Hay que recuperar el centro de Palma para los ciudadanos
Como cada año, pasear por el centro de Palma es un gozo el Día de Sant Jordi. Ya no solo para ver una multitud buscando un libro y regalando rosas y amor por la cultura, sino también porque los habitantes ocupan lo que un tiempo fue su espacio público. La plaza Mayor, Cort y la Rambla, en el caso de Palma, recuperan por un día a los palmesanos –y a los isleños en general–, los que viven en la ciudad, y que la masificación turística ha echado a patadas.
No deja de ser triste que ya solo cuando hay una manifestación, o una fiesta cultural como es Sant Jordi, los ciudadanos puedan disfrutar de encontrarse como en casa cuando pasean por lo que un día fue su ciudad. Hoy, entre los negocios turistizados, franquiciados, las heladerías que escupen vapor de agua, las terrazas llenas de cartas en inglés y alemán y donde es imposible encontrar un plato local, y la marabunta de personas que hasta dificultan caminar, no es extraño que el ciudadano haya abandonado el centro.
No hay nada más triste que sentir que has perdido tu ciudad. Que ha sido conquistada de una manera tan abusiva que ya es idéntica al resto de capitales turistizadas, con los mismos negocios donde, en el caso como el nuestro de tener cultura propia, te miran con cara extraña en el mejor de los casos si hablas en la lengua de la tierra.
Y esto provoca un sentimiento de pesimismo y de ahogo que ningún ciudadano merece, y que los poderes públicos deben combatir activamente. Una ciudad sin ciudadanos, solo con personas con el móvil en la mano que hacen fotos compulsivamente, y que relega a los locales a la periferia, es un fracaso. Corresponde a las autoridades tomar medidas y a los locales habitar más los centros de pueblos y ciudades. No rendirse.