El 'boom' de las mascotas en Baleares: más animales, más veterinarios y menos hijos
El censo de animales de compañía crece un 16% en dos años hasta los 404.489 ejemplares, un hecho que los expertos atribuyen al coste de tener hijos, la precariedad y la necesidad de crear vínculos
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PalmaHace tiempo que los perros y los gatos dejaron de ser simples animales de compañía. Hoy forman parte de muchas familias, ocupan un lugar central en los hogares y, en numerosos casos, se convierten en los principales destinatarios de los cuidados y el afecto de los propietarios. Las Baleares son un buen ejemplo. El Archipiélago ya registra 404.489 animales de compañía, entre perros, gatos y otras especies, una cifra que supera ampliamente la población menor de 18 años, que se sitúa ligeramente por encima de las 200.000 personas. Es decir, hay prácticamente dos mascotas por cada menor de edad.
La tendencia continúa acelerándose. En solo dos años, el número de animales registrados ha aumentado un 16%, con 55.785 nuevas identificaciones, según los datos del Colegio Oficial de Veterinarios de las Islas Baleares. Paralelamente, también ha crecido el negocio alrededor de este fenómeno: los centros veterinarios han pasado de 186 a 196 en el mismo periodo, un incremento del 5,4%.
De los más de 404.000 animales registrados, 312.832 son perros, los cuales representan el 77,3% del censo, mientras que 89.808 son gatos (22,2%). El resto corresponde a hurones y otras especies. Solo entre julio de 2024 y julio de 2026 se identificaron cerca de 56.000 nuevos animales, una evolución que, según la presidenta del Colegio de Veterinarios de las Islas Baleares, Ana Sancha, responde tanto al aumento real de mascotas como a la obligación, vigente desde 2023, de identificar también a los gatos con microchip.
Animales contra la precariedad
Ahora bien, detrás de estas cifras hay una transformación social mucho más profunda. El sociólogo y profesor de la UIB, David Abril, considera que el aumento de mascotas está estrechamente relacionado con las dificultades materiales que afrontan las nuevas generaciones. "Es muy caro tener un hijo. Si la edad de emancipación ya se sitúa en los treinta y tantos, imagínate plantearte tener uno. Es mucho más barato tener un animal que un niño", resume.
Abril habla también desde la experiencia personal. Tiene tres hijos y cuatro perros, pero defiende que cada vez más personas llegan primero a la mascota que a la maternidad o la paternidad, porque es la opción que pueden asumir económicamente. Mantener un perro, explica, cuesta una decena de euros semanales en pienso y unos cuantos euros más en golosinas, un gasto incomparablemente inferior al gasto que implica criar a un niño. La vivienda, la precariedad laboral y el retraso en la emancipación configuran un escenario en el que muchos jóvenes posponen indefinidamente la decisión de tener descendencia. "La gente joven, por una cuestión de materialidad, tiene animales, porque es lo que se puede permitir", afirma.
Pero las explicaciones van más allá de la economía. El sociólogo sostiene que la sociedad actual es cada vez más individualista y que los vínculos personales también se han debilitado. En este contexto, las mascotas cubren una necesidad emocional. "Somos seres sociales y estamos programados para cuidar. Cuando esta necesidad no se dirige a los hijos o a otras relaciones, un animal llena este vacío", explica.
Son de la familia
Este cambio también se ha traducido en una manera diferente de entender la relación con las mascotas. Si hace unas décadas muchos perros vivían en el patio o cumplían funciones de vigilancia, hoy ocupan un lugar central dentro de muchos hogares. Cada vez hay más propietarios que los consideran un miembro más de la familia y los cuidan con una dedicación que a menudo recuerda a la que tradicionalmente se asociaba a los hijos: les contratan seguros de salud, adaptan las vacaciones a sus necesidades, celebran sus cumpleaños o no dudan en asumir gastos veterinarios importantes. Esta humanización de los animales también explica el aumento del gasto que muchas familias les destinan. Abril considera que este fenómeno responde, en parte, a los vacíos emocionales que deja el modelo social actual. "Las mascotas son una especie de placebo", resume.
La transformación también se refleja en el sector veterinario. Actualmente, Baleares dispone de 196 centros veterinarios, 10 más que hace dos años. Aun así, el crecimiento es muy inferior al del número de mascotas, hecho que ya provoca tensiones en el sector. Según Ana Sancha, el principal problema no es la falta de clientes, sino la falta de profesionales. Aunque España es uno de los países europeos con más facultades de Veterinaria (la UIB no tiene), cuesta encontrar especialistas, especialmente en clínica y veterinaria de campo. En Baleares, esta dificultad todavía es mayor debido a la insularidad, el coste de la vida y unos salarios que, asegura, siguen siendo bajos dentro de una profesión sanitaria. Muchos profesionales formados en las Islas acaban marchándose para encontrar mejores oportunidades laborales.
Actualmente, 584 veterinarios trabajan por cuenta ajena, mientras que 204 ejercen como autónomos. Más de la mitad de los profesionales, el 58%, se dedica a los animales de compañía, una cifra muy por encima de la de quienes trabajan con animales de producción o especies exóticas.
Más seguros
El aumento del número de mascotas también impulsa nuevos servicios. Los seguros de salud para animales, prácticamente inexistentes hace unos años, despiertan cada vez más interés entre los propietarios. Sancha explica que muchas personas ya buscan pólizas que cubran tanto la responsabilidad civil como los gastos veterinarios, una tendencia que previsiblemente se intensificará con los cambios normativos. A pesar de la percepción de que llevar a un animal al veterinario es caro, la presidenta del Colegio defiende que los precios no han aumentado de manera significativa y que continúan muy por debajo de los que se pagan en países como el Reino Unido.
Para Abril, sin embargo, el incremento de animales domésticos tiene una cara menos amable. El aumento de mascotas convive con los abandonos. "Como antes te cansabas de la novia o el novio, ahora te cansas del perro. Lo compras porque mola, para hacer cuatro fotos, y después lo abandonas", lamenta.
Los datos muestran que las Baleares tienen cada vez más mascotas, pero también dibujan una sociedad que cambia. El encarecimiento de la vivienda, la dificultad para emanciparse, la baja natalidad y la necesidad de crear vínculos explican en buena parte por qué los perros y los gatos ocupan hoy un espacio que va mucho más allá del de un simple animal de compañía. Para muchas personas, se han convertido en un miembro más de la familia y en el reflejo de una nueva manera de entender los cuidados, la convivencia y los afectos.