Cancelado y lo sabes!

El memo recurrente de Julio Iglesias como macho que corría por los grupos de WhatsApp está oficialmente cancelado. La broma no era tal después de las acusaciones de dos de sus extrabajadoras, reveladas en una búsqueda periodística deeldiario.es y Univisión. La Fiscalía investigará la denuncia contra el cantante por agresión, acoso sexual y tráfico de personas. Los testimonios, leídos en contexto, remiten a un cacique de república bananera, más propio de sociedades esclavistas.

La derecha más rancia y un puñado de starlettes se han lanzado a defender al truhán y señor, como si su éxito le eximiera de poder comportarse como una persona repugnante. Los mismos que claman por la presunción de inocencia, desprecian la declaración de las víctimas. De entrada, el relato es consistente, coherente y habla de un sistema jerárquico mediante el cual mujeres también al servicio de Iglesias captaban las de estamentos más bajos para, en principio, limpiar y cocinar. El patrón se repite: debían ser jóvenes, guapas y mostrarse agradecidas por las promesas de unos lujos que, supuestamente, terminaban en múltiples formas de violencia y humillación.

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Los magazines televisivos metieron la nariz en la búsqueda periodística y sentaron Ana Obregón (siempre tiene una opinión incorrecta para todo) para defender al cantante con el argumento de que ella vivió dos años en su casa y la trató como una reina. Será que ella era una igual, amiga de la familia, ya la que el servicio atendía como en la cabeza. Privilegios. La revista de cabecera de esta gente, la¡Hola!, ya ha puesto en marcha el blanqueo del acusado con toda la redacción cursi y eufemística de la que es capaz. Pero faltaba Ramón Arcusa, miembro del Duo Dinámico, quien defendió al amigo con un argumento para la historia: "Si te violan y no denuncias al día siguiente, y te siguen violando durante meses, eso es ya una relación".

En casos como el de Obragón o Arcusa no hablamos de opiniones, sino de responsabilidad periodística y social. De mujeres que denuncian golpes, agresiones físicas y tener que "chuparle la perdiz y el ano al señor durante toda la noche" para aliviarle la ciática. Hablamos de controlar sus teléfonos, de no dejarlas salir de casa, de hacerles saber que estaban a sus órdenes por un sueldo miserable. Ni el artista español internacional ni nadie está por encima de la dignidad de estas trabajadoras. Y lo sabes, que diría Julio.