La Autoridad Portuaria expulsa de delante al Auditorium a las empresas de 'party boat' como la Barca Samba
El nuevo pliego de condiciones para la gestión de los amarres en uno de los lugares más privilegiados del puerto de Palma deja fuera cualquier embarcación que lleve música y que haga ruido
PalmaLas embarcaciones que ofrecen música y fiestas para turistas no podrán operar en la tradicional base en el puerto de Palma, frente al Auditorium. El pliego de condiciones de la licitación que ha abierto la Autoridad Portuaria de Baleares (APB) para este espacio prohíbe cualquier actividad que incluya "fiestas o bailes a bordo, con música producida con medios mecánicos o electrónicos, o mediante la actuación en directo de un músico o músicos". Tampoco se permiten "actividades, eventos, fiestas o bailes a bordo que, por sus características, resulten molestos, nocivos, insalubres o peligrosos, o que alteren de forma significativa la tranquilidad, el descanso o la seguridad de los usuarios y de la población de la ciudad de Palma o del puerto de Palma", enumera la convocatoria.
De esta manera, empresas como la conocida Barca Samba, famosa por sus excursiones por la bahía de Palma y que acumulaba quejas de vecinos, ya no podrán amarrar frente al Auditorium, en el lugar donde suelen apoyar las embarcaciones destinadas a las actividades lúdicas y al paseo de locales y turistas. Desde hace años, vecinos de Palma, especialmente del barrio de Son Armadans y de la zona del paseo Marítim, han denunciado reiteradamente ruido, música fuerte y molestias provenientes de embarcaciones festivas que salían desde el puerto de Palma y quedaban cerca de la costa, con altavoces y música a todo volumen hasta altas horas de la noche. En algunas ocasiones, los residentes llegaron a compartir en las redes sociales testimonios de cómo el impacto de estas actividades afectaba a su tranquilidad y el descanso nocturno.
El empresario propietario de la barca Samba es precisamente qui gestionó buena parte de los lugares del mercadillo navideño de la Feixina. Él solo va gestionar 45 de los 60 puestos del mercadillo, que se presentó como una iniciativa para promover el comercio de proximidad y tradicional. En cambio, esta actividad también recibió las críticas de los vecinos de la zona, al no representar la artesanía local ni los productos de la tierra, sino que se trataba de un conjunto de propuestas propias del norte de Europa donde se estilan este tipo de montajes. Este empresario deberá dejar de operar ante el Auditorium a causa de este cambio de condiciones.
Clima de malestar en el paseo Marítimo
El clima de quejas vecinales y de malestar público llevó al Ayuntamiento de Palma y la APB a incluir en la reordenación del puerto una prohibición explícita de las party boats, consideradas como parte del problema del ruido y de la alteración del espacio urbano y marítimo. Con la reordenación integral del puerto de Palma, la APB ha decidido dejar fuera cualquier posibilidad de amarre de estas embarcaciones frente al Auditorium y limita su operativa.
La nueva concesión de gestión de los amarres para embarcaciones en los muelles de tráfico local del puerto de Palma es clave para ordenar la actividad de pasajeros y excursiones marítimas dentro de este espacio integrado. A diferencia de lo que ocurría, el pliego de condiciones introduce criterios de convivencia urbana y de sostenibilidad, como la prohibición explícita de permitir el amarre y las operaciones de embarque y desembarque de barcos incluidos en el registro turístico del Consell de Mallorca y que organicen fiestas, música y actividades que molestan, nocivas y que alteren de forma significativa la tranquila. Esto incluye la reproducción de música y las actuaciones en directo, además de cualquier actividad que pueda comprometer la seguridad y salud de los usuarios y vecinos del puerto y la ciudad. Esta medida responde a la voluntad expresa de garantizar un uso compatible con la vida urbana y la integración del puerto con el entorno ciudadano.
Una inversión de 220 millones
El proyecto global de reordenación supone una inversión estimada de 220 a 240 millones de euros y afectará a unos 400.000 metros cuadrados de superficie. Se prevé que se desarrollará entre 2026 y 2035 y prevé, entre otros aspectos, la integración paisajística, la recuperación de espacios públicos y una nueva estructura de usos y movilidad que conecte el frente marítimo con la vida diaria de Palma.
El objetivo, según ha defendido el presidente de la APB, es que el puerto deje de ser percibido como una infraestructura estrictamente industrial y de tráfico marítimo, y pase a formar parte del espacio cotidiano de la ciudad, con espacios verdes, zonas de paseo y actividades sociales y culturales más allá de la simple funcionalidad portuaria.
La transformación prevista en el puerto no está exenta de debate público. Entidades sociales y actores del sector náutico han expresado preocupaciones sobre cómo se llevará a cabo este plan y qué usos tendrán que prevalecer, y han puesto sobre la mesa la necesidad de conciliar competitividad económica y calidad de vida urbana. La reordenación de los amarres y la regulación de las actividades marítimas turísticas forman parte de un marco estratégico más amplio que busca consolidar el puerto como motor económico, pero también como espacio cívico integrado en Palma y su fachada litoral.