La rebelión de las últimas lagartijas: "No quedará ninguna en dos o tres años"

Un colectivo de ibicencos quiere convertir los jardines particulares en refugios para tratar de salvar el reptil pitiuso más emblemático

La lagartija ha desaparecido en el 90% del territorio de Ibiza.
16/07/2026
4 min

IbizaEmpecemos por la conclusión: la protección de la lagartija pitiusa ha fracasado; la invasión de serpientes –detectadas en Ibiza por primera vez en 2003– ha resultado fatídica para la especie animal más emblemática de las Pitiusas. En Ibiza, la lagartija ha desaparecido en el 90% del territorio; le quedan “dos o tres años”, según la doctora en Biología Antònia Maria Cirer, pionera en el estudio de este reptil y principal voz crítica con las políticas de protección que ha adoptado el Govern. En la Lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la lagartija pitiusa aparece ahora mismo como especie “en peligro de extinción” y en rápido declive, con una distribución de población “marginal” y “fragmentada”. Sobre el terreno, casi cualquier payés de Ibiza le dirá que hace años que no ve ninguna de las lagartijas que, tiempo atrás, poblaban las tradicionales paredes de piedra seca, una simbiosis centenaria entre los humanos y estos animales.

“La tesis del Govern era que las lagartijas se adaptarían y se llegaría a un equilibrio”, explica la bióloga. Una especie de empate técnico. El problema es que esto solo ha pasado en la imaginación de algún responsable del Govern. Al contrario, la falta de acción clara y decidida por parte de la administración competente –la Dirección General de Medio Natural balear–, la tardanza a la hora de controlar la llegada de olivos centenarios a Ibiza –un artículo muy solicitado por los propietarios de las suntuosas villas y la vía de entrada de las serpientes– y la falta de trampas gratuitas contra las serpientes, además de su deficiente distribución, han provocado que la lagartija pitiusa esté a punto de entrar en el territorio celestial de las especies extingidas. Un cúmulo de decisiones equivocadas y negligencia que pone los pelos de punta, igual que si una serpiente le corriera por encima del brazo. Según Antònia Maria Cirer, en los almacenes de la Coma, en Ibiza, todavía hay un par de centenares de trampas para serpientes que cogen polvo, porque los responsables de hacerlo hasta el momento no las han sabido repartir.

Pequeñas reservas

La tesis oficial por parte del Gobierno es que esto de las serpientes era poco menos que inevitable. Resignación. Hay un grupo de ibicencos que no lo ve así. Detrás del movimiento "Sargantana Power" hay un grupo de agricultores y residentes con una sola reclamación: que se puedan levantar refugios en las fincas particulares, pequeñas reservas para las lagartijas, de manera que el animal pueda vivir en su hábitat natural, pero protegido de las serpientes con un tipo de valla específico. “Nos dicen que debemos acostumbrarnos a vivir con las serpientes, que debemos resignarnos”, explica Marilina Serra Cardona, portavoz del colectivo. “Nosotros decimos que no: queremos salvar las lagartijas y debemos centrarnos en las que quedan”. Marilina Serra vive en la división entre Santa Eulària y Sant Joan, no muy lejos de Sant Llorenç, una de las primeras zonas afectadas por la extinción; tiene ahora mismo ocho trampas contra serpientes en su finca. Esto significa un trabajo ingente, solo de alimentar a los ocho ratones que hacen de cebo y de ir eliminando las serpientes que caen en las trampas. “Quizás no las ves, pero están; en lo que llevamos de verano ya hemos cogido una docena”.

Ante la propuesta de este colectivo, la respuesta de la directora general de Medio Natural, Anna Torres, ha sido un “no rotundo”. La razón que aduce el Gobierno es que, al confinar las lagartijas en un espacio pequeño, podría haber problemas genéticos causados por la consanguinidad. Una respuesta sorprendente, cuando una de las últimas acciones de la Administración ha sido justamente crear una pequeña reserva para lagartijas en la finca pública de Can Marines, en Ibiza. En realidad, lo que propone este colectivo de ibicencos es lo mismo, pero a escala particular y bajo vigilancia de la Administración, para evitar que alguien se lucrase con la cría de la Podarcis pityusensis. “Pensamos que, si vivimos una situación excepcional, necesitamos también actuaciones excepcionales”, afirma Marilina Serra. “Las lagartijas deben estar en su casa; que la lagartija esté segura, en los jardines y en las paredes de piedra donde ha estado siempre”. Serra asegura que, de momento, no se piensan dar de alta como asociación, porque no están “para cobrar subvenciones”. “En todo caso, si es que vemos que la cosa continúa igual, lo que nos planteamos es convocar una manifestación después de pasar el verano”, asegura la portavoz. “Pero preferiríamos no tener que llegar a eso”.

Antònia Maria Cirer cree que la propuesta de crear refugios en las fincas particulares “puede tener máxima eficacia”. “Hace cinco o diez años estábamos en un escenario diferente”, continúa la doctora en Biología. “Tenía sentido animar a todo el mundo a poner trampas; ojalá hubiera habido 10.000, pero eso no pasó. Ahora estamos en una nueva fase, se trata de salvar el máximo número de muestras, pequeñas o grandes”. Por eso, una muestra de lagartijas ya ha viajado hacia el zoo de Barcelona, donde se reproducen en cautividad. “Pero aquí las lagartijas estarían en su propio hábitat”, remarca la bióloga. “Alimentándose de los mismos insectos, las mismas semillas y el mismo polen que les ha servido de alimento durante siglos”. Cirer recuerda que la lagartija ha conseguido sobrevivir en hábitats extraordinariamente pequeños y en circunstancias muy complicadas. Pone como ejemplo el islote del Dau Gros, a la salida del puerto de Ibiza: un grupo de rocas de 791 metros cuadrados, de 8 metros de altura, permanentemente golpeado por el mar. Según la bióloga, dispone de una población de lagartijas “estable y vigorosa” y sin ningún problema genético. “Muchos islotes donde viven lagartijas son más pequeños que muchos jardines de casa”.

Según Antònia Maria Cirer, en los próximos dos o tres años la lagartija pitiüsa habrá desaparecido prácticamente como fauna salvaje; quedarán en los refugios que se construyan y en algunos reductos en zonas urbanas, donde las serpientes tienen más difícil acceso. Como las serpientes saben nadar, progresivamente las poblaciones de lagartijas de los islotes también irán extinguiéndose, como de hecho ya consta que ha pasado en algunos islotes. Este es el futuro inmediato de la lagartija pitiüsa, el reptil que había sido amo y señor de las Pitiusas en los últimos 5,3 millones de años. Esto quiere decir que la Podaris pityusensis ha sobrevivido a diversas glaciaciones y a importantes cambios del nivel del mar. Veremos si sobrevivirá a la ineficacia política.

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