No, no somos una tía "de cojones" relajada

Nací con estas mejillas redondas de haber hecho bondad desde 1995. Hago que no, pero sí: yo pido permiso y perdón a todas horas a todos. Me gustaría ser misteriosa, pero el misterio huye de mí

Me gusta Cher, de Clueless porque no esconde su esfuerzo por ser cool.
17/08/2026 - 09:23 h.
4 min

Qué chic es esta tía, mírala. No la conozco, pero la tengo al lado en la playa, en el bus o leo sus artículos en internet. No es ninguna en concreto y es todas ellas a la vez. Es un tipo de tía. Es la tía que, sin ningún esfuerzo, hace que quieras ser como ella. Es una tía a la que parece que la vida le pidió permiso para crearla. A cambio, le dio esta cara con la personalidad justa para no dejar de ser guapa. No sé si es cool o es que tiene un lunar justo encima del labio superior, donde siempre me habría gustado tenerlo a mí. Con ese lunar, parece que el mundo tenga que ser un poco más fácil. Quizás es que tiene unos labios naturalmente rosados o los ojos grandes y almendrados, como de no haber conocido nunca la máscara de pestañas.

Tal vez fue su nombre lo que la predestinó a ser recordada sin, siquiera, haberse presentado. Un buen nombre compuesto o un linaje sonoro, de esos que tu lengua tiende a repetir, porque le hace ejercitar músculos diferentes, emitir sonidos a los que no está acostumbrada. Y eso siempre es divertido. Un buen nombre hace el trabajo por ti. Cuando tú llegas, él ya ha preparado el terreno, satisfaciendo las curiosidades de quien te espera, llenando de una personalidad retorcida el vacío que han dejado tus iniciales. Una vocecita interna que dice “pide, y se te concederá” se activa cuando la gente se refiere a ti por tu nombre completo. No has hecho nada y ya eres alguien. Fake it until you make it. Y ya tienes la primera parte hecha.

No sé qué tiene esta tía. Pero lleva las mismas Birkenstock que yo, se ha hecho el mismo flequillo que yo, y su Instagram me indica que se dedica a lo mismo que yo. Aun así, si ambas fuéramos personajes de Los Sims, la elegiría a ella mil veces antes que a mí. ¿Qué es lo que nos separa? A diferencia de ella, yo nací con estas mejillas redondas de haber hecho bondad desde 1995. Hago que no, pero sí: yo pido permiso y perdón a todas horas a todo el mundo. Me gustaría ser misteriosa, pero el misterio huye de mí. Le espanto más que si llevara mi currículum colgado del cuello. Porque necesito explicarte todo de mí, porque así entenderás que todo lo que hago tiene una justificación y me disculparás cuando no cumpla tus expectativas. Mientras tanto, soltaré algún chiste bastante cínico sobre mí misma para demostrarte que no soy pretenciosa, ni tampoco tonta, y –sobre todo– que soy lo bastante graciosa para rebajar toda esta tensión.

Me gusta Cher, de 'Clueless', porque no esconde su esfuerzo por ser 'cool'.

No somos lo que se dice “una tía chill de cojones”, como son las tías que me gustaría ser si la vida fuera el juego de Los Sims. Mi amigo Jabi me dice que me tengo que relajar. El otro día me preguntó si no veía que nadie más hace todo lo que hago yo o, mejor dicho, nadie más decía que sí a todo: comer y piscina con los amigos a las 14 h, manifestación a las 19 h y festival de cine a las 21 h. Entiendo que quería hacerme ver que estaba intentando tener demasiadas personalidades a la vez. Así que aquí estamos, admitiendo que ya es demasiado tarde para no ser todo lo que quería ser.

En el instituto aprendí a disimular bastante bien: hacía equilibrios entre ser la más aplicada y la más enrollada, todo para no caer en el agujero negro de la repelente. Hacía ver que sacaba buenas notas sin esfuerzo, que salía de fiesta sin esfuerzo, como si los amigos y los exámenes no fueran lo más importante para mí. Fue justo cuando mi córtex prefrontal se estaba terminando de formar que se me instaló, dentro de una grieta, este juego de luces y sombras, este trompe-l’œil – este artificio–, un mecanismo para que cada uno viera en mí lo que estás buscando.

El arte de la expectativa

A veces puedo llegar a parecer una balsa de aceite –porque me gusta dormir, porque la parsimonia me hace llegar tarde a todo– pero mi cerebro tiene el metabolismo de una ardilla, sobre todo en una conversación. Me adelanto al momento en que nos quedaremos sin tema para tener dos o tres en la recámara y ahorrarte un silencio incómodo. Te escucho con atención para hacerte las preguntas que nunca te habrías hecho. Y, si estoy premenstrual, te daré demasiada razón (pero porque genuinamente creo que tu opinión vale más que la mía).

Fotograma de 'Clueless'.

Como fumadora pasiva, a veces pienso que querría ser una fumadora dialéctica –solo en conversaciones–, para espaciar un poco mis pensamientos, o al menos los que me salen por la boca. Me gustaría aprender el arte de la expectativa: callar porque estoy buscando las palabras al mismo tiempo que los filtros, hacer una pausa en el momento álgido de la historia para lamer el papel, desviar la mirada hacia el encendedor, dar una calada y ganar tiempo en mi respuesta. Como si fumar detuviera este vómito discursivo, de niña que levanta el brazo en clase y sabe que solo tiene 30 segundos para contestar; como si narcotizada pudiera dejar de ver la mirada del otro como una cuenta atrás que en 3, 2, 1… me avisa que lo he perdido. Como una pulsión de muerte hacia esta tía tan poco chill que soy.

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