez pasaba por Mallorca el 11 de junio y aseguraba que “el único centro que existe es el CDS, el PRD es una operación confusa. Parece que somos el enemigo a batir”, añadía, además de afirmar que “la banca no quería que nos presentáramos a las elecciones”.

La estrella reformista Miquel Roca compartió rueda de prensa en Palma con Albertí. Las encuestas no les eran muy favorables. Y resultaba que los créditos bancarios se los habían concedido en función de los previsibles resultados. “No me las creo”, enfatizó. Anunció: “Cuando lleguemos a la Moncloa, lo primero que haremos será cerrarla. Da mala suerte”. A continuación, se trasladó a la barbacoa Son Termes para compartir un mitin-cena con dos mil personas. Era, como observaba el periodista Germà Ventayol, “la misma sala donde había fallecido la UCD balear”. No era un buen augurio.

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Los resultados no fueron malos: fueron pésimos. El reformismo balear solo reunió 24.379 votos y fue superado ampliamente por los suaristas, con 38.510. El cabeza de lista del CDS, el catedrático Antoni Roig, se pavoneaba aquella noche de elecciones: “Se ha demostrado que el centro somos nosotros”. Si bien ni unos ni otros sacaron ningún escaño.

“No se ha asimilado la simbiosis UM-PRD”, se lamentaba Albertí aquella noche en una sede de Unió Mallorquina de aspecto desértico. Hasta el último momento confiaba en obtener, al menos, un acta en el Congreso. “Cometí el error de ir de cabeza de lista”, recordaba muchos años más tarde, en una entrevista: “Quemamos el partido y al líder, y eso es muy difícil de asumir”. Aun así, los reformistas en las Islas habían obtenido un 7% de los votos. Al conjunto del Estado no llegaban ni al 1%. Roca había salido diputado, sí, pero por Convergència i Unió.

En las siguientes elecciones generales, en 1989, Unió Mallorquina ya ni presentó candidatura. Se habían acabado las aventuras estatales. A partir de entonces, se centrarían en la política balear. A Albertí, aquel fracaso le pasó factura en el siguiente congreso de Unió Mallorquina, con la aparición de un sector crítico que, entre otros puntos, cuestionaba haber participado en la travesía reformista. Albertí tuvo que recordar que no había sido solo cosa suya y que, de hecho, él dudaba. Pero dejó la presidencia del partido. Una apuesta arriesgada que no salió bien. Pasa en política.

La reaparición del presidente menorquín de la preautonomía

La constitución de la Unió Democràtica de Menorca (UDM), en puertas de la Operación Roca, supuso la reaparición de una figura muy destacada del centrismo isleño: Francesc Tutzó, el único menorquín que, en la presente etapa democrática, ha sido presidente del conjunto del Archipiélago. Francesc Xavier Granados recoge cómo la UDM reagrupó, además de Tutzó y Josep Maria Quintana, a Miquel y Joan Antoni Seguí Mercadal y Cristòfol Triay Humbert, entre sus fundadores. Tutzó fue cabeza de lista de Unió de Centre Democràtic (UCD) en las elecciones preautonómicas de 1979 y, al ganar los comicios esta formación en Menorca, él se convirtió en presidente del nuevo Consell insular. No obstante, optó por la fórmula de concentración, con consejeros de todas las formaciones políticas con representación. Una de las cuestiones más espinosas fue, claro está, la capitalidad, si bien la balanza se decantó en favor de Mahón. Al renunciar Jeroni Albertí a sus cargos para fundar Unió Mallorquina, Tutzó tuvo que sustituirle como presidente de la institución preautonómica, el Consell General Interinsular, sin dejar sus responsabilidades al frente del Consell menorquín. Una tarea muy complicada, al tener que simultanear ambos trabajos, con sus sedes ubicadas en dos islas diferentes.La debacle de la UCD en las elecciones generales de 1982 hizo que ni tan siquiera se planteara presentarse a las autonómicas del año siguiente. Tutzó llevó a cabo la convocatoria de los comicios y pasó el relevo al nuevo Govern. Ya no volvería a participar en política, a excepción de aquella experiencia fugaz de la Unió Democràtica y de un acta de concejal en Mahón que obtuvo en 1995, esta vez por el Partit Popular.

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Información elaborada a partir de textos de Francesc Xavier Granados Coll y Gonzalo Adán Micó y Miquel Payeras Femenias, los diarios Última Hora, Diario de Mallorca y El Mundo/El Día de Baleares y el volumen colectivo Memòria viva.