Chicho Sánchez Ferlosio, el 'gallo rojo' que cantó en Mallorca

El cantautor que dio a conocer la lucha antifranquista en Suecia era el hijo rebelde de uno de los fundadores de la Falange, coautor también del ‘Cara al sol’ y artífice de la consigna ‘Arriba España’. A principios de los 80 vivió una temporada en Sóller, a donde se desplazó el cineasta Fernando Trueba para hacerle un documental

PalmaDurante el boom turístico, hubo suecos que no se dejaron amedrentar. Algunos intentaron disuadir a sus compatriotas de ir de vacaciones a un país que era una dictadura y que, con el apoyo económico de los EE. UU., había convertido el turismo en su salvación. Los más activistas se manifestaron con lemas como ‘¡Boicot a los viajes a España!’ y ‘Los viajes a Mallorca son una vergüenza’. Desde otros países, aquellas protestas también serían secundadas por anarquistas españoles en el exilio organizados en torno a Defensa Interior (DI). Coordinando la entidad estaba el menorquín Octavi Alberola Surinach (1928-2025).

El 3 de marzo de 1963 la DI inició una campaña de atentados, sin víctimas, contra la industria de sol y playa con la que el franquismo blanqueaba su imagen en el exterior. Con previo aviso telefónico, estallaron bombas en las oficinas de Iberia y de la delegación del Centro Superior de Investigaciones Científicas en Roma. Igualmente se sabotearon diversos aviones de Iberia y Aviaco en los aeropuertos de Las Palmas, Barcelona y Madrid. Para dar un mensaje contundente a los opositores españoles, el 20 de abril Franco ordenó fusilar al dirigente comunista madrileño Julián Grimau, de 51 años. El caso generó una gran oleada de indignación en toda Europa. Incluso el papa Juan XXIII pidió clemencia al dictador español, que, sin embargo, se mantuvo inflexible. En agosto sería el turno de los jóvenes anarquistas Joaquín Delgado y Francisco Granados, de 29 y 28 años, respectivamente. Fueron ejecutados a garrote vil.

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‘Los dos gallos’

El asesinato de Julián Grimau inspiraría al cantautor madrileño José Antonio Sánchez Ferlosio, de 23 años, ‘Canción de Grimau’, que consiguió traspasar fronteras. En Suecia causó mucho impacto en Sköld Peter Mathis, de 26 años, director de la revista Clarté (‘Caridad’), adscrita a los movimientos de izquierdas. El verano de aquel mismo 1963 Mathis y su esposa se desplazaron hasta Madrid en un Renault 4. Transportaban a escondidas un magnetófono con el que grabaron a Sánchez Ferlosio cantando con la guitarra seis piezas dentro del baño de su piso. En 1964 ya salían publicadas en Suecia con el título de Spanska motständs sänger (Canciones de la resistencia española). Por motivos de seguridad, el nombre del autor se omitió.

El disco fue todo un éxito no solo en Escandinavia, sino también en Alemania, Italia y América Latina. Se hicieron 2.000 copias. Algunas se enviaron a España bajo una carátula falsa, como si fuera un disco de folklore sueco. Radio Pirenaica, la emblemática emisora del Partido Comunista en el exilio, no dejó de pincharlas. La canción más icónica fue ‘Los dos gallos’. Habla de la historia de dos gallos que se enfrentan en un duelo en una clara metáfora de las dos Españas durante el franquismo: el gallo rojo representa la militancia antifascista, y el negro, la dictadura. El tema sugirió al pintor exiliado José Ortega la portada del vinilo. Aparecía un gallo rojo encarcelado plantando cara a un gallo negro con el yugo y las flechas de la Falange y con el báculo y el birrete de un obispo (era una alusión a la Iglesia, uno de los poderes fácticos de la época). Un cuadernillo interior contenía las letras de las canciones traducidas al sueco con ilustraciones del mismo Ortega y del artista vasco Agustín Ibarrola, que entonces estaba preso en España por su filiación comunista. En el texto de la contraportada se hablaba de las huelgas de mineros en Asturias en 1962, de las torturas del régimen y de las ejecuciones de Grimau, Delgado y Granados.

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‘A la huelga’

Otra pieza de Spanska motständs sänger que se convirtió en todo un clamor fue ‘A la huelga’. Planteaba una huelga general como única opción para derrocar el franquismo. Sin embargo, Franco se eternizaría en el poder sin que nadie le tosa. En 1974, tras la caída del régimen de Salazar en Portugal, sería el único dictador vivo en Europa. En septiembre de 1975, dos meses antes de morir a los 82 años, dictó sus últimas sentencias de muerte. Fueron contra cinco terroristas (tres del FRAP y dos de ETA).

Doce años después del fusilamiento de Grimau, la comunidad internacional se volvió a movilizar para impedir aquellas ejecuciones. Nuevamente el Vaticano, representado por el papa Pablo VI, también intentó mediar sin éxito. Desde Suecia, los activistas que en los años 60 habían boicoteado los viajes a España se ratificaron en su posición. La voz más crítica fue la del primer ministro, el socialdemócrata Olof Palme. Protagonizó una fotografía que sería portada de muchos diarios. Salía paseando por las calles de Estocolmo con una petaca y un cartel que decía ‘Por la libertad de los españoles’. “Este dinero –iba recordando– es para las familias de los represaliados por el fascismo español”.

En 1975, una vez muerto Franco, Suecia vio cómo se reeditaba el disco Spanska motständs sänger, esta vez ya con el nombre del autor –hasta entonces todo el mundo pensaba que eran composiciones populares. En 1977, los suecos ya pudieron poner cara a aquella voz que tanto habían escuchado. Fue gracias al documental Da gryr morgonens timme (Despunta el mañana), dedicado a los cantautores que habían formado parte de la lucha antifranquista. Estaba producido por la televisión pública sueca SVT bajo la dirección del exiliado aragonés Francisco Uriz. Al lado de Sánchez Ferlosio, de 35 años, aparecían también el vasco Mikel Labao, el aragonés Antonio Labordeta, el andaluz José Menese y el valenciano Raimon.

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Cuatro nombres falangistas

Sánchez Ferlosio no era un cantautor cualquiera. Era hijo de la italiana Liliana Ferlosio Vitali y de Rafael Sánchez Mazas (1894-1966), uno de los fundadores en 1933 de la Falange, coautor también del himno Cara al sol y artífice de la amenazante consigna ‘Arriba España’. En 1939, en los últimos meses de la Guerra Civil, el padre había sobrevivido milagrosamente a un fusilamiento, que en 2001 Javier Cercas novelaría en Soldados de Salamina.

Uno de los 'extras' de aquel documental fue el sollerense Ravi Bullock Mansilla, que entonces tenía tres años. “Yo nací en Ibiza. Soy hijo de una pareja de artistas ‘Mientras el cuerpo aguante’

Con la restauración de la democracia, Chicho continuó siendo un espíritu libre, irreverente y enemigo del concepto de ‘autor comercial’. Fumador empedernido, era un hombre alto, delgado, con gafas de pasta y un pelo largo que contrastaba con unas pronunciadas entradas en la frente. En 1980, a los 40 años, recaló en Mallorca con su segunda pareja, la también cantante madrileña Rosa Jiménez, veinte años más joven. Instalados en una casa de Sóller, se les solía ver en la plaza Mayor de Palma cantando juntos, guitarra en mano. Al año siguiente el cineasta Fernando Trueba se desplazó hasta la isla para hacer un documental en forma de entrevista al mítico ‘gall roig’. Se tituló Mientras el cuerpo aguante.

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Uno de los ‘extra’ de aquel documental fue el sollerense Ravi Bullock Mansilla, que entonces tenía tres años. “Yo nací en Ibiza. Soy hijo de una pareja de artistas hippies. Mi padre era irlandés y mi madre, de Barcelona. Me pusieron Ravi en recuerdo del gurú indio del sitar de los Beatles”. Muy pronto los padres de Bullock cambiaron la pitiusa mayor por Sóller, donde ya había una colonia de hippies. “Siempre les acompañaba a las fiestas que Chicho organizaba en su casa. Mi padre tocaba el clarinete. Había mucha gente y el humo lo inundaba todo. Chicho a menudo jugaba conmigo. Aunque yo era un niño, recuerdo que era una persona con un gran magnetismo y muy auténtico. Y me llamaba la atención que le faltaran tantos dientes. Ahora aquella casa acoge una inmobiliaria”.

Con los nuevos aires de libertad, el cantautor madrileño no dejó de componer canciones satíricas. También plasmó su mordacidad en numerosos artículos en la prensa. En 1999 se puso en la piel de un juglar de calle en el documental Buenaventura Durruti, anarquista, dirigido por Albert Boadela y Jean Louis Comolli. Las letras que cantó fueron compiladas con el título Romancero de Durruti. En 2019, el hermano de Fernando Trueba, David, le volvería a entrevistar para otro documental, Si me borrara el viento lo que yo canto. En 2003 el mismo Trueba haría que se interpretase a sí mismo en la adaptación cinematográfica de Soldados de Salamina. Entonces Chicho ya estaba muy enfermo de cáncer. Murió cuatro meses después del estreno, en Madrid. Tenía 62 años. Hoy su legado es reivindicado por su sobrino, el periodista Máximo Pradera. En 2024 las nuevas generaciones descubrirán la icónica canción Los dos gallos gracias a la película El 47.

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Digamos no

La canción protesta surgió en los años 60 cuando el tardofranquismo quiso ofrecer una imagen de tolerancia al exterior. Todos los artistas, sin embargo, debían pasar el filtro de la censura. Los hubo que sufrieron multas, cancelaciones de giras o el exilio. En castellano, Chicho Sánchez Ferlosio fue el cantautor más combativo. Otro fue el vasco Paco Ibáñez, que en 1969 versionó, estando en París, el poema A galopar, de Rafael Alberti. Hijo de represaliado, durante su exilio en Francia, Ibáñez se imbuyó de la canción protesta de autores como Georges Brassens y el argentino Atahualpa Yupanqui. Sería, sin embargo, en la escena catalana donde este movimiento musical tuvo más fuerza. Fue con artistas que, además de mostrarse disconformes con la dictadura, reivindicaron la lengua y la cultura propias.Dentro del estado español, el primer himno antifranquista se escribió precisamente en catalán. Se tituló Diguem no (1963). Su autor era el valenciano Ramon Pelegero Sanchis, más conocido como Raimon, que en 1959, a los 19 años, ya había escrito Al vent durante un viaje en la parte trasera de una Vespa en el trayecto entre Xàtiva, su pueblo, y Valencia, donde estudiaba la carrera de Historia. En un tono existencial, el viento se convertía en una metáfora de la necesidad de seguir adelante a pesar de las adversidades. Mucho más política fue Diguem no, todo un grito de revuelta, que, por imperativo de los órganos represores, se publicó con el título de Ahir, queriendo hacer entender que la letra hablaba del pasado y no del presente. La denuncia era clara: “Hem vist tancats / a la presó / homes plens de raó”. La versión censurada, sin embargo, fue otra: “Hem vist que han fet callar / molts homes plens de raó”.En 1966 Raimon daría el salto internacional actuando en el teatro Olympia de París. Por culpa de la censura, el de Xàtiva tuvo que grabar más de una canción en el país vecino. Fue el caso de Contra la por (1969). El franquismo consideraba que los españoles de bien no debían tener miedo y que, por tanto, los que lo tenían eran sospechosos. En 1970 el valenciano compuso De nit a casa, que retrata la angustia que sentían muchos activistas antifranquistas ante la posibilidad de que, de madrugada, como era habitual, la Policía fuera a buscarlos. A veces las detenciones podían acabar en tragedia, tal como cantó en 1968 la mallorquina Maria del Mar Bonet en Què volen aquesta gent? Se basaba en la historia real de Rafael Guijarro, un estudiante madrileño, de 23 años, militante del FAR. Había muerto después de que unos agentes, durante unos registros, lo lanzaran por una ventana de su casa. La canción fue de inmediato prohibida y, para poder burlar la censura, se tuvo que presentar bajo otros títulos: De matinada, A trenc d’alba... Igual de perseguida fue L’estaca, de Lluís Llach, compuesta también ese mismo 1968. L’estaca representaba la dictadura que solo podía ser derrocada desde la lucha conjunta. Tanto Raimon como Maria del Mar Bonet y Lluís Llach formaron parte del movimiento de la Nova Cançó, nacido en 1961.