Thomas Jefferson
Este 4 de julio se cumplen 250 años de la Declaración de Independencia de los EE. UU., pero también se cumplen 200 años de la muerte de Thomas Jefferson (1743-1826), redactor de la Declaración y uno de los personajes más importantes, admirados y controvertidos de toda esta historia.En 1776, Jefferson era un joven abogado que había sido nombrado uno de los delegados por Virginia. Pero era, sobre todo, un terrateniente, poseedor, además, de numerosos esclavos, a pesar de que él a menudo manifestó una opinión no muy favorable hacia esta institución. En todo caso, su visión política estuvo siempre marcada por una idea de comunidad vinculada a la tierra y al cultivo por parte de los propietarios, y por oponerse a la deriva mercantilista que se imponía a finales del siglo XVIII.En sus Notas sobre el Estado de Virginia, escritas entre 1781 y 1782, Jefferson elogia a los campesinos que trabajan sin depender de ningún amo, porque, sostenía, difícilmente serán tentados por la corrupción. Esta lacra, creía él, es mucho más común entre la gente que depende de otras personas: de los clientes que le compran los productos o del patrón que le paga un salario. Por eso, la forma de estado ideal para el nuevo país que nacía debía ser la de una república agraria formada por propietarios que no dependían de nadie. Estaba convencido de que era mejor importar de Europa aquello que se necesitaba antes que construir fábricas, porque nada llevaba más pronto a la degeneración que la proliferación de ciudades con industrias e inmensas zonas residenciales.Para Jefferson, la figura del agricultor propietario era la mayor representación de un ciudadano virtuoso, porque quien no es económicamente independiente, tampoco lo será políticamente. A pesar de lo que pueda parecer, Jefferson no era un retrógrado ni un fanático ultraconservador, sino un humanista erudito, un polímata que destacó como inventor, músico, filósofo, arqueólogo y arquitecto. Era también un buen conocedor de Europa y entre 1786 y 1789 vivió en París como ministro representante de los EUA en Francia, motivo por el cual no pudo intervenir en la redacción de la Constitución de 1787.A pesar de todo, no se ocultó de criticar una constitución que consideraba demasiado centralista y favorable a un contexto más urbano e industrial. Uno de los aspectos controvertidos del texto, que nos ayuda a entender el talante de Jefferson, era el reforzamiento del poder militar del nuevo estado federal, motivado en parte como respuesta a una violenta revuelta de campesinos en Massachusetts que no podían hacer frente a las deudas e impuestos. A contracorriente de la mayoría, Jefferson se posicionó a favor de los campesinos y de su derecho a rebelarse: “El árbol de la libertad de vez en cuando necesita ser regado con la sangre de patriotas y tiranos. Es el abono natural”, escribió en una carta en 1787.Pero la inmensidad del personaje no lo protegía de contradicciones. Entre 1801 y 1809 fue presidente de los EE. UU., impulsó su expansión territorial con la compra de Luisiana y fue precursor de lo que después sería la doctrina Monroe. Pero, una vez dejó la presidencia, fundó la Universidad de Virginia, cuyo proyecto arquitectónico redactó.Jefferson forma parte de la fundación mítica de los EUA y es, él mismo, casi un mito. Lo acreditó J. F. Kennedy cuando, en 1962, en una cena en la Casa Blanca con medio centenar de premios Nobel, afirmó con sorna que nunca había habido allí juntos tanto talento y saber humano, excepto cuando Thomas Jefferson cenaba solo.