En 2024, veintitrés años desde la abolición de la 'mili', se rompió por primera vez el tabú de la violencia que se siguió ejerciendo en los cuarteles militares españoles durante los primeros años de la democracia. Fue gracias al documental Te harán un hombre , dirigido por Mireia Prats y Joan Torrents y que emitió el programa Sense ficció de TV3. Aparecían testimonios sobrecogedores como el del crítico de cine Àlex Gorina, que relataba la violación que sufrió en Melilla a manos de tres sargentos borrachos. A raíz de la emisión del documental, el buzón de denuncia del programa se llenó de correos electrónicos. Cientos de personas pidieron que se siguiera estirando el hilo para tratar los suicidios que la documentación militar siempre presentó como 'accidentales'. A los dos años ya se emitía la segunda parte de aquel ' Mee too antimilitar' con el título de Muertes silenciadas .
El Ministerio de Defensa ha reconocido que, entre 1983 y 2001, hubo 303 reclutas que se suicidaron. "Esta cifra –advierte Mireia Prats, la codirectora del documental– no se ajusta a la realidad. Nosotros calculamos que fueron 1.900 como mínimo. El Estado nunca ha tenido interés en investigar el motivo real de aquellas muertes, ni ahora con la Ley de transparencia del gobierno de Pedro Sánchez. Ha habido la voluntad de la culpa." móviles con cámaras como hoy y era difícil que trascendiera a la opinión pública lo que ocurría dentro de los cuarteles".
El ejército comunicaba las muertes de una forma muy fría. "Un día las familias recibían una llamada telefónica que les notificaba el fallecimiento 'en circunstancias especiales' de un hijo o de un hermano en la 'mili'. Les solían decir que habían sido víctimas de un accidente con arma de fuego, sin saber si había sido provocado por el mismo soldado o por un tercero. No entendían nada porque tenían cartas de ellos. familias no les permitieron ver el cadáver de su ser amado, ni siquiera durante el entierro. El féretro quedaba precintado. Hubo padres que buscaron explicaciones a aquellas muertes.
"También –continúa Prats– hubo casos de jóvenes que, al licenciarse, volvieron a casa con el carácter cambiado, taciturnos y con la mirada perdida, y que se acabaron suicidando. Durante los años 80 y 90 el suicidio era un estigma que las propias familias silenciaban con resignación y vergüenza". Este silencio autoimpuesto se ha ido alargando durante décadas. "Después de tanto tiempo costó que los padres o hermanos de una víctima hicieran memoria de los hechos. Tenían los recuerdos totalmente bloqueados y no eran conscientes del trauma que arrastraban". Ahora, a raíz de la emisión de los dos documentales de TV3, familiares y víctimas de la 'mili' han constituido la plataforma Rompiendo el silencio . "Llevarán su causa al Congreso de los Diputados para pedir justicia reparativa. Esperan al menos unas disculpas del gobierno español, que durante décadas custodió las vidas de cientos de jóvenes que sufrieron malos tratos".