Sí hay una invasión... de racismo

Un grupo de migrantes siguen desde el público un debate parlamentario lleno de acusaciones, exageraciones y discursos de odio sobre la regularización

La diputada de extrema derecha clama contra la inmigración en el Parlamento ante un grupo de inmigrantes.
06/03/2026
4 min

Palma"Violaciones a muñecas y mujeres", "terrorismo yihadista en las calles de toda Europa", "agresiones salvajes con arma blanca que provocan amputaciones", colapso de los servicios públicos, "empobrecimiento cultural en las escuelas", "imposición de culturas"... Este fue el repertorio de acusaciones que hubieron de escuchar a los Parlamentos. La portavoz de Vox, Manuela Cañadas, se llevó el premio al discurso más racista, rodeada por el silencio y con la sonrisa socarrona del presidente de la Cámara, Gabriel Le Senne, que no intervino para frenar la deriva del debate.

El PP presentó una de estas iniciativas que no tienen ninguna incidencia ni se traducen en ninguna medida efectiva. De éstas que terminan con una fórmula tan obtusa como inútil: "El Parlamento de las Islas Baleares insta al gobierno de España a renunciar a la regularización masiva ya adoptar un cambio drástico en la política migratoria", era uno de los puntos de la Proposición No de Ley (PNL) que la derecha y la extrema derecha salieron adelante el pasado martes. Muy bien. Instat queda el gobierno español.

La diputada del PP que defendió la iniciativa, Cristina Gil, aseguró una y otra vez que las propuestas de política migratoria del PP y de Vox no son lo mismo. Y tiene razón. Los populares prefieren un sutil discurso, con buenas palabras y apelaciones a la responsabilidad. No están acostumbrados a lanzar mensajes duros sobre la inconveniencia de recibir a migrantes y se nota: están inseguros, no tienen práctica y su oratoria destila timidez, por mucho que apunten al mismo lugar que los racistas de manual. Ahora bien, si los populares han decidido que la xenofobia es el camino, tendrán que espabilar, porque la extrema derecha les lleva una gran ventaja y quizá las urnas tengan en cuenta la experiencia y la tradición al respecto.

En cambio, Vox carga con todo su arsenal, sin miedo a mentir, sin vergüenza de odiar de una forma tan dura de sentir para cualquier ciudadano que conserve cierta esperanza en el valor de los derechos humanos. Los políticos suelen decir –una de esas cosas que les encanta repetir hasta el infinito– que una mentira repetida mil veces no se convierte en verdad. Esto podría adaptarse a la señora Cañadas y se le podría recordar que una mentira abucheada mil veces tampoco se convierte en verdad. Sólo sirve para provocar molestias a los tímpanos de los oyentes.

Los migrantes acudieron al pleno a instancias del PSIB, a quien algunos podrían acusar de instrumentalizarlos. "Estos son los que desea expulsar", le dijo el portavoz de los socialistas, Iago Negueruela, a Cristina Gil, antes de que la popular empezara su iniciativa. "Pero qué poca clase tienes", le replicó ella. Cañadas no se conformó con acusar a los inmigrantes de crímenes terroríficos, sino que señaló a la izquierda como cómplice. En este punto, los portavoces de las formaciones afectadas reclamaron el uso de la palabra y el portavoz de MÉS por Mallorca, Lluís Apesteguia, reclamó a Le Senne que las acusaciones no constaran en el diario de sesiones. "Es una cuestión política, al igual que cuando ustedes nos dicen a nosotros fascistas. En este parlamento, mientras yo sea presidente, la libertad de expresión tiene la amplitud que yo creo que debe tener", dijo, demostrando su aprecio por el pronombre 'yo'. De sus palabras se pueden extraer dos conclusiones: la primera, que el próximo diario de sesiones incluirá las acusaciones de cómplices de violaciones, asesinatos y puñaladas que hizo Cañadas en los partidos de la izquierda; la segunda, que, más allá de los juristas, pensadores y filósofos, Le Senne es el encargado de repartir los carnets para gozar de la libertad de expresión.

Otra discusión fue por el tiempo de las intervenciones. Cañadas pasó más de un minuto y Negueruela reclamó el mismo tiempo. "Fueron 6,19 minutos", decía la socialista y miembro de la Mesa Mercedes Garrido, que intentaba que no le quitaran ni un segundo al portavoz de su partido. "Sois pesados...", dijo Le Senne con parsimonia, sin disimular que estaba harto.

El presidente del Parlamento, Gabriel Le Senne.

La gran sustitución

De lo que no está harto el presidente del Parlament es aprovechar conmemoraciones como el Día de las Illes Balears para defender su particular visión del mundo, una manera de hacer que no encaja con representar una institución de todos los ciudadanos. Además de cuestionar el modelo autonómico, gracias al que ingresa una nómina generosa cada mes, Le Senne esgrimió por enésima vez la teoría de la gran sustitución.

Entre que los pobres e indeseables internacionales tienen el capricho de venir a Baleares y que los isleños ya no nos reproducimos como conejos, el panorama es desolador para nuestro presidente de extrema derecha. "¡Los nacimientos se han reducido un tercio en 50 años!", exclamó y calificó de "fracaso" esta merma. Quizás no recordaba que el fracaso es que la sociedad en estos momentos no ofrece unos mínimos para criar a niños. Hay gente cuya máxima preocupación es saber dónde podrá dormir por las noches. "Al tiempo que los españoles dejamos de reproducirnos, llegamos al máximo histórico de nacimientos con padres inmigrantes", continuó. No es sólo que tengan la osadía de venir, ¡es que también tienen hijos! "A ese ritmo, dentro de pocas décadas no quedará casi nada de la gente que habitó estas islas": en este punto debemos otorgarle parte de razón, porque seremos muertos –algunos, por culpa de tantos disgustos.

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