"Las maestras feministas de las Islas no deberían ir tan cansadas"
La cooperativa Dièresi defiende que la coeducación no puede continuar dependiendo del voluntarismo de unas pocas docentes y reclama tiempo, recursos y espacios de encuentro para transformar las escuelas
PalmaLa psicóloga Carmen Tovar y las maestras Carme Rosselló y Aina Quintana están al frente de la cooperativa Dièresi. Las tres forman parte de este proyecto de pensamiento crítico y feminista nacido hace unos años con la voluntad de promover transformaciones sociales, especialmente en el ámbito educativo. "Nuestro objetivo es abrir brechas para construir maneras de educar y vivir de forma más justa", apuntan, "desde un compromiso con la infancia y el feminismo".
Su día a día pasa por acompañar centros educativos, formar a docentes y familias y ayudar a incorporar la coeducación en los proyectos escolares. Pero, después de años de trabajo, detectan un problema recurrente: la falta de tiempo, recursos y formación para que esta mirada pueda consolidarse. "Nos gustaría que la necesidad de coeducar no dependiera solo de la buena fe de algunas, y que las 'profes' feministas no fueran tan cansadas", señalan. Para las integrantes de la cooperativa, es complicado hacer una coeducación de calidad "si el profesorado va siempre con el agua al cuello, con ratios altas y sin tiempo para coordinarse".
"La escuela no es un espacio neutro"
En este sentido, apuntan que incorporar una mirada feminista no consiste en añadir un tema más al currículum, sino en repensar la manera de enseñar. "La escuela no es un espacio neutro: aunque no nos demos cuenta, puede reproducir las desigualdades que hay en la sociedad si no las cuestiona activamente" explican.
Según las socias, los feminismos permiten hacer visibles aspectos que a menudo se perciben como naturales, como los roles de género, las expectativas diferentes sobre niños y niñas y la distribución de los espacios. "No es añadir un tema más, sino repensar cómo enseñamos y qué transmitimos".
Porque, aseguran, las diferencias en la socialización todavía existen. "Todavía esperamos cosas diferentes según el género: que las niñas sean cuidadosas, empáticas y no hagan ruido, y que los niños sean activos, valientes y competitivos". Unos patrones que se transmiten a través de los juegos, de los elogios o incluso de la manera como se distribuyen los patios.
Sostenido por voluntariedad
Aunque recuerdan que la coeducación es un mandato legal, Dièresi considera que todavía llega a las aulas con muchas dificultades. "Muchas 'profes' concienciadas y comprometidas se quejan de que es difícil transversalizar la perspectiva de género si no todo el mundo rema en la misma dirección", explican. Esto hace que el feminismo quede a menudo reducido a actividades puntuales, vinculadas a efemérides o a talleres concretos. "La coeducación recae en el voluntarismo de unas pocas, y esto no es sostenible", lamentan.
Las educadoras también detectan un desfase entre los discursos y las prácticas cotidianas. "El alumnado ha aprendido un discurso, pero en la práctica no ha cambiado casi nada". Ponen el ejemplo de aulas donde todo el mundo afirma que niños y niñas pueden ser amigos, pero después, a la hora del patio, continúan separándose y jugando de manera diferenciada. Una de las principales resistencias con que se encuentran es la sensación de que nada cambiará. "La desesperanza es lo que quema a muchas maestras que coeducan por pura convicción, dedicándole horas propias, hasta que acaban solas y agotadas".
A pesar de ello, intentan huir de la idea del 'todo o nada'. "Una comisión de coeducación no acabará con el patriarcado, pero puede hacer que hoy haya criaturas que respiren más tranquilas", remarcan. También consideran que todavía persisten ideas como que el feminismo es una cuestión "ya superada" o que coeducar es una forma de adoctrinamiento. "Es justamente lo contrario: el adoctrinamiento da respuestas cerradas; la coeducación debería dar herramientas para pensar con sentido crítico".
Los discursos reaccionarios, a través de las pantallas
Las expertas también observan con preocupación el auge de discursos antifeministas entre los jóvenes, especialmente entre los chicos. "La masclosfera ofrece discursos misóginos y reaccionarios presentados como rebeldes y rompedores y muchas jóvenes lo ven como algo atractivo", explican.
A pesar de todo, recuerdan que detrás de estas narrativas hay malestares reales vinculados a la precariedad, la incertidumbre y la soledad. "Preferimos no caer en discursos como 'vamos atrás' o 'nunca habíamos estado tan avanzados'". "Nos parece más honesto entender qué hay detrás de las cifras". En este sentido, rechazan responsabilizar a la juventud y reivindican la necesidad de crear otros espacios de relación y de pensamiento crítico.
Por otra parte, las maestras de Dièresi también consideran que las familias juegan un papel clave, pero se debería conseguir animarlas desde un espacio de confianza y no desde el prejuicio. "La salida no es tacharlas de enemigas, sino hacerlas cómplices". Recuerdan que muchas personas adultas también han sido socializadas dentro de una lógica binaria y que a menudo reciben mensajes que presentan la coeducación como una amenaza. "Con las familias tenemos un objetivo común: el bienestar y el aprendizaje de las criaturas"
Pensar colectivamente
Cuando se les pregunta qué querrían ver en las escuelas de las Baleares dentro de unos años, la respuesta es clara: más espacios para reflexionar colectivamente. "Nos gustaría que hubiera más espacios de encuentro entre maestros: tiempo real, reconocido y dentro del horario para pensar la práctica pedagógica". Porque, insisten, la coeducación no puede seguir dependiendo únicamente del esfuerzo individual. "Si la precariedad aprieta, estos espacios no llegarán nunca", reconocen.