No debería sorprender a nadie que el partido que acumula más crisis internas en Baleares desde principios de legislatura (entre escisiones, acusaciones cruzadas y votos particulares) esté pasando ahora su propio calvario en el ámbito estatal. Conste que no uso esta expresión tan pascual y tan cristiana porque sí: lo que está viviendo Vox estas semanas es el estallido de una escalada que su tradición (sic) democrática (sic) ha precipitado desde que empezaron a torpedear el mapa de partidos español. ¿Quién podía imaginar que una fuerza tan abierta a la reflexión, tan amiga de las complejidades, tan amante de las libertades individuales y del diálogo acabaría haciendo agua por todos los lados? ¿Quién habría dicho que el partido de las pulseritas con la bandera del Imperio y los 'fachalecos' (quizás en castellano podríamos decir 'fatxapits'…) acabaría teniendo problemas internos graves por falta de debate y de consenso?Los resultados electorales en las últimas elecciones en Aragón, Castilla y León y Extremadura podrían hacer pensar que el partido se encuentra en plena forma, pero su realidad interna es muy diferente. Mientras las respectivas formaciones autonómicas se esfuerzan por condicionar o por entrar en estos gobiernos, parece que numerosos militantes y fundadores de la formación de extrema derecha estarían intentando forzar un congreso extraordinario para poner fin al liderazgo de Santiago Abascal (aquel señor que hace décadas que denuncia los vicios de la casta política sin haber trabajado nunca en nada más, sí, el hombre con pelo en el pecho que se saltó la mili), mientras que, en paralelo, la Justicia investiga a dos altos cargos del partido acusados de revelación de secretos.En las Islas, mientras tanto, el PSIB hace pocos días hacía un enésimo intento por echar a Gabriel Le Senne del cargo de Presidente del Parlament, del cual no ha sido digno desde que el PP se lo otorgó. Lo acusaban, de hecho, de ser como su partido: contrario a la pluralidad y a la neutralidad que deberían marcar el ejercicio de este cargo y cómplice, al fin y al cabo, de extender y legitimar los discursos y valores que permiten agresiones homófobas como la que hace unos días sufría un docente del IES Baltasar Porcel de Andratx (una agresión que el Parlament ha condenado en pleno, sin el voto de Vox). El PP, sin embargo, ha preferido ignorar el ofrecimiento de los socialistas y mantener en el cargo a aquel que destrozó el retrato de Aurora Picornell, una mujer encarcelada, torturada y asesinada por los partidarios de una dictadura que ni el PP ni Vox han condenado jamás.Hace unos años, a raíz de una decepción personal, una buena amiga me dijo que a veces hay personas que según cómo también son pulgas, y que las pulgas, ya se sabe… Las pulgas pican. Así, no es ninguna sorpresa que el partido que ha sembrado la discordia y la intolerancia, aquellos que han agriado el debate político incluso antes de tener representación en ningún parlamento, ahora beban su propia medicina y se ataquen entre ellos. Si no fuera por el patetismo, daría gusto de mirar incluso.