Grupos locales denuncian que el Mallorca Live los utiliza como cuota local para acceder a subvenciones públicas
Una recopilación impulsada por Neura cuestiona las condiciones de los artistas locales, el papel de las subvenciones públicas y el impacto de los macrofestivales sobre el tejido cultural de Mallorca
PalmaEl colectivo Neura ha hecho público un recopilatorio de testimonios de músicos de las Islas que cuestionan el modelo del Mallorca Live Festival y denuncian que el festival utiliza a los artistas locales como "cuota" para justificar subvenciones públicas mientras les reserva espacios secundarios de la programación, con cachés bajos y pocas oportunidades de proyección real.
La iniciativa forma parte de una campaña crítica con el papel de los grandes festivales dentro del modelo turístico de Mallorca. Según los artistas que han participado, el Mallorca Live no solo actúa como un evento musical, sino también como una herramienta de promoción territorial orientada al consumo turístico.
Los testimonios, difundidos por Neura, recogen experiencias de músicos que han actuado en el festival durante los últimos años y apuntan a cuestiones como la precariedad de las condiciones laborales, la falta de protagonismo de los artistas isleños dentro de la programación y la utilización de su presencia como argumento para acceder a financiación pública.
"Por un lado, subvenciones, y por otro, desgravaciones. Doble extracción de recursos y cero inversión en infraestructura pública", señala uno de los textos recogidos por el colectivo.
"Éramos los primeros y todavía no habían abierto las puertas"
El grupo manacorí Reïna actuó en el Mallorca Live en junio de 2022, cuando sus integrantes tenían poco más de veinte años y acababan de publicar el primer disco. Según explican, aceptaron una oferta inferior a los 500 euros brutos con la expectativa de que tocar en un festival de gran formato les ayudaría a consolidar su trayectoria. La realidad fue diferente, apuntan.
"Hicimos las pruebas de sonido en un escenario minúsculo, bien alejado de los escenarios grandes que habíamos imaginado", relatan. El concierto estaba programado a las 18.15 h, antes de la llegada de buena parte del público. "No había absolutamente nadie. Un récord de cero personas", recuerdan. Los músicos explican que no descubrieron hasta el momento de salir a escena que su concierto coincidía prácticamente con la apertura de puertas del recinto.
Una crítica recurrente entre los testimonios es que los grupos emergentes aceptan condiciones económicas precarias movidos por la ilusión de formar parte de un evento de gran dimensión.
Por su parte, el músico Daniel Gómez, vinculado a proyectos como Saïm, Nita y Jorra i Gomorra, sostiene que los grandes festivales alimentan la idea de que participar en ellos representa un paso adelante en la carrera artística, pero considera que el impacto real es limitado. "Participar en estos festivales no sirve para subir un escalón más en tu trayectoria", afirma. Según su experiencia después de actuar allí en diversas ocasiones, el reconocimiento que obtienen los grupos locales es sobre todo simbólico y temporal. Gómez defiende que los grandes festivales "sirven para absorber recursos del territorio" y que los artistas locales acaban actuando como elemento legitimador de un modelo centrado en la atracción de público e inversión.
Otras testimonios apuntan directamente a las condiciones laborales. El grupo Amulet denuncia que, durante la edición de 2022, el festival les impuso un contrato sin margen de negociación y que acabaron actuando gratuitamente en dos programaciones asociadas al Mallorca Live. "Ni nos preguntaron la tarifa", aseguran. También consideran que su falta de experiencia dentro del sector fue aprovechada para obtener actuaciones sin remuneración. "Tener ganas de tocar no justifica la explotación", concluyen.
Escenarios secundarios y presencia testimonial
Otra de las críticas compartidas por los músicos es la ubicación de los artistas locales dentro de la programación. El cantante y compositor Jorra Santiago recuerda su participación en el festival en 2019 con Jorra y Gomorra. Explica que el trato recibido fue correcto y que incluso disfrutaron de la experiencia, pero considera que el problema es estructural.
"A los grupos mal llamados locales nos dan los peores y nos ponen a mala hora", afirma. Según el músico, la presencia de artistas isleños resulta necesaria para que el festival pueda acreditar apoyo a la escena local a la hora de optar a subvenciones públicas. Una percepción similar expresa el músico Caspary, que asegura que los grupos de las Islas acostumbran a concentrarse en las primeras franjas horarias de los diferentes escenarios.
"A los cuatro grupos locales de turno los programan para abrir diferentes escenarios y a las 19 h la música en catalán ya ha acabado", lamenta. Según él, esta situación transmite la sensación de que los artistas isleños forman parte de una presencia testimonial más que de una apuesta artística central.
Con todo, el colectivo que ha impulsado la iniciativa sostiene que los macroeventos contribuyen a la turistificación de la isla y que la cultura queda subordinada a los intereses de promoción turística. Consideran que los recursos públicos deberían destinarse prioritariamente a salas de conciertos, espacios autogestionados, programaciones estables y proyectos culturales arraigados al territorio.