Quiero que seas el padre de mis hijos (si alguna vez tengo)

Un relato personal sobre las relaciones largas, la vulnerabilidad y aquella calma rara de encontrar a alguien con quien el futuro, aunque dé miedo, parece un poco más habitable

Me gusta pensar que tenemos el humor y la complicidad de Jim y Pam en The Office.
hace 19 min
3 min

PalmaNos conocimos de fiesta. Cuando Tito's todavía era Tito's (cosa que me hace sentir muy mayor). Todo empezó como empiezan las buenas historias de amor: con dos miradas que se cruzan en medio de la sala. “¿Qué nombre?”, “¿qué estudias?” y un beso como promesa de que volvería a buscarlo. Y lo hice. Alguna fuerza sobrenatural quiso que acabara encontrándolo en Facebook (cosa que también me hace sentir muy mayor), solo a partir de las dos únicas preguntas que le hice.

¿Y si es él? Recuerdo que me lo pregunté en la primera cita, cuando solo hacía media hora que nos habíamos conocido. Tengo grabado en la memoria aquel fotograma. Justo en el momento que pasábamos delante del Bar Bosch, lo miré de perfil y, sin que él lo supiera, me pregunté: ¿Y si es él? Ahora, 13 años después, pienso que aquel día mi cuerpo quiso darme una respuesta cuando, instintivamente y como si tuviera vida propia, mi mano fue a buscar la suya, a la altura del parque de la Mar.

Jim y Pam en un fotograma de 'The Office'.

Todavía ahora, la pregunta me resuena en la cabeza. Sintiendo los ecos, a ratos. Y, según el día, me encuentran con una emoción u otra: ilusionada, preocupada, impaciente, decidida, abrumada. ¿Y si es él? Nunca me ha condicionado ni me ha angustiado encontrar la respuesta. Lo único que nos ha hecho falta ha sido saber que hoy queríamos estar juntos. Y después de todos estos 'hoy', aquí estamos, confirmando que hoy también, haciendo frente al miedo del futuro.

Mírame /más allá / sed y corteza /en mi piel

A veces, me dicen: “A este no lo dejes escapar, ¿eh? Este hombre tiene el cielo ganado”. Como si hubiera encontrado una oferta, como si realmente no fuera lo que me hubiera tocado en la vida, como si hubiera sido una cuestión de suerte. Y yo me pregunto si el mérito no es también mío, si no es que, simplemente, tengo buen gusto. O si no hemos sido los dos, que nos hemos sabido elegir y provocar esto que tenemos.

Mírame /más allá / sed y corteza /en mi piel”, oí cantar a Aina Zanoguera por primera vez, estremeciéndome desde la segunda fila de la sala pequeña del Principal de Palma. No soy experta en escribir sobre amor, sobre amor de pareja. No es algo que me inspire en particular. Este amor es de las pocas cosas que me dejan disfrutar así, sin sobreanálisis. Así que agradezco muchísimo oír las palabras que las otras sí han encontrado para describir lo que sienten. El amor tiene mucho de eso que dice Aina, en esta canción de su dúo con Gori Matas, Two Little Rooms. El amor tiene que ver con el hecho de que te vean más allá. Y de tener a alguien que te haga de coraza.

En Nando me hace, de coraza. Él es el algodón que me acoge, amortiguándome del mundo. Creo que él es la única persona que siento que no me necesita, a quien no le debo nada. Gracias, a ti también, Rosalía, por ponerle palabras a esto: “Solo el amor con amor se paga / Nada te debo y tú no me debes nada” es el mantra que nos repetimos, el uno al otro. Dentro de nuestro ecosistema todo es más blando, menos exigente. Nada me da miedo. Me siento perdonada y con permiso. Puedo ser un desastre, un completo desastre –no ayudar nunca a organizar ningún viaje, hacer que sea imposible ir a dormir antes de las doce, estar sin hacer nada en casa durante una semana– que siempre encontraré su mirada, al otro lado de la habitación, y su media sonrisa, incondicional, sabiendo que esto no puede servir como precedente. Y el amor, después de todo, es esto.

Jim y Pam en un fotograma de 'The Office'.

Soy consciente de ello. Siento sus cuidados cuando está, cuando me prepara la comida si llego tarde al trabajo, cuando me deja un vaso de agua en mi mesita de noche, cuando me escucha charlar ininterrumpidamente durante media hora. Pero, sobre todo, los siento cuando él no está, con su ausencia y el vacío que deja. Los echo de menos, como una manta en una noche de invierno, como su cuerpo dormido a mi lado, latiendo en silencio.

Últimamente, he pensado en este privilegio que es sentir descansar a quien amas a tu lado. Cómo todo vuelve a ser relativo cuando, al menos mientras dura la madrugada, solo existimos el uno para el otro. No querría dar nunca por hecho esto, esta mano que busca mi muslo y su calor para encontrar la calma. Querría ser consciente, cada noche, de que tal vez respondo a su pregunta –¿Y si es ella?– cuando su respiración se acompasa a la mía. Al menos hoy. Hoy también.

stats