Lengua

Lenguas que son islas

Uno de los hechos positivos de tener más acceso a visitar otros lugares es que podemos recorrer muy lejanos y viceversa, gente de otros países también viene a nuestras tierras

Un grupo de personas conversando
Lluís Barceló
14/03/2026
4 min

PalmaNo hace mucho un niño me pidió sobre qué decían unas personas. Aquel niño estaba desconcertado, porque los sonidos que oía parecían del catalán o del castellano, pero no entendía ni uno de palabra. Paré la oreja y, efectivamente, era uno de los dos sospechosos: el vasco o euskera. El otro sospechoso habitual que desconcierta nuestros oídos es el griego. Ambas lenguas tienen unos sonidos a los que estamos acostumbrados, en particular las vocales, pero claro, cogemos poco, tanto de una como de otra. La diferencia crucial es que, con un poco de clase (y una vez se ha dominado su ortografía), el griego nos es más accesible: reconocemos palabras (o partes de palabras) que utilizamos a menudo –sobre todo aquellos relacionados con la medicina–, la forma de ordenar las oraciones no es tan diferente y su aprendizaje no es tan lento como cuando se le es tan lento como cuando se le es tan lento. ejemplo).

Pero el vasco es diferente, muy diferente. El vasco pertenece a un grupo de lenguas que desafían día tras día a los lingüistas, porque no dejan entrever cuáles son sus orígenes. Son lenguas que no parecen tener ningún pariente cercano. Esto ocurre porque todas las lenguas que eran sus parientes cercanos han desaparecidas y entonces resulta que se hace terriblemente difícil descubrir con seguridad de dónde vienen exactamente.

Origen de la población

Debemos imaginar el origen de la población mundial como un eslabón redondo muy grande, del que cuelgan diferentes cadenas. Cada cadena representa el camino que realizó un grupo de humanos hace miles de años, a pie o vía marítima, a través del planeta. Cada cadena está hecha de más eslabones, un poco diferentes uno de otro, como las lenguas se van diferenciando poco a poco. Si de repente desaparecen de una cadena concreta todos los eslabones salvo uno, costará mucho más saber de dónde venía, con quien estaba emparentada en el pasado, como es que llegó a esa parte del planeta. Se han convertido en una isla, desconectada de todo lo demás.

Las lenguas aisladas representan, cada una de ellas, un misterio, un desafío para la lingüística comparada, que se resiste a ser resuelto.

Los lingüistas tenemos constancia de más de noventa lenguas aisladas. A veces se piensa que una lengua aislada debe ser una lengua con pocos hablantes, recóndita, hablada en una selva, o en lo alto de una cresta montañosa de difícil acceso. No siempre es así, y el mejor ejemplo es el japonés. Esta lengua cuenta con más de ciento veinte millones de hablantes, pero su clasificación ha sido tan discutida que hoy se guarda en el cajón de las lenguas aisladas y, de momento, no tiene un pariente claro. El misterio de las lenguas de Japón es doble porque el japonés no es la primera lengua que llegó a aquellas islas. Ya había otra, el ainu. Los ainu están presentes sobre todo en Hokkaido y han sufrido mucho las políticas de supresión lingüística tanto por parte de Japón como por parte de Rusia. Tanto es así que está en grave peligro de extinción, y en 2007 contaba con algo más de una decena de hablantes. Sus orígenes son tan antiguos (ya estaban en Hokkaido en el 5000 antes de Cristo) que no se sabe a ciencia cierta de dónde provienen o con quién están emparentados. Posiblemente, de una de las distintas migraciones siberianas.

Otra lengua aislada, ésta con más de setenta y siete millones de hablantes es el coreano. ¿Quién lo diría que lenguas con tantos hablantes como el japonés o el coreano, tan conocidas, fueran lenguas aisladas?

Los lingüistas colaboran con historiadores, con arqueólogos, incluso con genetistas a fin de conseguir más y más evidencias en apoyo de una u otra hipótesis. No sería la primera vez que se refuta una clasificación de una lengua, o que se reescribe la historia de un pueblo. Por ejemplo, en la lista de lenguas aisladas, una de las primeras es el aquitano. Todo el mundo que ha estudiado algo de latín recordará a César y su libro De bello Gallico (La guerra de las Galias), sobre todo por su primera línea, que hacen traducir a todos los alumnos de Latín. Justamente en ese pasaje se habla de los Aquitáneo (aquitanos), y se nos dice que son bastante diferentes de los celtas y de los belgas, tanto en lo que se refiere a lengua como a leyes y cultura. En los últimos años, el trabajo colaborativo de arqueólogos y lingüistas ha apoyado la idea de que estos aquitanos en realidad son los predecesores de los actuales vascos. Muchas evidencias apuntan en esa dirección. Si se confirma del todo, entonces se podrá eliminar una lengua aislada de la lista, pero continuará el misterio: ¿de dónde venían los aquitanos y con quién estaban emparentados?

Evidentemente, hay lenguas aisladas que ya han desaparecidas como el sumerio (hablada en la antigua Mesopotamia), o la lengua ibérica (hablada en nuestras tierras) o el etrusco (hablada sobre todo en el norte de Italia en la época de los antiguos romanos). En casos como estos, la labor de los lingüistas resulta aún más difícil, pero no quiere decir que imposible.

Procedencia de las lenguas

Quién sabe si las nuevas tecnologías podrían ayudar a los lingüistas en su investigación. La inteligencia artificial puede servir para cosas más interesantes que crear imágenes o vídeos humorísticos. De hecho, se está aplicando a la lectura de textos escritos en tablillas de arcilla de la antigua Mesopotamia, lo que acelera enormemente su interpretación. Quizás un día se pueda aplicar a textos ibéricos y saber si realmente tenían una conexión directa con los aquitanos, o descubrir de dónde viene la lengua ainu de Hokkaido o tantas otras que esconden sus orígenes.

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